Iván Cepeda en Medellín

Antioquia según Cepeda: el candidato del petrismo le habló a su electorado más fiel con Uribe en el centro de su discurso

Por El Armadillo

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14 de febrero de 2026

Candidatos a la Cámara y al Senado por el Pacto Histórico ambientaron el primer gran acto de campaña de Iván Cepeda en Medellín. En un discurso de 30 minutos, sin mucho margen de improvisación, el candidato ratificó la instrucción de no votar la consulta del 8 de marzo y dejó un mensaje más dirigido a los convencidos que a los indecisos. 

Por Juan David López Morales y Juan David Ortiz Franco.


Pasadas las 4:15 p.m. empezaron a llegar al Parque de Berrío las agrupaciones que marchaban en silencio, lideradas por Héctor Abad Gómez y otros defensores de derechos humanos, para protestar por los asesinatos y desapariciones que llevaban a cabo los “escuadrones de la muerte” en la ciudad. Era el 27 de octubre de 1983. 

El recuerdo de esa marcha de hace 43 años fue uno de los guiños que el candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda, les hizo a las personas que se reunieron en la primera gran concentración de su campaña en Medellín el pasado 12 de febrero. “Hoy, en esta misma plaza, en este mismo parque, nos reunimos con alegría, con convicción y esperanza”, dijo el candidato en un discurso cargado de símbolos y de referencias hechas a la medida para una militancia histórica de izquierda. 

En el discurso de Cepeda aparecieron, de un lado, nombres como el de Abad y el de Jesús María Valle —asesinado en 1998 en su oficina, a unos pocos metros de esa misma plaza—. Del otro, el de Álvaro Uribe, la otra figura protagónica de la tarde. 

Cepeda primero hizo un inventario de los mitos de la antioqueñidad. Habló del tejido social, de la unidad familiar, de las creencias religiosas y de “la iniciativa y el empuje empresarial”. Dijo que Antioquia ha “hecho grandes aportes al desarrollo económico, cultural y social” de Colombia, que el “espíritu pujante” y considerar la laboriosidad como una virtud humana convirtieron al departamento en un referente de desarrollo industrial. 

Pero en los años 80, dijo Cepeda, la vida cambió. “Medellín y Antioquia no regresarán al pasado”, fue el título de su discurso. Para desarrollar esa idea expuso su interpretación sobre ese pasado y, sobre todo, sobre sus responsables.

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Teloneros centrales

La cita con Cepeda, puntero en la mayoría de las encuestas hasta ahora, era a las 4:00 p.m., pero los sindicatos madrugaron más. Pasadas las 3:35 p.m. ya se levantaban las pancartas de la CUT (Central Unitaria de Trabajadores) cerca de la tarima. Entre estas y las sombrillas verdes, rojas y negras de los vendedores estacionarios habituales del Parque de Berrío se levantaban también carteles hechos a mano: “Puerto Berrío con Cepeda presidente”, decía uno. Una voluntaria que apoyaba la logística dijo que la campaña no dispuso dinero para transportar delegaciones y quienes asistieron lo hicieron con sus recursos.

La plaza estaba rodeada de vallas para controlar el ingreso por un solo punto, frente a la basílica de La Candelaria, sobre la carrera Palacé. Las escaleras de la estación del metro, convertidas en tribuna preferencial, se llenaron mucho antes de las 4:00 p.m. mientras abajo, en la plaza, un grupo de gente uniformada con camisetas de la campaña de León Fredy Muñoz –senador que aspira a repetir curul por la Alianza Verde, y embajador en Nicaragua nombrado por Petro entre 2022 y 2025– repartía publicidad. Un carro valla de la misma campaña estuvo todo el rato estacionado frente a la iglesia. 

Muñoz, sin embargo, no apareció. “Es que este evento era para las listas al Congreso. Él quiso hacer publicidad, pero terminó apabullado por la multitud y nunca estuvo invitado a la tarima (…) León Fredy es la competencia directa de esas listas. Nadie que quiera que Iván Cepeda sea el presidente puede votar para hacerle el umbral a JP Hernández o a la Miranda”, nos dijo Carlos Mario Patiño, integrante del equipo de Carolina Corcho, la cabeza de lista al Senado del Pacto.

El evento empezó puntual en una tarima dispuesta en la esquina suroriental del parque, mirando hacia el metro y enmarcada, en la parte superior, por un eslogan: “Solo Petro y Cepeda en esta mondá”. El candidato no había llegado. Las presentadoras —la influencer Fanny Esperanza Peña y la candidata a la Cámara Laura Manuela Gómez— preparaban a la gente para la seguidilla de discursos de candidatos y candidatas que desfilaron por el escenario durante casi una hora y media. Pero primero pidieron “una bulla por Palestina” y entre el público se levantó una bandera blanca, roja y verde. Luego hicieron un homenaje a la memoria de Kanábico Objetor, el líder juvenil que murió en noviembre de 2025 y que en 2022 hizo parte de la lista del Pacto a la Cámara por Antioquia.

Uno de los primeros en hablar fue el concejal José Luis Marín, “Aquino”, que coreó un “Fuera Fico” junto con el público e inauguró una línea que se reiteró luego en varios de los discursos de los candidatos: “El 8 de marzo no vamos a pedir ningún tarjetón de la consulta”, dijo. “Esta no es la casa de la derecha, esta es la Medellín popular; estamos en el corazón del centro de Medellín, el parque de las tinteras, de los lustrabotas, el parque de la gente campesina que habita esta ciudad y que se viene aquí a pegarse la bailadita”, siguió el concejal.

Esa “Medellín popular” también estaba presente en estudiantes y docentes universitarios, sindicalistas, jubilados, agrupaciones de mujeres y algunos —pocos— colectivos indígenas y afrodescendientes. La que estaba presente en esa plaza era la izquierda más tradicional de Medellín, a excepción del antiguo Moir que hoy hace parte de Dignidad y Compromiso. 

Tampoco estuvo muy presente el “quinterismo” —si tal cosa existe—, salvo por algunos exfuncionarios de esa administración que ya trabajan con otros sectores del Pacto Histórico y el representante Alejandro Toro, que estuvo en la tarima. Quizás por eso la jornada estuvo cargada de la alusión a símbolos que le hablaban más a ese militante tradicional que a un transeúnte desprevenido: la memoria de Abad y Valle, asesinados con una década de diferencia, pero también la de María Cano como referente de los movimientos sindicales y de Carlos Gaviria Díaz, el profesor de la Universidad de Antioquia y magistrado de la Corte Constitucional que en 2006 fue el candidato del Polo Democrático para enfrentar a Uribe en su reelección.

Pasaron candidatos y candidatas a la Cámara por Antioquia y al Senado. Sus intervenciones fueron breves: se presentaban y explicaban cuáles eran sus banderas —la defensa del agua, los servicios públicos domiciliarios, el territorio, etc.—, insistían en no votar la consulta del 8 de marzo y, en cambio, en sí votar por el Pacto al Congreso: “Un voto por el Pacto es un voto por Cepeda, un voto por Cepeda es un voto por el Pacto”, repitieron. 

Se sumaron o promovieron las arengas que retumbaban en la plaza llena: “¡Uribe, paraco, el pueblo está berraco!; ¡Cepeda, amigo, el pueblo está contigo!”. O “¡tienen miedo, tienen miedo!”, como gritaron cuando salió Hernán Muriel, cabeza de lista a la Cámara por Antioquia y uno de los que más movilizó al público en la primera parte de la concentración.

Muriel hizo una lista de agresiones contra integrantes del Pacto mientras hacían campaña en Antioquia y, como es habitual en sus intervenciones, les dedicó un par de menciones a medios de comunicación como Caracol o BluRadio: “Por aquí estaba ahora Noticias Caracol —dijo señalando a una pequeña franja, frente a la tarima, donde estaban algunos camarógrafos y periodistas—. Yo no los he visto diciendo lo que ha invertido el gobierno Petro en Antioquia”.

«Si necesitamos convocar una asamblea nacional constituyente, la convocamos».

Carolina Corcho, candidata al Senado por el Pacto Histórico

Mientras el micrófono seguía rotando entre candidatos y candidatas, las presentadoras preguntaban: “¿Quién quiere escuchar a María José Pizarro?”, “¿Y a Carolina Corcho?”, y anunciaban que Cepeda estaba cerca. El nombre que más gritos despertaba entre el público era el de la exministra de Salud. Ella fue la telonera principal y la encargada de entregarle a Cepeda una plaza caliente, por encima de otras figuras como “Wally” —que saludó con un “¡Buenas tardes, mis mamertos hermosos y apapachables!”—, Pizarro —jefe de debate de Cepeda—, Isabel Zuleta, Camilo Romero o Aída Avella, 

Y para calentar la plaza, Corcho echó mano de una demanda que ya aparecía en un par de pancartas escritas a mano: una constituyente. Su discurso empezó a las 5:00 p.m. Dijo que querían llegar al Congreso para “continuar las reformas” porque “Colombia cambia de fondo” con reformas estructurales: la salud, la tributaria y la educación superior. Cuando mencionó la continuidad de la reforma agraria el público la interrumpió: “¡Constituyente! ¡Constituyente! ¡Constituyente!”. Y retomó: “Por supuesto que tenemos que hacer dos reformas que el Congreso de la República no ha podido hacer, la reforma a la justicia y la reforma política, y para eso, si necesitamos convocar una asamblea nacional constituyente, la convocamos”. 

Un par de minutos después Corcho ambientó otra propuesta que luego defendió Cepeda en su discurso: “Hay que acabar ese Consejo Nacional Electoral, no puede ser el CNE nombrado a dedo por los partidos políticos”, dijo la exministra. En su lugar, agregó, habría que crear una corte electoral con magistrados elegidos por meritocracia. El público insistió: “¡Constituyente! ¡Constituyente”. “Si los jueces se van a oponer, el pueblo tiene que reformar la justicia y para eso es una asamblea nacional constituyente, pero ¿quién convoca a la asamblea nacional constituyente?”. “El pueblo”, respondió el público. Pero Corcho corrigió: “Ojo, el Congreso de la República”. Por eso, dijo, el 8 de marzo “el pueblo tiene que tomarse el Congreso, […] corporación utilizada para obstruir el gobierno de Gustavo Petro”. 

Adular a Antioquia para apuntar a Uribe

Fueron 30 minutos casi cronometrados de un discurso con un estilo muy diferente al del “compañero presidente” Gustavo Petro. Cepeda, rodeado por escudos antibalas, se apegó al papel y al tiempo. Leyó. No improvisó casi nada. Cuando las arengas de la gente lo interrumpían, retomaba justo en el mismo lugar. Cuando empezó, el público guardó silencio: 

“Queridas compañeras y queridos compañeros, saludo al gran pueblo antioqueño […] A lo largo de la historia de nuestro querido país, Antioquia y su gente se han caracterizado por tener una fuerte identidad regional”, comenzó Cepeda en ese corto preámbulo en el que habló de las empresas, las familias, el trabajo y la religión como marcas de la identidad antioqueña. 

“Pero desde la década de 1980, recordémoslo, la vida cotidiana y social de Medellín y Antioquia, la vida de su gente, cambió. Comenzaron los tiempos de la persecución, del sufrimiento y de la incertidumbre”. Entonces citó a Jesús María Valle —la gente aplaudió y gritó— cuando dijo, el 25 de agosto de 1997, en la conmemoración de los 10 años del asesinato de Abad Gómez, que “el meridiano de la violencia pasa por Antioquia”. Esto, reinterpretado en las palabras de Cepeda, significa que el departamento se convirtió “en la cuna de la parapolítica, de la narcoeconomía y del terrorismo de Estado”. El público respondió con un “¡Fuera Fico!”.

 

Entonces apareció el otro protagonista del discurso: “En el centro de esa macabra realidad que emergió” estaba, “hay que decirlo con claridad, un político ambicioso, sin escrúpulos, obsesivo y autoritario, quien rápidamente escaló en cargos públicos y que se granjeó la lealtad y la complicidad del mundo y del inframundo… Uribe.” Cepeda lo hizo protagonista de lo que llamó un cambio “regresivo, violento y autoritario”.

Dijo que muchos sectores “que posaban de ser honorables” se plegaron a la “dictadura de la codicia”, pero que también se opusieron “mujeres y hombres de buena conciencia”: de nuevo Abad, de nuevo Valle, además de académicos, investigadores y jueces que, dijo, resistieron “el imperio del mal”. Del pasado viajó al presente: “Aquí la memoria se ha convertido en fuerza viva que nutre las luchas sociales. Nuestro pueblo ya no es espectador, es protagonista”. Y el público lo acompañó en el relato de buenos y malos con arengas colectivas o madrazos individuales.

En el tumulto, muy cerca de la estatua de Pedro Justo Berrío un hombre de unos 50 años, vestido de blanco, le narraba por WhatsApp a alguien más lo que pasaba en la plaza. “Lleno total”, le escribió en algún momento. “Ufff”, le respondió su interlocutor que aparecía guardado como “Camarada”. Cada tanto, cuando Cepeda hacía alguna referencia a Uribe o a su círculo, o a hechos de violencia política, el hombre gritaba con fuerza: “Uribe, gonorrea”, “Uribe, gonorrea hijueputa”. La gente a su alrededor se reía, y entonces él se quedaba un rato más en silencio o volvía a mirar el celular.      

El pueblo, dijo Cepeda, sabe “que si vienen a arrebatarle las reformas y los cambios nos paramos en la raya”. Así, el encuadre del pasado —aquí apareció Carlos Gaviria para decir que “cuando un pueblo conoce su dignidad y se empodera en ella, nada ni nadie lo puede detener”— le sirvió para dibujar un presente cuyo objetivo no es otro que no volver atrás. Entonces mencionó, por primera vez y después de 20 minutos, a Gustavo Petro como responsable de las reformas a defender.

La recta final de su discurso la dedicó a “orientar” a los electores para el 8 de marzo: “Solamente votaremos por las listas del Pacto Histórico al Senado de la República y a la Cámara de Representantes […] Eso quiere decir que el 8 de marzo no aceptaremos, o rechazaremos si nos lo ofrecen, el tarjetón de las llamadas consultas”. Como sus antecesores, no mencionó a Roy Barreras, a Daniel Quintero o a ningún otro precandidato. Su instrucción a las bases fue simple y clara.

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Cepeda nunca mencionó con nombre propio al candidato que, según las encuestas, es su principal rival: Abelardo De la Espriella. Esa misma tarde, mientras el Pacto medía sus fuerzas, De la Espriella, también en Medellín, exaltaba de otra forma los mitos de la antioqueñidad: montó en metro —donde está prohibido el proselitismo—, repartió aguardiente en el Salón Málaga y comió fríjoles en Mondongos, siempre junto a Juliana Gutiérrez, hermana del alcalde de Medellín y candidata al Senado por Creemos. 

La tarima de De la Espriella fue en Castilla. Repitió la fórmula de preguntas y respuestas que usó el 28 de enero, en la Plaza Botero, cuando anunció su alianza con el movimiento de Gutiérrez ante una plaza con muy pocos asistentes. Esta vez llenó de gente una esquina de la carrera 68: 

—¿Vamos a sacar de los salones de nuestros hijos la ideología de género para devolver a Dios de donde nunca debió salir?

—Sí—, le respondió la multitud.

En el Parque de Berrío, Iván Cepeda terminó con un mensaje para uno y muchos destinatarios: “A la extrema derecha y su jefe Álvaro Uribe Vélez les decimos desde esta plaza en especial: nos vemos en las urnas”.

Detrás de El Armadillo Iván Cepeda

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