Confianza Escuela Mundial de Valores

En Medellín la confianza es un experimento sin resultados definitivos

Por El Armadillo

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9 de abril de 2026

Varias iniciativas institucionales y ciudadanas han puesto a prueba la confianza en Medellín. Aunque los hallazgos son positivos, los datos de la Encuesta Mundial de Valores dicen otra cosa: la mayoría de colombianos cree que no se puede confiar en los demás.

Por Luis Bonza.


En la Universidad de Antioquia hubo una tienda que nunca nadie atendió. Entre locales con almuerzos y chazas con cigarrillos, la tienda sin tendero era una caja de madera con compartimentos llenos de dulces de la que cualquier persona podía tomar lo que quería, dejar el dinero y sacar su devuelta. No había vigilancia ni control de ningún tipo: había confianza.

Fue un invento de estudiantes que estuvo en la plazoleta Barrientos de la Universidad hasta 2001. Quienes compraron en “En vos confío”, el nombre que tenía esa tienda autogestionada, la recuerdan como una iniciativa que, además de simbólicamente bella, funcionaba muy bien: se pagaba lo que era y se cuidaba lo que había.

Más de quince años después, la Alcaldía de Medellín implementó una campaña que recordaba lo que se había hecho en la UdeA. En 2018 aparecieron por la ciudad tiendas con la misma dinámica: sin vendedor ni nadie que las vigilara: cualquiera podía tomar un producto y pagarlo, o decidir no hacerlo.

“El punto de partida es que en Antioquia nos han dicho que somos súper vivos y que nos aprovechamos de cualquier circunstancia, pero qué pasa si hacemos un experimento donde estamos bajando la guardia, en el que estamos dando papaya”, se pregunta Santiago Silva, secretario de Cultura Ciudadana de Medellín. 

Lo que mostró el experimento de las Tiendas de la confianza es que la mayoría de las personas toma su producto, paga lo que es y la plata queda ahí. De acuerdo con Silva, que lideró esa estrategia como subsecretario de Ciudadanía Cultural durante la primera alcaldía de Federico Gutiérrez, en ambos periodos se ha intentado poner una discusión sobre la confianza que ha mostrado resultados positivos.

Esos hallazgos, sin embargo, chocan con los de la Encuesta Mundial de Valores (EMV), que propone datos para comprender cómo cambian los valores, creencias y normas en las sociedades. La última versión de la EMV encontró que el 96 % de los colombianos considera que hay que ser muy cuidadoso al tratar con los demás y solo el 4 % cree que se puede confiar en la mayoría de las personas.

En una sociedad que no confía, según Silva, son más difíciles los objetivos colectivos, incluyendo aquellos que apuntan al bienestar y el desarrollo económico: “Las personas que reportan mayores niveles de confianza interpersonal suelen volverse nodos de cultura ciudadana y tienen mayor disposición a resolver pacíficamente los conflictos, a tolerar la diversidad, y a cumplir normas como las de tránsito, por ejemplo”.

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¿Medellín es como vos?

“¿Sabe usted aserrar? — Divinamente; soy aserrador graduado, y tal vez el que ha ganado más alto jornal en ese oficio. ¿Qué dónde aprendí? Voy a contarle esa historia, que es divertida”. 

En el cuento costumbrista “Que pase el aserrador”, de Jesús del Corral, un hombre cuenta cómo consiguió un trabajo como aserrador sin nunca haber visto un serrucho en su vida, engañando a todo el que se le cruzó con picardía y echando cuentos. Un ejemplo del mito del antioqueño que no se vara y que es capaz de enredar a cualquiera.

“Todo ese mito del antioqueño berraco siempre estuvo matizado por asuntos como la falta de control emocional, el desborde pasional o que nos salíamos de casillas muy fácil. Y por otro lado la figura del avivato, del ventajoso, del culebrero, alguien que defrauda la confianza y que está dispuesto siempre a tomar ventaja”, explica Pedro Adrián Zuluaga, periodista y autor del libro “Qué es ser antioqueño”.

De acuerdo con la Encuesta Mundial de Valores, en Colombia la desconfianza está más acentuada en la región de Antioquia y el Eje cafetero. Zuluaga propone que la configuración de la identidad regional antioqueña ha estado marcada, además, por unos valores que, si no se cumplen, generan motivos para desconfiar. 

“La mentalidad antioqueña dominante es un proyecto de homogeneización, de que todos coincidamos en unos valores centrales: el trabajo, la religión, la valoración del esfuerzo individual, el emprendimiento, la familia. Todo lo que se salga de ahí, lo que disienta, empieza a ser mirado con sospecha. Eso ha tenido unas consecuencias profundas que explican las raíces culturales de la violencia antioqueña”, afirma Zuluaga. 

Los resultados de la EMV arrojaron que las personas en las que más confían los colombianos son su familia, las personas que conocen y los vecinos; en los que menos confían son las personas de otra religión, extranjeros y recién conocidos. 

Las campañas que ha implementado la Alcaldía de Medellín han sido nombradas “Medellín está llena de ciudadanos como vos” y “Medellín es como vos”, frases que apelan a que si yo soy bueno, y el otro es como yo, entonces el otro es bueno también. 

“Por ejemplo llevamos dos años reconociendo al ciudadano del mes, que es básicamente poner la historia de un ciudadano que hizo algo bello en la ciudad para que la gente lo pueda reconocer y seguir estableciendo una especie de contranarrativa frente a estos estereotipos de los comportamientos de los demás”, explica Silva.

Pedro Adrián Zuluaga, en relación con ese discurso, se pregunta “¿Cómo se sale de ese cuello de botella de sólo confiar en los pares, en los propios? ¿Cómo se convive con lo no hegemónico, con lo no normativo? Porque creo que ahí está la clave, en cómo convivir con lo que no es como vos”.

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La confianza, más allá de la disposición

Carol Rojas es historiadora y hace parte de Republicanas Populares, un centro feminista de conocimientos y acción política que propone discusiones contra el racismo, el patriarcado, el heterosexismo y el clasismo. En relación con la desconfianza en Medellín, ve un asunto estructural que va más allá de la disposición para confiar en el otro.

“Es muy importante pensar las condiciones para la confianza, y no que es un asunto subjetivo y tengo que leer literatura de superación personal para cambiar una realidad material. Las desigualdades sociales y económicas como la pobreza, el machismo, el racismo, generan desconfianza. Eso quiebra la posibilidad de estar juntos y de estar bien, porque todo el tiempo estamos intentando sobrevivir, tener comida, techo, un lugar donde estar y protegerse de los peligros que hay alrededor”, explica Rojas.

La Encuesta Mundial de Valores encontró, además, que la desconfianza es más profunda en las mujeres que en los hombres. De acuerdo con Rojas, esto se debe a que muchas de ellas, en su vida cotidiana, están enfrentadas a la posibilidad de ser violentadas, minimizadas o controladas en algún ámbito: “Hay condiciones históricas que son obstáculos para que las mujeres, sobre todo las de clases empobrecidas y trabajadoras de este país, puedan sentirse en un escenario de confianza y expansión de su ser”.

Esto no significa que no existan espacios de confianza, incluso en medio de esas condiciones: “Tampoco podemos decir que en Medellín todo el mundo desconfía. Aquí se han creado estrategias de redes comunitarias y familiares, aún en la sobrevivencia, para compartir una palabra, un alimento, ayudarse. Lo que pasa es que hay muchos retos para que eso sea un asunto de la mayoría”, finaliza Rojas.

La confianza, entonces, no es solo una percepción ni una virtud individual. Es una condición que se construye y se rompe todos los días en lo que hacemos con los otros, incluso en medio de condiciones que la dificultan. Tal vez por eso siguen apareciendo escenas, como una tienda sin vigilancia, donde alguien decide creer que el otro no va a fallar.

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