Nelson Velásquez en la cárcel de Itagüí

Concierto para delinquir: la parranda vallenata en la cárcel de Itagüí le mete más ruido a la paz urbana

Por El Armadillo

-

10 de abril de 2026

La delegación del gobierno en el Espacio de Diálogo Sociojurídico decidió suspender las conversaciones por cuenta de una fiesta en el pabellón de alta seguridad donde se encuentran los voceros de las estructuras criminales del Valle de Aburrá. Averiguamos otros detalles y reconstruimos los antecedentes de la rumba que puso en crisis el proceso.


La canción que se escucha muy al fondo es Suave Brisa, de Los Inquietos del Vallenato. No se ve mucho, solo una reja, una garita de vigilancia y una pared gris. Pero entre el sonido ambiente se escucha una estrofa: 

Ve y le dices que regrese,

que me duele su partida;

que si no regresa no puedo vivir.

El video lo publicó en X, en la tarde del 8 de abril, Claudia Carrasquilla, concejala de Medellín por el Centro Democrático. En su post incluyó también varias fotos en que se ve al cantante Nelson Velásquez junto a otras personas en uno de los accesos a la cárcel de máxima seguridad de Itagüí. “Rumba desde la mañana con Nelson Velásquez (…) ¿Qué estarán celebrando en una cárcel de máxima seguridad que no sabemos?”, escribió Carrasquilla.

Y aunque su publicación no menciona el espacio de la cárcel al que entró el cantante, ni se refiere en concreto a las personas que lo habrían recibido, la situación desató una crisis en el Espacio de Diálogo Sociojurídico (ECSJ) que adelanta el Gobierno Nacional con varios voceros de las estructuras criminales del Valle de Aburrá que están recluidos en ese lugar. 

La secuencia de reacciones del Gobierno y de la delegación oficial indica que la entrada del cantante vallenato está relacionada por lo menos con algunos de los jefes criminales que participan en los diálogos: primero —y ya en la mañana del jueves, aunque con fecha del día anterior— el Inpec emitió un comunicado en el que anunció, entre otras acciones, el retiro del director de la cárcel y una investigación disciplinaria contra siete funcionarios. El boletín agrega que esas medidas “buscan esclarecer las causas de la visita al penal del artista en mención”. 

La clave más importante está en un aparte del comunicado que dice: “Se ordenó la intervención de los grupos especiales en el pabellón de alta seguridad del establecimiento”. El Armadillo consultó a varias fuentes del Inpec y una de ellas explicó que ese pabellón lo conforman los patios uno y dos. En el uno es donde se encuentran la mayoría de los antiguos líderes de las estructuras criminales que actúan como voceros y en el dos están otros integrantes de esas agrupaciones, pero de inferior jerarquía. 

La misma fuente, que conoció de cerca los detalles del operativo del grupo especial que menciona el comunicado, aseguró, por una parte, que la fiesta reunió a presos de ambos patios y que el equipo del Inpec se trasladó a esa cárcel horas después. “Apenas se supo del evento allá ellos fueron. Llegaron y encontraron que [los internos] no se podían tener de la rasca”, dijo. Agregó que, además de Nelson Velásquez, de la fiesta participaron otras dos agrupaciones musicales y que, de acuerdo con la información que circula entre los funcionarios del INPEC, la verdadera razón de la celebración fue el cumpleaños de la hija de uno de los voceros. Justamente los miércoles está autorizado el ingreso de hasta tres personas por recluso, de acuerdo con un régimen especial de visitas acordado en la mesa. 

Las reacciones continuaron con la de Jorge Iván Cuervo, ministro de Justicia. El funcionario aseguró que “lo sucedido” no fue autorizado por el Gobierno, el Ministerio a su cargo ni el Inpec. Luego, pasadas las 11:00 de la mañana del jueves, la delegación del Gobierno en la mesa de diálogos publicó un comunicado en el que dijo que el evento en la cárcel “no hace parte de las garantías de funcionamiento del ECSJ” y anunció la suspensión de “la agenda de interlocución con los voceros de las estructuras hasta no tener claridad sobre su responsabilidad en lo sucedido”. 

Ya en la tarde, la senadora Isabel Zuleta, coordinadora de esa delegación, publicó un video en el que reiteró la decisión de suspender las conversaciones y dijo que estos hechos son “desdeñables porque los protocolos, el reglamento, la política del Inpec tienen que ser respetados por los privados de la libertad”, y agregó que esto “afecta la esperanza de paz urbana”. 

Aunque tratamos de comunicarnos con Zuleta y con otros integrantes de la delegación del Gobierno para ampliar los detalles con los que cuentan y sobre las personas involucradas, no respondieron o se limitaron a enviarnos las comunicaciones oficiales que se conocen hasta el momento. 

De momento, el único de los voceros que se ha referido al tema es José Leonardo Muñoz, alias Douglas. En un comunicado aseguró que no participó en la fiesta; que no contrató, pagó ni se reunió con Nelson Velásquez; que sí recibió la visita de su familia, pero en un lugar distinto; que su salud le impide tomar licor; que rechaza la violación de las normas y pidió que, si existió alguna irregularidad, se tomen “las medidas necesarias con los responsables”.

Una fiesta con antecedentes

A la fiesta en el pabellón de alta seguridad donde se encuentran los voceros de la paz urbana le anteceden varios hechos recientes que han puesto muchos ojos sobre esos diálogos. El primero de ellos ocurrió en febrero y se divide en dos actos. Uno, la filtración de la carta de renuncia a esa mesa de Freiner Alonso Ramírez, alias Carlos Pesebre. 

En esa comunicación, que a propósito fue publicada también por la concejala Claudia Carrasquilla, el excabecilla de Los Pesebreros aseguraba, entre otras cosas, que el diálogo se encontraba en “un punto muerto”, y era conducido con “improvisación” y con “una informalidad persistente.  

El segundo acto es el acuerdo de paz condicionado que el Espacio de Diálogo Sociojurídico anunció el 9 de febrero, al día siguiente de la filtración de esa carta. El documento que las partes firmaron ese día implica el compromiso de llegar a una fase de “irreversibilidad” que supera los hechos puntuales de paz pactados hasta ese momento y transita a un acuerdo general.  

(Lea también: Acuerdo en suelo movedizo: la renuncia de Pesebre y los avances de la mesa de paz urbana de Medellín)

Tal como nos explicó en ese momento la senadora Zuleta, la expresión “condicionado” representa un mensaje al Congreso para que avance en un marco jurídico para el sometimiento que hasta el momento no ha sido tramitado. Pero además, la senadora reconoció entonces que si bien venían trabajando desde antes en el acuerdo, la decisión de anunciarlo justo después de la carta de Pesebre buscaba contener el daño que sus afirmaciones podrían generar al proceso. 

El otro antecedente de esta crisis fue por cuenta de una resolución de la Fiscalía del pasado 31 de marzo con la que levantó, por petición de la Oficina del Consejero Comisionado de Paz, las órdenes de captura contra 23 líderes de estructuras armadas del Valle de Aburrá, entre ellos, varios de los voceros de la mesa de diálogos. La decisión, casi sin efectos prácticos por tratarse en muchos casos de personas condenadas, movilizó los cuestionamientos de opositores del proceso, liderados por el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, y el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón.

Aunque la Fiscalía reversó esa resolución sobre 16 de las 23 personas favorecidas, el ruido por esa medida persiste por el destino de las otras siete y las críticas posteriores de la fiscal Luz Adriana Camargo por considerar que el Gobierno indujo a ese organismo a un error

Finalmente, el pasado 7 de abril, los voceros y la delegación del Gobierno ofrecieron otra rueda de prensa. Allí, en la misma cárcel donde horas después ocurrió la fiesta que tiene al proceso en crisis, anunciaron un nuevo avance: los cinco ejes específicos del acuerdo condicionado que comunicaron en febrero. 

Esto abarca, entre otros puntos, el desescalamiento de violencias, que incluye pactos de no confrontación entre estructuras; la reducción de homicidios y eliminación de fronteras invisibles; el reconocimiento y reparación a víctimas de violencias urbanas; y la sustitución de economías ilegales por alternativas lícitas. En esa declaración ante los medios, junto a la senadora Zuleta, apareció alias Carlos Pesebre.

El jueves buscamos a la concejala Claudia Carrasquilla para preguntarle detalles sobre lo sucedido en la cárcel y por la forma como obtuvo esa información. Su versión coincide, por lo menos en parte, con lo que nos dijo una de las fuentes del Inpec con las que nos comunicamos. También con un video que publicó más tarde el concejal Andrés Tobón, del movimiento Creemos, en el que se ve el concierto de Velásquez con su tarima y el despliegue de sonido dentro de la cárcel, y varias mesas con botellas de whisky y garrafas de aguardiente. Aunque en los 47 segundos que dura ese video se alcanzan a ver unos pocos asistentes, no aparece ninguno de los voceros. 

“Lo que se dice por parte de una fuente que tengo al interior de la cárcel de máxima seguridad es que desde las 9:00 de la mañana estaban haciendo una rumba y que habían contratado a Nelson Velásquez y a un cantante que se llama Luis Alfonso Posada. Que además de eso ingresaron comida y licor, y que tan pronto se supo de esta situación el director, que se encontraba por fuera del centro penitenciario, activó todos los protocolos y puso en conocimiento del director nacional [del Inpec] esta situación”, nos dijo Carrasquilla. 

La concejala agregó que, cuando otros funcionarios de ese organismo llegaron a la cárcel, encontraron a varias personas en estado de embriaguez y rastros de comida y botellas de licor. También dijo que el gasto de la fiesta ascendió a $500 millones, incluyendo los honorarios de los artistas, el licor, la comida y las coimas a los funcionarios del Inpec que permitieron que se hiciera la fiesta de la que, según su versión, participaron entre 80 y 100 personas.

Del segundo cantante que mencionó Carrasquilla, Luis Alfonso Posada, no encontramos rastro. Aunque le preguntamos de quién se trata, la concejala no nos ofreció más información. Nos comunicamos, sin embargo, con el manager del cantante de música popular Luis Alberto Posada, para establecer si se trataba de una confusión en el nombre. Nos aseguró que nada tuvieron que ver con esa fiesta y que, de hecho, Posada ha estado recuperándose de un tratamiento médico. También intentamos contactar al equipo del cantante Luis Alfonso, pero no recibimos respuesta. 

Finalmente, nos pusimos en contacto con el manager de Nelson Velásquez para verificar los detalles sobre su participación. Aunque nos dijo que en el transcurso de la tarde del jueves emitirían un comunicado, al cierre de este informe no lo había hecho y no volvió a responder a nuestros mensajes. También buscamos al Inpec para contrastar lo que algunos de sus funcionarios dijeron extraoficialmente, pero tampoco obtuvimos alguna respuesta distinta al comunicado que fue enviado a medios.

Compartir