Qué es soberanía

Soberanía: entre el papel y los misiles

Por El Armadillo

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19 de marzo de 2026

Según el derecho internacional, todos los Estados son soberanos e iguales. Pero las tensiones geopolíticas actuales, marcadas por las decisiones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, muestran que entre el principio jurídico y la capacidad real de defenderlo existe una brecha marcada por profundas asimetrías de poder.


Emmanuel Macron estaba de pie, sobre un escenario blanco. En el fondo, Le Temeraire, un submarino nuclear de misiles balísticos. Ese 2 de marzo, rodeado de militares en una base naval de máxima seguridad, anunció que el país que gobierna aumentará su número de cabezas nucleares. “Para ser libre en este mundo, hay que ser temido. Para ser temido, hay que ser poderoso”, dijo con la bandera de Francia enmarcando su cabeza.

Dos meses atrás, el presidente Gustavo Petro decía durante una ceremonia de ascenso de subtenientes en Bogotá que “Colombia no se deja amenazar”. No lo respaldaba un submarino ni armas nucleares. Aunque lo acompañaban militares, su advertencia fue otra: “El que pase de la amenaza a la acción solo despertará el jaguar americano que está dormido en el corazón del pueblo”.

Las intervenciones de ambos presidentes coinciden en que hacen parte de la respuesta internacional ante las movidas de Donald Trump en el tablero geopolítico: primero los ataques en Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro; después, los bombardeos en Irán, donde fue asesinado el líder supremo de un régimen de cuatro décadas, Alí Jamenei.

En lo que no coinciden es en que más allá del discurso, la posibilidad real de defensa de los países revela una asimetría que pone en tensión el concepto de soberanía. 

“La definición clásica, en muchos aspectos, se quedó en el papel y no está demostrando su funcionalidad sobre un territorio o una población. Hoy la soberanía está dada bajo la lógica de la ley del más fuerte, por el control de un arma nuclear. El que la tenga se salva”, dice Néstor Julián Restrepo, coordinador de la Maestría en Comunicación Política de la Universidad Eafit. 

(Lee: Régimen no es igual a dictadura, aunque los medios lo sugieran)

Soberanía de ficción y de facto

El Diccionario panhispánico del español jurídico de la Real Academia Española define la soberanía, con base en el filósofo inglés Thomas Hobbes, como “un poder supremo, total, ilimitado, perpetuo e indivisible, justificado porque, considerando la inclinación antisocial de los hombres, el mantenimiento de la paz, la confianza mutua y los pactos solo son posibles si los gobiernos fuertes los imponen”.

Sergio Chaparro es economista, filósofo y coordinador internacional en DeJusticia. Propone dos distinciones del concepto de soberanía que aterrizan su definición en el contexto actual. La primera hace referencia a la noción reconocida por el derecho internacional: la capacidad de un Estado de determinar las reglas aplicables dentro de su territorio sin interferencias externas.

Esa soberanía aparece en los principios de la Carta de las Naciones Unidas: “La organización está basada en el principio de la igualdad soberana de todos sus miembros”. Sin embargo, según Chaparro, se trata de una “ficción jurídica” que aparece en las constituciones, pero no define la capacidad real de autodeterminación de una nación.

Ante esa ficción aparece entonces la segunda definición de soberanía, que tiene que ver con el poder fáctico y tangible de un Estado de no recibir imposiciones externas y de no estar sujeto a las reglas y voluntades de otros, más allá de lo que digan sus leyes. 

“Una cosa es la soberanía de papel y otra es la de facto, la posibilidad real de tomar las decisiones que consideran más convenientes para sus pueblos, y el grado real de libertad que tienen para hacerlo. Ahí las asimetrías de poder aniquilan la soberanía, porque si un Estado, por más que tenga la facultad de darse sus propias normas, queda totalmente subordinado a los intereses geopolíticos, en la práctica no es soberano”, explica Chaparro.

El poder pone las reglas

Las búsquedas en Google de la palabra “soberanía” en Colombia se dispararon en la semana del 4 al 10 de enero, después de la intervención militar que realizó el gobierno de los Estados Unidos en Caracas. Los medios de comunicación registraron los llamados de Petro y otros líderes mundiales, como el Papa León XIV, a la defensa de la soberanía de Venezuela.

“La soberanía es cuando un pueblo puede decidir incluso tener o no tener un problema. La dictadura de Maduro era un tema venezolano, no norteamericano. Nadie debió invadir a Venezuela para decirle: le voy a poner a este o a este otro; lo mismo que está pasando en este momento en Irán”, afirma el profesor Néstor Julián Restrepo.

También quedaron registrados los videos de las marchas que venezolanos realizaron en distintas ciudades, celebrando la caída de Maduro. En X se desató una discusión sobre quiénes podían opinar sobre la intervención de Trump. La frase “si no eres venezolano, cállate” apareció en los discursos como respuesta a la oleada de publicaciones de quienes apoyaban o rechazaban los ataques estadounidenses.

“El ejemplo de Venezuela pone en tensión una noción relacionada con la soberanía democrática, que habla de que el poder último está en el pueblo que elige a unos representantes para defender sus intereses. Entonces hay quienes dicen que realmente Maduro no era el presidente legítimamente electo y por lo tanto no se estaba respetando la soberanía en el sentido democrático del término”, explica Sergio Chaparro.

La reelección de Nicolás Maduro en 2024 estuvo rodeada de cuestionamientos por un posible fraude. De ahí las voces que apoyaban la intervención de Estados Unidos al afirmar que, si el presidente no era legítimo, no había un ejercicio de la soberanía por parte del pueblo venezolano.

“Por eso uno ve que incluso dentro de la propia Venezuela hay voces que justificaban esta intervención, en la medida en que no había una democracia legítima y se hizo para restablecer la soberanía del pueblo”, agrega Chaparro.

Este escenario abre la pregunta por los límites de la soberanía y por la posibilidad de justificar intervenciones militares según la legitimidad de un gobierno. El mismo día de los ataques en Venezuela, Trump dijo que Petro era un narcotraficante y que debía “cuidar su trasero”.

Incluso desde Colombia, sectores de oposición invitaron a Trump a intervenir. La representante a la cámara de Cambio Radical, Lina Garrido, escribió: “Bienvenido a #Colombia Presidente @POTUS. Con gran anhelo el pueblo colombiano lo espera. No tarde tanto por favor”. 

“Se ve un oportunismo en el uso del concepto en medio de la confusión sobre sus significados por parte de actores políticos, los medios y quienes despliegan también ciertas narrativas con las que quieren reafirmar sus puntos”, afirma Chaparro, el investigador de DeJusticia. 

En la mesa de Blu Radio, el 3 de diciembre de 2025, el tema de discusión fue la posible invasión de Estados Unidos a Venezuela. Nestor Morales le preguntó a Felipe Zuleta: “¿Usted se imagina lo que sería un operativo militar a cinco meses y medio de las elecciones presidenciales en Colombia?” La consecuencia de esa intervención, de acuerdo con Morales, sería que se dispararía el nacionalismo en Colombia y la intención de voto por Iván Cépeda. 

Zuleta empezó diciendo que no estaba convencido de ese análisis, y sumó que no creía que los colombianos estuvieran en desacuerdo con que “bombardeen aquí a los narcotraficantes”. Morales insistió: “¿Usted está diciéndome que apoyaría una intervención militar de Estados Unidos en Colombia?”. “Totalmente”, le respondió el periodista.

En El Colombiano, la preocupación por la soberanía alcanzó uno de sus titulares en julio de 2025, cuando Colombia firmó la creación de una «Zona Económica Especial Binacional» con Venezuela. En esa nota deja clara una postura editorial centrada en la inquietud por una supuesta pérdida de soberanía por cuenta de ese acuerdo. La palabra aparece seis veces, acompañada de expresiones como “entrega”, “contra”, “crítica” o “perder”. 

Ese entusiasmo por el uso del concepto de soberanía, sin embargo, se diluyó en los meses siguientes. Cuando Trump dijo que Petro debía cuidarse, después de la intervención en Venezuela, El Colombiano publicó una nota en la que la palabra aparece una sola vez y lo hace en una cita directa de Petro. Dos días después publicó un artículo sobre “las veces en que Trump ha cumplido sus amenazas contra Petro”, en el que “soberanía” también aparece de forma marginal, dos veces, en los últimos párrafos. 

Finalmente, el 11 de enero de 2026, un editorial de ese medio sentó postura frente a las afirmaciones de Petro en relación con una posible violación a la soberanía de Colombia. Las calificó como “paranoia” diciendo, además, que las amenazas de Trump “bien pueden asustar a quien ya está montado en su película de guerra”.

“Por las discusiones que ha abierto Trump, nos estamos moviendo hacia un mundo donde son los más poderosos los que mandan. No hay garantía de que las reglas internacionales que los mismos estados han acordado se van a respetar, entonces hay soberanía hasta que a Estados Unidos le da por enviarte un portaviones”, finaliza Chaparro.

En el papel, todos los países son soberanos; en la práctica, algunos pueden defender esa autonomía con más fuerza que otros. Por eso, cuando la palabra aparece en discursos políticos, titulares o debates en redes sociales, no solo describe un principio jurídico: también revela las tensiones, los intereses y las desigualdades que organizan el mundo y proyectan las apuestas editoriales y políticas de los medios.

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