El 12 de febrero, en un acto de campaña en el Parque de Berrío, el candidato del Pacto Histórico dijo que Antioquia es “la cuna” de la parapolítica, la narcoeconomía y el terrorismo de Estado. Aunque hizo parte de un discurso más amplio, esa idea, reproducida un mes después en un documento oficial de su candidatura, provocó una reacción en cadena de sectores políticos y empresariales que calificaron lo dicho por Cepeda como “guerra política”.
Según Luz María Sierra, directora del periódico El Colombiano, “Iván Cepeda le debe una disculpa a Antioquia”. Eso dijo en un trino del sábado 14 de marzo por la tarde en el que citaba otra publicación escrita más temprano por el abogado Vladimir Salazar. Según la búsqueda avanzada de X, este último, el de Salazar, es el primero que aparece ese día en referencia a una afirmación del senador Iván Cepeda Castro, candidato presidencial del Pacto Histórico que empezó a moverse ese día y desató un reacción en cadena de sectores políticos y empresariales.
Lo que publicó Salazar fue un pantallazo del “programa de gobierno” de Iván Cepeda con un fragmento en el que se refería a Antioquia como “cuna de la parapolítica, de la narcoeconomía y del terrorismo de Estado”. A esa cita agregó: “No es descontextualización, lean de la página 330 en adelante”. Ese trino alcanzaba, hasta este martes 17 de marzo, más de 216 mil visualizaciones.
Iván Cepeda le debe una disculpa a Antioquia. https://t.co/qp2VQFUAUf
— Luz María Sierra (@LuzMaSierra) March 14, 2026
Consultamos a Salazar, abogado administrativo de Huila, y nos dijo que no sabe si su trino fue el primero. Dijo que en la tarde del sábado también leyó este artículo de La Silla Vacía sobre el documento que la campaña de Cepeda titula “programa de gobierno”, pero que es en realidad una recopilación de discursos. También contó que vio varios post en X sobre ese documento, como este de Camilo Solano, donde concluye que las palabras “Petro” y “Uribe” aparecen en ese documento más veces que otras como cultura, salud o seguridad.
Aunque la portada y varios apartes de de ese texto de 433 páginas reiteran que es un “programa de gobierno”, hay que ir hasta la introducción para encontrar una aclaración: “El presente documento constituye un anexo del Programa de Gobierno “El poder de la verdad”, Iván Cepeda Presidente 2026–2030”. Salazar dice, acogiendo lo que dice esa sección, que si es un anexo significa que también hace parte del programa.
El texto en cuestión es el discurso que Cepeda leyó el 12 de febrero en el Parque de Berrío y que, como contamos en ese momento, fue una versión de “Antioquia según Cepeda” y tuvo al expresidente Álvaro Uribe como protagonista. Se titula “Medellín y Antioquia no volverán al pasado”, comienza con la descripción de un departamento caracterizado por una “fuerte identidad regional” y valora el esfuerzo, el trabajo, la iniciativa y el empuje empresarial, así como “la densidad del tejido social, la unidad familiar” y las arraigadas creencias religiosas.
Luego exalta el lugar de Antioquia como un “un referente de desarrollo empresarial e industrial” en el país. Pero desde los 80, continúa Cepeda, “la vida cotidiana y social de Medellín, Antioquia y su gente cambiaron. Comenzaron los tiempos de la persecución, del sufrimiento y de la incertidumbre”. Y allí cita al defensor de derechos humanos Jesús María Valle, asesinado en 1998, para decir que “el meridiano de la violencia pasaba por Antioquia”, una frase que Cepeda califica como “una denuncia precisa”.
Y es ahí que sigue la oración que fue retomada el fin de semana: “En palabras sintéticas, Antioquia se convirtió en cuna de la parapolítica, de la narcoeconomía y del terrorismo de Estado”. Luego desarrolla más esa idea. Dice que surgió una “alianza perversa” entre sectores económicos, políticos y armados “que utilizaron la represión, el miedo y el exterminio para proteger sus intereses y acumular riqueza a costa de la vida de poblaciones en territorios rurales y urbanos del departamento”. Y allí, en el centro de este escenario, pone a Álvaro Uribe Vélez y su círculo cercano como “estrechamente ligados al narcotráfico, al naciente paramilitarismo y a los sectores terratenientes”.
De ahí en adelante, Uribe sigue ocupando un lugar central del discurso para luego añadir que esa violencia “no logró destruir la fuerza del pueblo antioqueño”, sino que obligó a la sociedad del departamento “a fortalecer sus formas de organización, resistencia y democracia”.
Todo esto, pronunciado por Cepeda en plaza pública, terminó recogido en ese documento. Consultamos a la campaña de Cepeda y le remitimos un cuestionario de seis preguntas, pero hasta el momento de la publicación de este informe, solo nos dijeron que ese texto es una “base programática” y que al inscribirse en la Registraduría el candidato dijo que el programa se irá desarrollando y presentando posteriormente. A diferencia de lo que ocurre con alcaldías y gobernaciones, los aspirantes a la Presidencia no están en la obligación de presentar formalmente un programa de gobierno al inscribir sus candidaturas.
Imprecisiones y negacionismo
La afirmación del candidato Iván Cepeda generaliza, simplifica un fenómeno complejo y admite varias discusiones. Según Bladimir Ramírez, candidato a doctor, docente de Sociología en la UdeA e investigador del Instituto de Estudios Regionales (Iner) de esa universidad, “un actor como este no tiene una cuna, no tiene un solo origen, sino que es la imbricación y convergencia de diferentes procesos de manifestaciones regionales”.
Se refiere al paramilitarismo, para el que, a diferencia del fenómeno de las guerrillas, no es posible fijar un único momento fundacional porque lo que se conoce con ese nombre recoge muchas expresiones distintas. Ramírez dice que el paramilitarismo contrainsurgente se puede rastrear desde 1951 en Bogotá, pero que si hablamos del modelo de poderes regionales en armas es necesario remitirse a los años 70 y 80. Este modelo “sí tiene un peso muy específico en Antioquia”, dice, y luego se cruza con el discurso contrainsurgente que creció en regiones como el Magdalena Medio y particularmente en Puerto Boyacá, que para entonces era nombrada como “capital antisubversiva de Colombia”.
Una de las primeras referencias que menciona Ramírez son las “juntas de autodefensa” en el Oriente y el Suroeste antioqueño en la década de 1970. Además, el Centro Nacional de Memoria Histórica ubica en 1977 el surgimiento de Los Escopeteros, de Ramón Isaza, en el municipio de Puerto Triunfo. También en esa misma década nació en el centro del país la Alianza Americana Anticomunista (Triple A), de la cual varios integrantes llegaron luego, entre 1982 y 1985 a Yondó y Puerto Berrío.
Finalmente, la aparición del movimiento Muerte a Secuestradores (MAS) en 1981 en Medellín en reacción al secuestro de la guerrilla M-19 a Martha Nieves Ochoa es, según la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV) en el volumen No matarás, “el hito fundacional del paramilitarismo en Colombia”, no porque sea la primera expresión del fenómeno, sino porque fue “una alianza entre la mafia, la fuerza pública y sectores económicos y políticos que se sentían afectados por la guerrilla. Prácticamente todos los invitados a formar parte de esta convergencia concurrieron a ella. En algunos casos, ya eran viejos conocidos”.
Ramírez concluye entonces que Antioquia sí ha sido central “en la configuración de los embriones del paramilitarismo contrainsurgente”, incluso antes de los 80, la década que señaló Cepeda en su discurso.
Y es que como explica la CEV en su capítulo de Hallazgos y Recomendaciones, es difícil caracterizar y periodizar el paramilitarismo porque en este confluyen grupos de “defensa civil” legalizados por el Estado, alianzas entre narcotraficantes y fuerza pública como la del MAS, grupos que combinaron el narcotráfico con la contrainsurgencia como las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá “y otras experiencias como formas de vigilantismo o como grupos paraestatales”.
La CEV agrega que el fenómeno paramilitar va mucho más allá de sus aparatos armados y que hay un “telón de fondo, aquello que lo sustenta y facilita su permanencia”. Explica que más que de un actor armado se trata de “un entramado de intereses y alianzas también asociado a proyectos económicos, sociales y políticos que logró la imposición de controles territoriales armados por medio del uso del terror y la violencia, y también a través de mecanismos de legitimación, establecimiento de normas y reglas”.
Antioquia fue uno de los departamentos de mayor expansión paramilitar. El geoportal del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) muestra que en el departamento fue donde se concentraron más expresiones de tres macroestructuras paramilitares (Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, Bloque Central Bolívar y Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio).

Verde: Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. Rojo: Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio. Amarillo: Bloque Central Bolívar.
Ahora bien, lo que se conoció durante el gobierno de Álvaro Uribe como parapolítica fue una manifestación, según Ramírez, del “poder regional en armas”, pero con asiento en el Congreso de la República e incidencia en la elección y reelección de ese gobierno. Fue “el conjunto de pactos y vínculos que paramilitares y políticos establecieron justo en el momento de mayor expansión territorial de la confederación de las Autodefensas Unidas de Colombia”, según el informe Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento, del 2018.
Sin embargo, también respecto al fenómeno de la parapolítica, Ramírez dice que desde su nacimiento el paramilitarismo implicó la existencia de redes de las que participaban también alcaldes, concejales, inspectores de policía, entre otros actores del poder local.
De hecho, el CNMH dice que “la parapolítica fue ante todo un proceso local, que progresivamente escaló al ámbito nacional, como parte del proceso de expansión territorial de las AUC, en el marco de una estrategia descentralizada de acumulación de poder político, que les permitiera preparar el terreno para el inicio y desarrollo de una negociación con el Gobierno nacional”.
No obstante, esa relación entre poderes políticos locales y regionales también está documentada en varias regiones y departamentos distintos a Antioquia. Por eso no se sostiene la idea de que haya una “cuna” exclusiva y específica para esa alianza. Lo que sí soportan las investigaciones y los datos del mismo informe del CNMH, que cita a la Misión de Observación Electoral, es que Antioquia era para 2013 el departamento de origen de más políticos investigados por vínculos con el paramilitarismo.

Referencia a políticos investigados por parapolítica. Fuente: MOE, citada por el CNMH.
Sobre la otra parte de la afirmación de Cepeda en su discurso, Ramírez dice que si bien la violencia paraestatal sí tuvo uno de sus principales orígenes en Antioquia, la narcoeconomía “no surge propiamente acá” sino más bien en el Magdalena Medio y la costa norte del país, entre La Guajira y Magdalena. Y que el terrorismo de Estado propiamente dicho tampoco nació en Antioquia, sino en el Batallón de Inteligencia y Contrainteligencia Charry Solano, en Bogotá, aunque haya tenido manifestaciones aisladas en Antioquia en los 70.
Con esto, Ramírez concluye que “hubo cierta imprecisión de Cepeda, pero no le asiste la razón a los negacionistas” pues, según afirma, tiene más peso explicativo la afirmación del candidato que la negación tajante de lo que dijo.
Un cubrimiento dedicado
Después de la reacción de Luz María Sierra el sábado, el periódico que dirige publicó cuatro artículos de seguimiento a lo publicado por la campaña por Cepeda. El primero es del mismo día y se titula Iván Cepeda desata la indignación: afirma que Antioquia es la “cuna de la parapolítica y del terrorismo de Estado”. No lo firma ningún periodista y está acompañado con una imagen del candidato en actitud pugnaz. En la nota dice que Cepeda “hizo este sábado” la afirmación sobre Antioquia, pese a que había pasado más de un mes desde su discurso. Luego citó dos reacciones en contra: la de Proantioquia y la de Juan Espinal, senador electo y actual representante a la Cámara por el Centro Democrático.
Proantioquia no mencionó a Cepeda en su comunicado ni hizo referencia directa a sus palabras, pero la fundación que reúne a algunas de las empresas más importantes del departamento, dijo que rechazaba “con firmeza la estigmatización de nuestro departamento como propuesta de gobierno. Ese camino no honra el espíritu del debate democrático”. Además, agregó que el futuro no se construye “con discursos de odio dirigidos contra regiones o pueblos”.
El futuro se construye con respeto, con debate argumentado y con ideas que abren caminos. No con discursos de odio dirigidos contra regiones o pueblos.
— Proantioquia (@proantioquia1) March 15, 2026
Antioquia ha salido adelante por el trabajo de su gente, el empuje de sus empresas y una colaboración público-privada-social…
El domingo 15 de marzo El Colombiano publicó otro artículo en el que recogía más reacciones. Allí dice que el candidato “habría realizado un ataque directo no solo contra la región antioqueña, sino también contra su cultura, sus empresarios y el expresidente Álvaro Uribe”. En este sí aclaró el contexto en el que Cepeda pronunció esa frase, en el discurso del 12 de febrero.
“El señalamiento no solo fue dirigido al territorio como tal, sino también a los empresarios”, dice el artículo. Y cita que en el documento Cepeda dice que en Antioquia “surgió una alianza perversa entre sectores económicos, políticos y armados que utilizaron la represión, el miedo y el exterminio para proteger sus intereses y acumular riquezas a costa de la vida de las poblaciones en territorios rurales y urbanos”.
Según El Colombiano, “varios habitantes de la región antioqueña interpretaron estas palabras del candidato del ‘petrismo’ como un ataque directo e incluso como una declaratoria de guerra política”. Entre las reacciones que recoge está el trino de Luz María Sierra, la directora del mismo medio, en el que dice que Cepeda le debe una disculpa a Antioquia. Y junto a la de su propia directora recogió la de Hernán Cadavid, representante a la Cámara y senador electo del Centro Democrático, quien dijo que se trataba de una declaratoria de “guerra política” y que el plan del aspirante del Pacto Histórico es “una venganza contra Antioquia sustentada en el odio contra Uribe y toda su dirigencia”.
Esa nota también incluyó un trino del Comité Intergremial de Antioquia que, a su vez, citó el primer artículo publicado por El Colombiano. El trino dice que el departamento “es sinónimo de trabajo duro, ‘berraquera’ y capacidad de superar cualquier crisis (…) los ataques infundados llenos de odio y resentimiento no nos intimidarán”.
(Vea también: La red digital y las listas de votantes que circulan en la Alcaldía de Medellín para impulsar la campaña de Creemos)
También cita a Simón Molina, recién electo representante a la Cámara por Creemos, el movimiento del alcalde Federico Gutiérrez; y finalmente incluye un trino del abogado Juan David García Vidal, director del think tank Libertank, que dijo: “¿Alguien sensato tiene alguna duda de que ese sujeto es un fanático comunista dispuesto a destruir todo lo que se oponga a completar la toma guerrillera de Colombia, empezando por Antioquia, como principal símbolo de libertad, de capitalismo popular y de rebeldía anticomunista?”

Le preguntamos a Luz María Sierra por qué los artículos recogen solamente reacciones de sectores políticos y empresariales declarados abiertamente en oposición al gobierno de Gustavo Petro. Nos dijo que probablemente se debió a que en ese momento eran todos los que habían reaccionado y que recogían “la indignación del departamento”. Agregó que no se dio cuenta de la inclusión de su reacción personal en una de las publicaciones, pero que no le interesa que incluyan su voz dentro de los artículos.
(Vea también: Con un giro en su “voz pública”, Proantioquia pasa de la diplomacia a la ofensiva)
El mismo domingo, en la tarde, Cepeda publicó un comunicado en X y en el trino que lo acompañó le pidió a El Colombiano publicar “de manera rigurosa y textual” lo que dijo en Medellín el 12 de febrero. El comunicado asegura que hay una “campaña de desinformación que busca tergiversar su discurso en Antioquia”.
Ese periódico le respondió al candidato que “lo único que hizo fue recoger el fenómeno de una creciente indignación por sus palabras”. El intercambio terminó con un mensaje en el que Cepeda dijo que la función de ese medio debería consistir “en informar y no en inducir emociones o crear estados anímicos artificialmente”. Después de esa solicitud, El Colombiano actualizó su primer artículo e incluyó el contexto que daba el comunicado de Cepeda sobre el resto de su discurso en Antioquia
Señoras y señores @elcolombiano:
— Iván Cepeda Castro (@IvanCepedaCast) March 15, 2026
Respetuosamente solicito a ustedes publicar, de manera rigurosa y textual lo que dije en Medellín el pasado 12 de febrero, y que aparece en el comunicado anexo.
Esto con el fin de permitir a sus lectores una visión no descontextualizada y que… pic.twitter.com/zGLqSXd6k7
El tercero de sus artículos estuvo centrado en la reacción de la candidata Paloma Valencia. “‘No seré antioqueña, pero la defenderé con la vida’: Paloma Valencia le salió el paso a Iván Cepeda”, tituló El Colombiano. En esa nota recogió la intervención virtual de la aspirante del Centro Democrático en un evento político en Rionegro: “Hoy amanecemos con los insultos de Iván Cepeda y desde aquí quiero decirlo fuerte y claro, Antioquia es el ejemplo de Colombia. Antioquia ha sido el departamento que ha defendido la democracia y la libertad”.
Finalmente, en la cuarta entrega, el lunes, El Colombiano calificó como “un profundo rechazo nacional” las reacciones a la afirmación de Cepeda. La nota que salió también en el periódico impreso, tiene un titular más escueto: Repudio a frases de Iván Cepeda sobre Antioquia.
En este artículo, a las voces que ya había citado en los anteriores agregó la del alcalde Federico Gutiérrez —“Reducir esta tierra a estigmas como “la narcoeconomía” es desconocer la historia de millones de antioqueños trabajadores y valientes que hemos sido precisamente víctimas del narcotráfico y la violencia”.— y la del gobernador Andrés Julián Rendón —“los ataques a nuestra región son producto del odio, la ignorancia, del resentimiento y la ruindad”—.
Finalmente, el artículo de El Colombiano recoge, de nuevo, la reacción de la candidata presidencial Paloma Valencia, otra del concejal de Medellín Sebastián López, también del Centro Democrático, y cierra con el trino con el que Petro, sin mencionar a Cepeda, entró este domingo en la discusión.
“Al pueblo trabajador del que se enorgullece la élite antioqueña, lo masacraron los paramilitares dirigidos por la narcopolítica de Antioquia, es por eso que Antioquia tiene el mayor número de víctimas de la violencia”, escribió el presidente. Entre muchas otras interpretaciones sobre la historia del departamento, Petro también lanzó una indirecta: “La apropiación comunicacional de un grupo económico que es regional y multinacional al mismo tiempo, sume la ideología de la sociedad antioqueña bajo los valores de la ideología del grupo económico y no permite diversificar las miradas y lograr el pluralismo informativo”.
Al pueblo trabajador del que se enorgullece la élite antioqueña, lo masacraron los paramilitares dirigidos por la narcopolítica de Antioquia, es por eso que Antioquia tiene el mayor número de víctimas de la violencia.
— Gustavo Petro (@petrogustavo) March 15, 2026
Sucede que la gente del Poblado, en buena parte, desconoce… https://t.co/UPkBfg11wE
Una de las respuestas a ese trino de Petro, en la noche del domingo, fue de la directora de El Colombiano, quien le dijo al presidente que “ni los antioqueños ni la Colombia trabajadora le va a hacer el juego a ese discurso de odio que usted quiere imponer contra Antioquia”. En su publicación, Sierra también destacó a varios empresarios para referirse a la élite antioqueña que, según ella, Petro nombra “con desprecio” aunque le han aportado “empleo, solidaridad y un modelo de progreso público-privado del que nos enorgullecemos”.
En su entrevista con El Armadillo, Sierra dijo que considera que la intención de Petro con sus declaraciones es puramente electoral. También afirmó que El Colombiano no ha hecho varias historias respecto a esta polémica, sino que se trata de una sola que ha tenido desarrollo en las plataformas digitales y el periódico impreso. Y defendió que, aunque el discurso ocurrió hace más de un mes, se convirtió en noticia ahora por la inclusión de esa afirmación en el documento que hace parte del programa de gobierno de Cepeda y por la indignación que esto despertó.
Además, consultada sobre si consideraban analizar con expertos, sentencias o documentos académicos las afirmaciones del senador Cepeda, dijo que ese trabajo lo ha hecho El Colombiano durante más de 30 años.
En el cuestionario que enviamos a la campaña de Cepeda preguntamos, entre otras cosas, si el candidato cree que sus afirmaciones admiten discusión, si considera necesario aclarar o precisar el sentido de algunas de sus palabras más allá de lo dicho en el comunicado público y por qué se titula programa de Gobierno a un documento que es apenas un anexo con sus discursos, pero al cierre de este artículo no había respondido a esas preguntas.




