Parque Primavera Norte

Primavera Norte y las contradicciones de crecer en espacio público

Por Juan David López Morales

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15 de julio de 2026

Para muchos habitantes de la comuna 2, la de más densidad poblacional en Medellín, la construcción del proyecto que continúa Parques del Río en el norte de la ciudad amenaza con expandir la turistificación hacia esa zona. Los liderazgos de la comuna han experimentado barreras para hacerle control social a las obras y tienen dudas sobre los impactos que tendrán cuando queden listas en 2027.


Luz Arelis Rueda vivía en el barrio La Rosa, de la comuna 2. Ya no. Aunque la casa que dejó es suya, llevaba más de 40 años en la zona y ejercía el liderazgo comunitario, este año decidió irse: “Allá no hay la tranquilidad que yo necesito y que mi familia necesita”, cuenta en una llamada telefónica. El entorno, muy cerca de la avenida Carabobo, no era favorable para que su hija pudiera teletrabajar. 

El ruido no es un problema exclusivo de la comuna 2, Santa Cruz, pero se intensifica cuando más gente vive en menos espacio. La 2 es la comuna más densamente poblada de Medellín (según datos de la Secretaría de Salud de 2023) y, también, la de menos espacio público. Por eso, unos metros al norte de La Rosa comenzó en diciembre de 2025 la construcción de un parque que promete reducir ese déficit y aumentar la oferta pública para los habitantes del norte de la ciudad. 

Hace cuatro años, cuando Luz Arelis comenzó a hacerle veeduría al proyecto, se llamaba Parques del Río Norte; pero a mediados de 2025 la alcaldía de Federico Gutiérrez le cambió el nombre a Parque Primavera Norte: “El más espectacular que tendrá Medellín para toda esta comunidad”, dijo en ese momento el alcalde.

Al 6 de junio de 2026, Primavera Norte estaba en un 28 % de avance y su construcción parecía avanzar sin inconvenientes. Las proyecciones oficiales dicen que estará listo el 12 de abril de 2027, cuando quedará pendiente que cada dependencia del distrito dote los espacios de los que quedará a cargo. El proyecto no atraviesa dificultades contractuales o escándalos de corrupción. Sin embargo, o tal vez por esa razón, en parte de la comunidad impactada todavía deja dudas sobre cómo tomaron algunas decisiones de diseño y respecto a los efectos que tendrá en problemas como la vivienda, el costo de vida y la convivencia.

Obras del Parque Primavera Norte a la altura de la estación Acevedo del metro. Foto: EDU.

Un pájaro y un malecón

“La gente del norte no es la gente de Conquistadores”, dice Mery Jaramillo, líder comunitaria hace 21 años de El Sinaí, un barrio en el costado oriental de la estación Tricentenario del metro y que, al mismo tiempo, es vecino del parque Primavera Norte, de la avenida Carabobo y del río (con todo lo que eso implica). 

Desde un salón comunitario caluroso al que cada vez le da menos sol debido a los cuartos y quintos pisos construidos sin licencias alrededor, y que opera como sede de eventos de todo tipo, Mery recuerda que la de El Sinaí es una historia de advertencias. Desde que vive allí les han dicho que en algún momento tendrán que irse porque su cercanía al río hace imposible cualquier legalización. Esa proximidad se ha incrementado tanto que algunos pisos de las casas ya se asoman sobre el borde del río como balcones y los vecinos lo llaman el “malecón” de El Sinaí.

En la pandemia, dice Mery, los habitantes del barrio decidieron no dejarse contar por la administración del entonces alcalde Daniel Quintero, que decidió cercar y militarizar el barrio con la excusa de un brote de coronavirus. Y cuando no es la tensión con la Alcaldía, es la creciente del río, que en temporadas de lluvias muy extremas puede acercarse al caudal del río Cauca. Aunque Mery dice que gracias a las acciones de los mismos vecinos, cada vez se les entra menos el agua.

La historia de las advertencias a El Sinaí ha sido también, al menos en las últimas dos décadas, la de la planeación del norte de la ciudad. En 2011 se publicó el Plan Director BIO 2030, un documento de planeación metropolitana de largo plazo. Allí, entre los escenarios de intervención del río, se planteó un “paseo metropolitano” entre Moravia y el sur de Bello: “Se presta para ser un lugar de concentración de actividades y de funciones públicas y privadas de soporte a los barrios de bajos recursos ubicados en el sector. Esto, para compensar la deuda social acumulada durante décadas y para reconfigurar y dignificar un área urbana que presenta alto deterioro físico y social”. 

Luego, en 2014, el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) incluyó el macroproyecto Río Norte para “equilibrar el territorio de las laderas nororiental y noroccidental, articulándolos al corredor del río que concentrará la oferta de espacio público, movilidad y servicios”. En el mismo POT quedaron Río Sur y Río Centro, este último es el que incluye las obras ya concluidas a la altura del barrio Conquistadores.

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Natalia Castaño, coordinadora del Centro de Estudios Urbanos y Ambientales (URBAM) de la universidad Eafit, explica que la ciudad ha reconocido que el río no es el mismo desde que nace hasta que sale del Valle de Aburrá. En el norte hay una orilla poblada, a diferencia del centro y del sur donde se instalaron industrias y se construyeron autopistas que distanciaron la relación con el río:

“El tramo entre Moravia y Bello es un río habitado, donde las personas viven a orillas, y lo hacen marcadas por una historia de la ciudad de alta inequidad, de informalidad, de personas que han llegado a este valle buscando escapar de la violencia, muy asociado al desplazamiento intraurbano, que han encontrado en esas orillas espacios para vivir. Y no estoy hablando de los últimos 20 años, sino de los últimos 50”.

Tomado de Plan Director BIO 2030.

Para desarrollar el POT de 2014 en la zona norte del río la administración emitió el decreto 2077 en 2015 y luego, en 2019, el 2480. En 2023, casi una década después del POT, decidió modificar los decretos que reglamentaban los proyectos Río Sur y Río Norte. En el caso de este último, el decreto 1113 reemplazó los dos previos tras reconocer que lo que se había planificado no avanzaba por dificultades normativas, económicas y sociales. Por ejemplo, simplifica las reglas para el desarrollo de los planes parciales y deja de exigir que los proyectos inmobiliarios sean de manzanas completas, en cambio, permite que se hagan predio a predio, entre otros ajustes.

Los planes parciales son una figura de renovación urbana que también quedó contemplada en el POT de 2014 pero, según la coordinadora de Urbam, no han funcionado para la zona norte porque no responden a las preguntas y necesidades de las comunidades locales y porque parecen más las piezas de un rompecabezas fragmentado que parte de un proyecto urbano integral.

Ahora que Primavera Norte es casi un hecho y con los últimos ajustes normativos, los habitantes de la comuna ven posible que esos planes parciales comiencen a materializarse y que impacten el derecho a la vivienda de los pobladores actuales, bien sea por encarecimientos, reubicaciones o nuevas dinámicas de convivencia.

Ese mismo parque tiene la silueta de un pájaro si se miran las fotos y proyecciones oficiales que tienen la perspectiva de alguien que observa desde lo alto de la Nororiental. El pico es el extremo sur, que apunta hacia El Sinaí, mientras el extremo norte dibuja las que serían las plumas de una cola alargada que llega hasta el sector Las Vegas.

Tomado de la presentación oficial del proyecto.

Esta abstracción es cuantificable: Primavera Norte promete generar 53.232 m2 de espacio público entre áreas de recreación y circulación, teatrinos al aire libre, áreas deportivas, entre otras. También 12.510 m2 de senderos y plazoletas y 32.155 m2 de zonas verdes junto al paisaje de techos apiladísimos.

El resto del parque está conformado por un Jardín Infantil Buen Comienzo con capacidad para 300 niños y niñas (4.019 m2); la cancha de fútbol de Villa Niza, que se mueve un poco respecto a donde estaba antes de la obra (5.588 m2); un ReCreo cultural con estudio de grabación, aulas máster y oficinas administrativas (2.313 m2) y otros equipamientos con servicios sociales y culturales (8.566 m2).

No se ve en los render, pero bajo la cancha de Villa Niza, como si fuera el estómago del pájaro, un tanque de 1.103 metros cúbicos recogerá el agua de lluvia que baje por toda la zona Nororiental para mitigar el riesgo hidráulico de que esta llegue al río con la velocidad que la gravedad le otorga. Será el tercer tanque de este tipo más grande de Latinoamérica, según nos explicó el arquitecto de la EDU Sebastián Moreno durante un recorrido por la obra. Además, según respuesta de la EDU a un derecho de petición de El Armadillo, este tanque “no impide ni restringe la eventual ejecución de la futura proyección de la Avenida Regional por la franja oriental del río Medellín”, algo que para las fuentes comunitarias que consultamos no era claro.

Aunque Primavera Norte no ha tocado de forma directa a El Sinaí, la ampliación de Carabobo sí implicó reubicar a varias familias y una eventual activación de los planes parciales de la zona podría llevar afectaciones a ese barrio que no deja de crecer mientras llega un momento que Mery y otros pobladores históricos —cada vez llegan más habitantes nuevos— esperan hace décadas: el de irse para darle paso a una transformación urbana en la que no sienten ser la prioridad de la ciudad.

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Técnico y lejano

En 2020 nació la Escuela de Barrios de Borde de Río, una iniciativa de varias organizaciones sociales de la zona nororiental. “La intención era adelantarse a lo que eventualmente iban a ser las intervenciones”, dice Christian Álvarez, sociólogo e integrante de la corporación Mi Comuna, una de las que creó esa escuela. Con “las intervenciones” se refiere a todo el Macroproyecto Río Norte.

La escuela buscó brindarles herramientas a los habitantes de los barrios aledaños al río, como El Sinaí, pero también de los que quedan más arriba de Carabobo, para comprender y relacionarse con la complejidad que implican todas las obras que están en el papel o en marcha.

“Lo veíamos no solamente como la afectación de construir espacio público, de eventualmente el desplazamiento de esa población, sino de Parques del Río como activador de los planes parciales y, en esa medida, temas de eventual gentrificación de estos barrios”, explica Christian.

Esas piezas constituyen también un trabalenguas que con frecuencia ahuyenta a la ciudadanía de la posibilidad de entender para vigilar. De hecho, Christian dice que durante la veeduría a Primavera Norte no solo notaron que los funcionarios acudían a su lenguaje técnico, sino que “además quieren ser más técnicos cuando están frente a la ciudadanía”. Henrry Valencia, coordinador de la línea de comunicación comunitaria de Mi Comuna, lo ejemplifica así: “Vaya busque qué es un box culvert, porque te dicen eso en una reunión y vos quedás loco. Y así le hablan a la gente”. 

En 2015, mucho antes del comienzo de este proyecto, Urbam ya señalaba esta barrera en el documento “Metodología de trabajo colaborativo, alrededor de la transformación de Río Norte”, así: 

“Si bien la información de estos planes y proyectos es de carácter público, se ha identificado que el lenguaje técnico en el que están construidos genera una limitación para el acceso a la información en tanto no todas las personas tienen las herramientas necesarias para poder tener un entendimiento claro de lo que allí se propone” y, por lo tanto, se genera una brecha de comunicación entre las visiones de ciudad de la administración y de los pobladores.

A esto se suma, según cuenta Henrry Valencia, que acceder a la información de los proyectos del norte es difícil porque está fragmentada y en ocasiones enfrentan obstáculos institucionales que parecen deliberados. Dice que no existe voluntad de centralizar la información, lo que obliga a los liderazgos a ir de una entidad a otra, muchas veces sin encontrar respuestas claras ni oportunas. 

Asimismo, entre entidades se remiten la responsabilidad de entregar información y los funcionarios en ocasiones niegan saber de algunos temas porque alegan que no son de su competencia. Incluso, pese a que el mismo contrato cobija las obras de Primavera Norte y de la ampliación de la avenida Carabobo, al ser equipos distintos no entregan información a la comunidad sobre el otro proyecto.

Los voceros del proyecto nos dijeron que han sido “un libro abierto” con la comunidad. Para este reportaje enviamos un derecho de petición a la EDU el 28 de abril de 2026, del cual varias preguntas se quedaron sin respuesta y otras fueron contestadas más de dos meses después de presentar la solicitud, muy por encima de los términos de ley que van entre 10 y 15 días hábiles.

(Lea aquí las respuesta al derecho de petición de El Armadillo)

Christian resume así las barreras de información: además de la brecha entre el conocimiento técnico y el comunitario y la dispersión de la información, también se han encontrado con negativas a responder o con respuestas que llegan dentro de los plazos de ley, pero incompletas.

Vista superior de las obras del Parque Primavera Norte, entre el río Medellín y la avenida Carabobo. Foto: EDU.

La forma del futuro

Harry Alonso Moreno juega voleibol, pero el parque Primavera Norte no contempla ningún espacio que le sea útil para practicar este deporte. Ha vivido en Villa Niza 40 de sus 47 años y es el coordinador de riesgos y desastres de la Junta de Acción Comunal de su barrio. 

Hace tres años participa en la mesa interinstitucional del proyecto y parte del 2025 se lo dedicó a participar en el proceso de construcción de imaginarios en el que los encargados de la obra le preguntaron a la comunidad qué les gustaría que tuviera el nuevo espacio. “Es lo que a mí me tiene con guayabo”, dice Harry, porque calcula que los diseños finales no incluyeron ni el 20 % de lo que la comunidad imaginó.

El diseño ha cambiado. El jardín de Buen Comienzo iba a quedar en un remanente del parque, pero estará frente a la cancha; han hablado de la posibilidad de que uno de los remanentes se destine a parqueaderos porque la comuna tiene déficit de estos espacios, pero todavía no saben si será posible, pues a Harry lo último que le dijeron es que iban a construir un gimnasio al aire libre.

La participación en espacios de veeduría no ha sido masiva, dice Harry. Cuenta que al inicio “no le creían al proyecto”. Luego las obras se hicieron visibles y llegaron más líderes, aunque “para un proyecto tan grande tendríamos que ser más”, agrega; pero luego los espacios de interlocución se dividieron y en el último año, en lugar de una, la EDU mantuvo dos mesas de interlocución: una con Juntas de Acción Comunal y otra con la Junta Administradora Local. Aunque Luz Arelis Rueda ya no vive en la comuna, al ser propietaria de una vivienda sigue teniendo derecho a participar en estos espacios, pero decidió dejar de hacerlo porque considera que son “amañados” y poco transparentes.

Ella, que quería que el parque incluyera algún espacio para hacer hidroterapia, dice que la administración fragmentó las instancias de diálogo por intereses políticos y que la voz comunitaria, sus demandas y expectativas, se han perdido en el proceso.

Pero imaginar lo que será Primavera Norte después de mediados de 2027 es más complejo que saber si habrá un gimnasio o no. “En la comuna usted no consigue una casa para arrendar y la gente está aprovechando para subir los precios”, dice Harry, quien calcula aumentos de $500.000 a $800.000 o $1.000.000 en el último año, probablemente asociados a la construcción del parque.

Como explica Natalia Castaño, los habitantes del norte entienden las necesidades del desarrollo, pero se siguen preguntando por cómo garantizar su derecho a la vivienda. Y Christian y Henrry complementan: les preocupa un eventual proceso de gentrificación en la comuna. Aunque han tratado de poner esa discusión en los espacios de interlocución, se han encontrado con la barrera de que quienes están al frente piensan la obra en términos de materialidad y responsabilidad contractual, y no de las implicaciones territoriales del modelo de ciudad.

El escenario posible que señalan desde Mi Comuna es que Primavera Norte se vuelva una parada en el recorrido ya consolidado hacia Parque Arví, o un destino en sí mismo. Esto, además de afectar las dinámicas de la vivienda, también supone retos en materia de convivencia y usos del espacio público que consideran que no han sido tenidas en cuenta por el proyecto. 

Al respecto, la EDU nos dijo en respuesta a un derecho de petición que sí vienen implementando estrategias de sensibilización y participación ciudadana y que cuando el parque entre en funcionamiento “la presencia de equipamientos educativos, culturales, recreativos y deportivos, sumada a la oferta institucional de las entidades responsables de su operación, contribuirá a la generación de dinámicas de uso ordenado, integración comunitaria y convivencia ciudadana, favoreciendo la consolidación del parque como un espacio seguro, incluyente y de encuentro para los habitantes de las zonas nororiental y noroccidental de la ciudad”.

Sobre los riesgos del turismo, la EDU respondió que si bien su tarea es la obra, han gestionado espacios de coordinación con las secretarías de Turismo y Entretenimiento y con la de Desarrollo Económico “con el propósito de de compartir información sobre las características y potencialidades del proyecto, así como contribuir a la identificación de oportunidades para el fortalecimiento de actividades económicas, culturales y turísticas compatibles con el territorio”.

Es decir: donde los habitantes de la comuna 2 ven riesgos, la administración ve oportunidades y potencialidades. Y esas diferencias de perspectiva no se resuelven en las mesas interinstitucionales, donde tampoco están todas las respuestas sobre, por ejemplo, si habrá o no una etapa tres, que es la que debería conectar la obra actual con zonas como Tricentenario mediante más puentes sobre el río; ni sobre cuál será el futuro de la vivienda en el norte de la ciudad con (o sin) la activación de los planes parciales; ni cómo evitarán que el dominio de los grupos armados sea el que determine las dinámicas del nuevo parque; ni, en últimas, como sugiere Henrry, cuál es el lugar de los habitantes de la comuna 2 y las comunas vecinas en la construcción de un modelo de ciudad que suele verlos como una zona para experimentar, más que como diseñadores de su propio territorio.

*Este reportaje hace parte de una iniciativa para aportar información periodística a los procesos de control social sobre obras de infraestructura en el Valle de Aburrá. Cuenta con el apoyo de la Corporación Región.

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