Coonvite: arquitectura del cuidado en una ciudad autoconstruida

Por El Armadillo

-

4 de abril de 2025

El 18.4 % de las viviendas en Medellín tiene déficit cualitativo: son casas donde los pisos son de tierra, los techos son inseguros, los baños u otros espacios son inadecuados. Coonvite es una juntanza de mujeres que busca democratizar el acceso a la arquitectura para reducir ese déficit.  

Por: El Armadillo*


Mientras organiza la auyama para la sopa del almuerzo, doña Marina cuenta que hace 30 años salió de Buriticá y llegó a Medellín; y hace 10 vive con su hija, su yerno y su nieto en su casa en el barrio Picachito. Ella es quien más permanece, cuida y se encarga de la casa, pero la compraron su hija y su yerno “porque apareció esa oportunidad”.

La casa de antes era muy diferente a la de ahora. El techo que era de retazos de tejas y palos y estaba a poco más de dos metros de distancia del piso, ahora es nuevo y más alto. El piso, antes de cemento, está cubierto ahora por baldosas con vetas azules, doradas y negras y queda brillante con solo una o dos pasadas de la trapeadora. La cocina es más amplia y tienen un cuarto nuevo, porque su nieto, que ya tiene 16 años, necesitaba y quería un espacio solo para él. 

Hasta hace tres meses la casa era casi la misma de hace 10 años. Querían cambiar el techo, que por bajito les daba más calor y a veces dejaba pasar chorros de lluvia. Ya está “buenecito”. Lo arreglaron junto a Coonvite, una cooperativa de mujeres que decidieron repensar y democratizar la arquitectura para convertirla en una herramienta de cuidado y, entre otras cosas, aportar a la solución del déficit cualitativo de vivienda en Medellín. 

Las principales integrantes de Coonvite son cuatro mujeres. Aunque el director actual es un hombre, Juan Miguel Vélez, por sus principios la cooperativa se nombra con el plural femenino: nosotras.

Desde el balcón de la casa de doña Marina se ve, anaranjada y gris, la zona nororiental de Medellín, con algunos de sus barrios autoconstruidos por sus habitantes, sin las licencias, los planos, ni la planeación que sugiere la teoría. Barrios que en la práctica se han hecho entre vecinos, al sazón de convites y sancochos, han llenado esta ciudad de calles, canchas y hogares.  

Las viviendas componen alrededor del 70 % del tejido urbano en la mayoría de ciudades, según ONU-Hábitat, pero “su sentido de facilitador ha fracasado y se ha convertido en un factor de desigualdad social y económico (…) Adicionalmente, la falta de calidad es mucho mayor que la falta en cantidad”.  Esta es la historia de doña Marina y de las arquitectas que antojaron a su familia de mejorar su casa y la contagiaron con el bichito de vivir mejor. Todo comenzó con una idea simple: arreglar el techo.

Aunque en enero les entregaron el techo nuevo, a mediados de marzo doña Marina le escribió a Maryelín (Mar) Botero, una de las arquitectas fundadoras de Coonvite: “Mar, ¿cómo está? ¿Cuándo va a venir para que vea cómo tengo la casa de bonita?

Al llegar al Picachito, Mar se perdió porque la casa cambió tanto que hasta la puerta principal quedó en otro lado. Esta es una de las más de 230 viviendas que Coonvite, apoyado por otras empresas y cooperativas, han mejorado y cuidado en la ciudad.

Surely, la hija de doña Marina, y su esposo decidieron hacer otras mejoras con la plata que se ahorraron en el techo nuevo, porque lo hicieron con un subsidio de Comfama. Coonvite puso el trabajo técnico y la ejecución.

El convite, donde todos ponen

Es jueves y son las 2:00 de una tarde que amenaza con llover.  Hoy hay convite en el café de Otraparte, en Envigado. Laura, Vanesa, Ximena, Juan José, Faustine, Maryelín y Juan Miguel, integrantes de la cooperativa, comen empanadas y toman guandolo mientras gestan un proyecto para pintar las salas, cocinas o baños que intervienen en los mejoramientos de vivienda. 

Todas intentan explicar qué es Coonvite y por qué están aquí, y aunque las definiciones varían, una palabra se repite en sus respuestas: hacer. Se conocieron unas con otras lijando guaduas o haciendo cacharros, como le llaman a los dispositivos pedagógicos que hacen mientras hablan de espacio público, memoria, estereotipos o urbanismo. 

Hablan también de “interiorismo táctico”, que busca diseñar espacios pensados  para la calidad de vida de las personas que los utilizarán, como herramienta para seguir bajando el déficit cualitativo de vivienda de Medellín que, en 2023, era de 18.4 % según el Departamento Administrativo de Planeación de la ciudad. Casi dos de cada 10 casas tienen piso de tierra, un baño sin agua, les faltan paredes, puertas o espacios, o  los techos necesitan renovarse como en la casa de doña Marina.

El déficit habitacional se divide en dos: el cuantitativo, en el que están los habitantes que no tienen casa o cuya casa debe ser reemplazada por otra dadas las condiciones en las que se encuentra; y el cualitativo, esas que existen, pero no tienen la calidad necesaria para el bienestar de quienes las habitan. En el país, el déficit habitacional era de 28.9 % en 2023 y de los 18 millones de hogares que había, casi 4 millones (22.1 %) sufrían déficit cualitativo, según la Encuesta de Calidad de Vida del DANE. 

Para explicar ese déficit, Mar Botero reniega de la palabra dignidad. “No son casas indignas. Cualquier hogar es digno. Solo que a algunos les falta calidad”. Agrega que para intentar solucionar ese problema “suelen mandar un batallón de maestros de obra a intervenir las viviendas”, y explica que lo que ellas quieren es implementar la arquitectura de calidad en los mejoramientos, sin desconocer el oficio de los maestros de obra, sino “haciendo llave con ellos”. 

Estas arquitectas proponen abandonar la idea de que la arquitectura se limita a edificios monumentales, y por eso proponen una arquitectura funcional y de bajo costo. No solo se preocupan por intervenir la casa, sino por ofrecerles bienestar a sus habitantes. “La arquitectura está volcada a atender una minoría de la población y la mayoría en toda Latinoamérica está en otras condiciones. Una población que necesita arquitectura con soluciones y calidad. Una producción social del hábitat en pro del intercambio de saberes”, resumen las arquitectas reunidas en Otraparte. 

Coonvite nació en 2018 como un grupo de investigación independiente. Pero luego, guiadas por el deseo de hacer y el interés por la colectividad decidieron que serían una cooperativa, por eso la doble “o”, para terminar de unir al cooperativismo ese término popular que es también una forma de trabajo colectivo entre vecinos, comunidades o familias. Convite, en el argot popular, puede ser otra forma de referirse a lo que la academia y el Estado llaman autoconstrucción.  

Estas arquitectas decidieron adoptar este nombre y estas formas en lo que han bautizado como autoconstrucción dirigida. Es decir, “construir sobre lo construido”. Guiados por ellas como arquitectas, en las comunidades todos ponen: la empresa privada, los materiales o recursos monetarios; Coonvite, el conocimiento técnico y el acompañamiento; y la familia, el conocimiento empírico y la mano de obra, que llega a ser una tercera parte del mejoramiento de su casa. 

Por la naturaleza experimental de lo que hacen, hay profesores y gente que les ha dicho que esto no es arquitectura. Pero a esta juntanza le gusta decir que lo que hacen es “una arquitectura de las cosas pequeñas”. Una arquitectura del cuidado. 

Cuando estas arquitectas van a intervenir una casa, primero visitan a las familias y después levantan los planos de las casas, “que es como la cédula de un hogar”, explica Mar. Ahí sí se asigna un presupuesto y un calendario, y empieza el convite. Lo que buscan es “una arquitectura más solidaria, dispuesta a reconocer, proyectar y construir vecindad”, dice Coonvite en su página web. 

Ese bichito fue el que picó a la familia de doña Marina que, después de terminar el proceso del techo con Coonvite, se decidió a seguir mejorando su casa. Doña Marina, que no ha terminado de organizar los corotos, dice que la casa ha cambiado tanto que todavía se siente extraña, que es como si estuviera en una casa nueva.

Cooperativismo joven y femenino

Las cooperativas de ahorro y crédito representaban, en 2023, el 80 % de todas las cooperativas activas en Colombia, según Confecoop. Sin embargo, hay otras como las de educación, transporte, consumo y las que agremian profesiones como la medicina. Coonvite logró convertirse, según ellas, en la primera cooperativa de arquitectura de la que se tiene registro en el país.

Mar recuerda el proceso: “Ufff, ha sido difícil. Recuerdo una vez en Bogotá que un funcionario nos dijo: ‘¿Por qué mejor no hacen una S.A.S y una fundación para que no den tanta vuelta?’”. Muchas entidades y organizaciones no entendían lo que ellas querían hacer.  

Al ser legalmente una cooperativa ya podían ejecutar proyectos, pero para eso necesitaban pólizas, “pólizas que no teníamos cómo pagar. Ahí llegó la cooperativa Confiar y nos dijo que los podíamos poner de codeudor, así de pura confianza, literalmente, sabiendo que no teníamos nada en las cuentas”, recuerda Mar.  

Desde Confiar sí tenían una visión de lo que Coonvite quería hacer y, además, les gustaba que fueran un proyecto de jóvenes. Ellas agradecen que otra cooperativa las hubiera guiado en todo el proceso de constituirse legalmente, de ejecutar proyectos y de beneficiar a la gente. Pero en otras partes les siguen preguntando: ‘Entonces, ¿ustedes qué es lo que están cooperativizando?’ “Pues la cotidianidad, la vida, la posibilidad de hacer arquitectura aquí”, contesta Mar. Y cuenta que igual no falta el funcionario que pide hablar con Juan Miguel porque necesita hablar con un hombre o que, estando ellas en las reuniones, solo lo escuchan a él. 

En este momento están asociadas directamente Ximena, Isabel, Maryelín y Juan Miguel, pero son un equipo de 12 personas activas. Este jueves el convite era de ocho, pero los ha habido de cinco y hasta de 45 personas.

Coonvite no solo hace mejoramientos de vivienda. También ejecuta proyectos de construcción comercial y hogares de familias particulares, de los que destinan entre el 2% y 5 % a los de beneficio comunitario. 
También ejecutan proyectos de equipamientos, cacharros, experimentaciones y se presentan a concursos y premios, como el de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo que se ganaron el año pasado en Lima con Foonvite: arquitectura para atender el déficit cualitativo habitacional en Medellín, un fondo para mejoramientos que han hecho y siguen haciendo en la ciudad y que junto a otros proyectos ha impactado, según sus cifras, a 2.900 habitantes de barrios que, como el Picachito, se han construido con arquitectura sin arquitectos.

De-construcción

¿A quién le pertenece una casa? ¿A quien la posee o a quien la cuida? Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo de 2021, cerca de 6.5 millones de personas ejercen actividades de cuidado en Colombia, el 78 % son mujeres y la mayoría de esas actividades se hacen en la casa y están relacionadas con el trabajo doméstico.

Doña Marina no es la dueña de su casa, pero es la que más se mantiene allí. “Ellos duermen aquí, pero viven en el trabajo”, dice sobre su hija y su yerno. Aunque la beneficiaria directa del nuevo techo fue Surely, era su mamá la que estaba pendiente, le daba ‘fresco’ a los trabajadores y verificaba que las vigas del techo nuevo estuvieran rectas. 

Mar dice que en la mayoría de mejoramientos de vivienda que hace Coonvite son las mujeres las que saben qué les falta a sus casas. “Más del 50 % de las beneficiarias directas de los mejoramientos de vivienda son mujeres y yo diría que casi el 80 % de las mujeres en los hogares son las que terminan encargándose del proyecto”, calcula desde su posición, porque ellas también saben que están “haciendo combo” en su profesión: en 2019, apenas el 33.4 % de personas en el Registro Nacional de Arquitectos y Auxiliares de Arquitectura eran mujeres.  

“Nosotras hemos estado estudiando el urbanismo feminista, hacia proyectar la ciudad para las mujeres, para poder habitarla con tranquilidad, con seguridad, y lastimosamente esas reflexiones han sido más desde la vulnerabilidad que tenemos”, señala Mar. 

Una casa es un hogar. Y muchas casas son un barrio. Y por eso Coonvite busca reivindicar al hogar y al barrio como los ámbitos primordiales de la vida en la ciudad.  

Mientras tanto, desde esa unidad del urbanismo que es una casa, Doña Marina, ahora bajo un techo nuevo, cuenta que los vecinos le hacen bromas porque está “estrenando” la casa por la que, orgullosa, dice siempre que es “ama de casa”. 

*Este contenido hace parte de una serie de historias financiadas por la cooperativa Confiar, sobre el impacto de proyectos asociativos.

Compartir