El candidato del Pacto Histórico volvió a la plaza pública en Medellín por primera vez luego del escándalo que desató un fragmento de su discurso del 12 de febrero. Su campaña armó una tarima ajustada a lo que pasó en las legislativas del 8 de marzo, profundizó sus acusaciones sobre Uribe —mientras habló de reconciliación y diálogo nacional— y declaró sus apuestas para la primera vuelta del 31 de mayo.
Foto de portada: Edinson Arroyo – Instagram: @eiyco
El candidato presidencial Iván Cepeda volvió a llenar una plaza pública en Medellín. Lo hizo el 28 de marzo, en el parque San Antonio, en su primera visita a la ciudad después de las elecciones legislativas. También fue la primera vez que lideró una concentración de campaña luego del escándalo que hace una semana fabricaron algunos de sus contradictores políticos, que retomaron apartes del discurso que el aspirante ofreció el 12 de febrero, en el que dijo, entre muchas otras cosas, que Antioquia fue la cuna de la parapolítica, la narcoeconomía y el terrorismo de Estado.
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Ese discurso de hace un mes y medio fue la exposición pública de su propia versión sobre la cultura, la política y el conflicto en Antioquia y, de paso, de su estrategia electoral que ha puesto en el centro a Alvaro Uribe. Fue también el espejo de la intervención de Cepeda del pasado sábado.
Ante una plaza que reiteró las arengas de febrero, el candidato del Pacto Histórico dijo que su intención entonces “era destacar la resiliencia y capacidad de transformación de los habitantes del departamento de Antioquia, no estigmatizarlos”, y que las reacciones a sus palabras fueron “una campaña que ha llevado a cabo la extrema derecha” y que constituyen “un típico acto de negacionismo”.
Una tarima para una campaña reconfigurada
Frente al acto del 12 de febrero, los cambios en la puesta en escena y en el foco de las intervenciones fueron la consecuencia natural de los hechos políticos que dejaron las elecciones del 8 de marzo: el más obvio fue, quizá, la desaparición del factor que representaba la consulta del Frente por la Vida, que fue un punto central en el discurso anterior por el llamado explícito que hizo Cepeda a no votarla. Ahora, al resultado que expuso la precariedad electoral de Roy Barreras y Daniel Quintero —los dos candidatos más votados en esa consulta muy poco votada— se sumó la ausencia de ambos en la concentración.
En contraste, Juan Fernando Cristo tuvo un lugar protagónico, no solo en la tarima, sino en el discurso de Cepeda. El candidato le agradeció explícitamente a En Marcha, el partido político que lidera el exministro, con el que anunció una alianza el pasado 19 de marzo, en lo que puede interpretarse razonablemente como un puente entre sectores liberales, el santismo y la campaña de la izquierda.
Pero quizá la aparición más significativa y más ovacionada fue la de la senadora Aida Quilcué. La lideresa indígena caucana, anunciada por Cepeda como su fórmula vicepresidencial el pasado 9 de marzo, habló durante poco más de cinco minutos, justo antes del candidato presidencial. “Acepté el mandato cultural, espiritual y político para decir que nosotros no vamos a retroceder (…) Nos dijeron que no podíamos venir, pero aquí no mandan unos, manda el pueblo”, dijo.

La fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda, Aída Quilcué, en el acto de campaña del 28 de marzo. Foto: Melissa Salazar.
Después de Quilcué, Cepeda tomó un micrófono mientras la senadora Isabel Zuleta, que estaba a unos pasos, metida también entre los escudos antibalas que portaba la escolta del candidato presidencial, animaba cada tanto los cánticos que luego repetía el público. “Compañero Iván, Antioquia te da la bienvenida. Eres una persona grata para el pueblo antioqueño”, dijo, mientras Cepeda desarrugaba varias hojas en las que tenía escrito el discurso que luego leyó, como ha sido costumbre en sus recorridos por el país.
En ese momento, en la tarima se agolpaban otras figuras de la izquierda: en el primer círculo alrededor de Cepeda, además de Quilcué, Zuleta y Cristo, los que estaban mejor puestos para las fotos eran el representante Alejandro Toro y la representante electa Verónica Estrada, que pidió la palabra para entregarle a Cepeda un “paisaporte” para demostrarle “que sí lo queremos en Antioquia”.
Este es el nuevo Paisaporte de nuestro próximo presidente @IvanCepedaCast
— Marlon Bahoque (@MarlonBahoque) March 29, 2026
Ayer el pueblo Antioqueño se lo entrego @ImprentaRep pic.twitter.com/pb6HT0mJfS
También estuvieron cerca, entre otros, la senadora Aida Avella, los representantes Alfredo Mondragón y María Fernanda Carrascal —que minutos antes intervino y terminó mezclando la gentrificación y la turistificación con la problemática de habitancia en calle en Medellín—, el representante electo Hernán Muriel y el exembajador en Nicaragua y senador de la Alianza Verde León Fredy Muñoz.
Este último, que se quemó en las elecciones del 8 de marzo en su intención de repetir curul, se hizo a un espacio en la tarima gracias a la alianza con Cepeda que ese mismo sábado anunció su equipo político, del que también hace parte su sobrino, el diputado Juan David Muñoz. Aunque sin mencionar su nombre, Cepeda agradeció en su discurso por la llegada de “destacados sectores del Partido Verde”.
La que estuvo ausente durante la primera parte del evento y casi hasta que terminó el discurso de Cepeda fue la exministra de salud y senadora electa Carolina Corcho, que había sido muy protagónica en febrero. Solo al final, cuando ya el candidato se había retirado de la tarima, tomó el micrófono y pidió que Antioquia le ponga más de un millón de votos a esa candidatura para ganar en primera vuelta. Desde su equipo nos aseguraron que no existe ninguna razón de fondo para que no haya estado presente desde más temprano y que, simplemente, se retrasó para llegar al parque San Antonio.
“No vengo a retractarme”
Cepeda habló durante 32 minutos, poco más de lo que tomó su intervención de febrero. Nunca mencionó los nombres de Paloma Valencia o Abelardo De la Espriella, y aunque Uribe y “la extrema derecha” volvieron a ser el eje, esta vez se trató, sobre todo, de una respuesta a lo que, como contamos en ese momento, ese mismo sector político convirtió en un escándalo de alcance nacional luego de la publicación de los discursos de campaña del candidato del Pacto Histórico. Incluso, el pasado 17 de marzo, 14 diputados de Antioquia aprobaron una proposición para declarar al candidato “persona no grata” en el departamento.
(Vea también: Cepeda según Antioquia: el establecimiento antioqueño se alinea contra el candidato de Petro con El Colombiano como amplificador)
“El pasado 12 de febrero, en un discurso que pronuncié en un acto multitudinario como este, dije sin rodeos y sin lugar a equivocaciones que admiro y respeto al pueblo antioqueño, y que el pueblo antioqueño ha sido víctima de sectores que hicieron del enriquecimiento criminal su forma de acumulación de poder y riqueza”, dijo el candidato para confrontar la idea de que el apartado de su discurso anterior en el que habla de Antioquia como “cuna” de fenómenos asociados con el paramilitarismo era un insulto contra el departamento.
Muy pronto les puso nombres propios a los que consideró responsables de tergiversar sus declaraciones: “Mis palabras fueron perversamente descontextualizadas por el alcalde de Medellín, el gobernador de Antioquia, algunos diputados y concejales uribistas, así como el periódico El Colombiano que manipularon mi discurso para negar las verdades que dije ese día”, aseguró Cepeda.
Y agregó que un juez le dio la razón, que un fallo judicial ratificó que su “intención era destacar la resiliencia y capacidad de transformación de los habitantes del departamento de Antioquia, no estigmatizarlos”; y que la misma sentencia afirma que en realidad “había hecho referencia a fenómenos de violencia, paramilitarismo y narcotráfico que efectivamente ocurrieron en la historia contemporánea”.
Esa idea responde, en efecto, a un fallo judicial: el 25 de marzo un juzgado de Medellín negó las pretensiones de una acción de tutela en la que tres personas aseguraban que el discurso de Cepeda había vulnerado sus derechos fundamentales a la honra, el buen nombre y el libre desarrollo de la personalidad. El juzgado basó sus conclusiones en el informe final de la Comisión de la Verdad y referenció la creación del MAS (Muerte a Secuestradores) como un hito fundacional del paramilitarismo en Colombia.
Además, el fallo agregó que en el contexto de una campaña presidencial los discursos políticos cuentan con “especial protección constitucional en torno a la libertad de expresión” y “con un menor rango de restricción”. (Vea el fallo completo aquí).
Luego de apoyar su argumento en la decisión de ese juzgado, Cepeda afirmó que el uribismo ha tratado de “borrar o distorsionar de la mente de los colombianos hechos históricos que han sido ampliamente documentados”, que ese negacionismo ha sido una “forma eficaz del poder violento y autoritario” y que ha alcanzado desde la existencia misma del conflicto armado hasta la masacre de las bananeras y el exterminio de la Unión Patriótica.
A partir de ese punto, profundizó su disputa: volvió a mencionar al alcalde, al gobernador, a El Colombiano y a un concejal “energúmeno que blande un bate para amenazar a la gente”, y dijo que no pensaba contrariar su discurso de hace varias semanas:
“Hoy no vengo a retractarme ni a arrepentirme ni a rectificar lo que dije aquí en Medellín en ese gran acto del pasado 12 de febrero. Por el contrario, vengo a reafirmarlo, a decirlo con más contundencia, a ampliarlo y a detallarlo”.

En el parque San Antonio, centro de Medellín, Cepeda leyó un discurso en el que amplió el que dio el 12 de febrero. Foto: Melissa Salazar.
Entre eso que detalló, Cepeda dijo que el expresidente Álvaro Uribe empezó su carrera política de la mano de los “clanes familiares del cartel de Medellín”. Que junto a su hermano Santiago, condenado por homicidio agravado y concierto para delinquir —como creador y líder del grupo paramilitar Los 12 Apóstoles—, fue socio y colaborador de clanes como los Ochoa, los Villegas Uribe, los Gallón Henao y los Cifuentes Villa, “quienes eran —afirmó Cepeda— de la entraña de las estructuras narcotraficantes de Pablo Escobar y de los paramilitares”.
Esas afirmaciones del candidato presidencial sobre los vínculos de los hermanos Uribe Vélez con grupos de narcotraficantes no son una novedad y han hecho parte de los intercambios de acusaciones entre ambos desde hace más de una década.
Por ejemplo, en febrero de 2025, Cepeda ofreció una declaración en el proceso por el que Uribe fue condenado en primera instancia y luego absuelto por los delitos de fraude procesal y soborno en actuación penal. En esa audiencia aseguró, basado en afirmaciones del exjefe paramilitar Pablo Hernán Sierra, que el expresidente y su hermano participaron de la fundación del Bloque Metro, en la hacienda Guacharacas.
Esa finca, ubicada entre los municipios de San Roque y Yolombó, en el Nordeste de Antioquia, fue referenciada por postulados a Justicia y Paz como la primera base de esa estructura y era propiedad de los Uribe a mediados de los 90, cuando empezó a operar esa organización paramilitar. En la misma declaración del año anterior, el ahora candidato presidencial aseguró que entre los promotores del Bloque Metro también estuvieron los hermanos Santiago y Pedro Gallón Henao, y Luis Alberto y Juan Guillermo Villegas Uribe.
Pero de vuelta a lo que pasó el sábado, el discurso de Cepeda siguió centrado en Uribe durante varios minutos: habló de las Convivir, de las masacres de El Aro y San Roque, del asesinato de Jesús María Valle, y de los hallazgos de la contabilidad del paramilitarismo en el Parqueadero Padilla. En ese punto recomendó el libro de la periodista Diana Salinas.
Entonces, basado en ese libro, Cepeda insistió en que esos hechos “están íntimamente conectados con la Gobernación [de Antioquia] en la época del señor Álvaro Uribe Vélez” y agregó que por todo ese contexto decir que “este departamento se convirtió en la cuna de la parapolítica, del narcotráfico y del terrorismo de Estado, no es otra cosa que hacer la constatación de una realidad que es tan evidente como la Muralla China”.
Justo antes de empezar a hacer un giro en su discurso para referirse a la necesidad de ganar en primera vuelta, insistió en Uribe: “Si vamos a hablar entonces de quién es persona non grata aquí en Antioquia (…) entonces, deberíamos comenzar esa lista por el caudillo de la extrema derecha, Álvaro Uribe, y su hermano Santiago, jefe de los 12 apóstoles”.
El “diálogo nacional” 2.0
A partir de ese momento, aunque sin abandonar las referencias a la derecha y al uribismo, Cepeda se enfocó en lo que consideró el “despertar democrático” de Antioquia y dijo que lo que realmente “perturba” al alcalde Federico Gutiérrez y al gobernador Andrés Julián Rendón es la votación que obtuvo el Pacto Histórico en las legislativas del 8 de marzo.
En esas elecciones, de acuerdo con los datos del escrutinio, la lista a la Cámara de Representantes por ese partido obtuvo poco más de 398 mil votos, consiguió tres curules y se ubicó como la segunda fuerza política del departamento, por debajo del Centro Democrático, que puso 747 mil votos y siete representantes.
(Vea también: En Antioquia ganó (una parte de) la derecha, pero también la izquierda: cinco conclusiones de las legislativas)
Cepeda, secundado por las arengas del público y de los políticos en la tarima, aseguró que va a ganar el 31 de mayo en primera vuelta. Y para enmarcar ese propósito, mencionó iniciativas del gobierno Petro como el salario mínimo vital, las reformas pensional y laboral, y la entrega de tierras.
También echó mano de la coyuntura regional para hablar de la iniciativa del gobernador Rendón, aprobada recientemente por la Asamblea departamental, para modificar la conformación de la junta de la Fábrica de Licores de Antioquia, en lo que algunos sectores políticos han calificado como una vía a la privatización.
Entonces, habló de reconciliación. Dijo que no era casualidad haber hecho esa concentración en esa plaza, donde una bomba mató a 23 personas y destruyó una escultura de Fernando Botero. Y recordó que el mismo Botero pidió que la obra original no fuera retirada, pero donó otra que fue instalada a un costado.
“Ese gesto encierra una lección profunda para Colombia. No podemos olvidar, pero tampoco podemos quedarnos atrapados en el dolor. La memoria no es para perpetuar la guerra, sino para impedir que la guerra se repita”, dijo Cepeda.

Asistentes a la concentración de Cepeda el 28 de marzo en el parque San Antonio. Foto: Melissa Salazar.
A partir de ese símbolo, y ese fue el gran giro en su discurso, dijo que espera que sea posible encontrar puntos de encuentro con otros sectores políticos y con el empresariado: “Con la misma fuerza y firmeza con la que decimos la verdad, en este lugar de memoria histórica, quiero invitar a todas las vertientes políticas, al empresariado y a toda la sociedad a dar un paso hacia la reconciliación. A tramitar con responsabilidad y grandeza todos los dolores, todas las verdades, a reparar a todas las víctimas sin excepción, las víctimas del Estado, las víctimas de la guerrilla y de las guerrillas, las víctimas de los paramilitares y del narcotráfico”.
Después dijo que es “urgente construir un gran diálogo nacional” para enfrentar la crisis “cada vez más grave del sistema de salud”, para derrotar la corrupción y enfrentar la pobreza y la desigualdad. Y entonces volvió sobre la idea de ganar en primera vuelta. Mencionó por primera vez al presidente Gustavo Petro, de quien dijo ha hecho “una conducción del Estado coherente, valiente y digna”, e insistió: “Vengo hoy ante ustedes también a reafirmar, sin pretensiones triunfalistas, el objetivo estratégico de esta fase decisiva de nuestra campaña. Venimos a decirle al país con la convicción que nace del respaldo popular que este próximo 31 de mayo vamos a ganar en primera vuelta”.
Esa posibilidad, que se ve remota de acuerdo con los resultados de las encuestas, en todo caso pasa necesariamente por Antioquia. Las cuentas que internamente hace el Pacto Histórico coinciden con lo que dijo Carolina Corcho casi al cierre del evento: a partir del análisis de la votación a Congreso y a Presidencia desde 2010, y de los resultados que obtuvo el pasado 8 de marzo, esa colectividad se plantea tres escenarios. En el más conservador, el departamento le pone a Cepeda 898 mil votos y en el más optimista, llega a un millón cien mil. Que eso ocurra implica superar por mucho los 682 mil votos de Petro en la primera vuelta de 2022 y, más allá de los números, pone a prueba la estrategia de Cepeda de radicalizar la disputa con el uribismo en la entraña del uribismo.





