El agua que le falta (y que le sobra) a El Faro

Por El Armadillo

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26 de septiembre de 2023

En varias zonas del barrio El Faro, en Medellín, todavía no hay acceso al agua potable. La comunidad ha tenido que trabajar durante décadas para acceder al agua y, a la vez, mitigar el riesgo al que se enfrenta cuando llueve. En agosto de este año la Junta de Acción Comunal socializó un prototipo de recolección y potabilización de aguas lluvias que fue instalado en marzo y es un ejemplo de autogestión ante la incapacidad y la lentitud del Estado.

Por: Valeria Ortiz Tabares


En el camino veo cómo baja una corriente de agua lodosa y no sé de dónde se escapa. El agua se desliza por la calle, mientras que por más de 30 años la gente del barrio El Faro ha luchado para que llegue a sus casas. El Faro está en la parte más alta de la Comuna 8, Villa Hermosa, en la zona centro oriental de Medellín. Limita al norte con el barrio Golondrinas, al sur con Altos de la Torre, al occidente con Llanaditas y al oriente con el corregimiento de Santa Elena. 

Doña Blanca Serna es una de las lideresas del barrio y la fontanera del acueducto comunitario. Llegó hace 28 años. Cuando me recibió, venía de hacer mantenimiento en la bocatoma que está mucho más arriba en la montaña. “Yo me vine de mi vereda en Santa Fe de Antioquia a hacer aseo en casas de familia, porque la finca de donde es mi mamá —que en paz descanse— es muy pequeña y teníamos ya varios pelados, pasábamos mucha hambre”, me cuenta. 

Cuando doña Blanca llegó al sector, no había acceso a servicios públicos ni senderos o una vía de transporte. El agua bajaba desde la quebrada La Castro, que hace parte de la cuenca hidrográfica de Santa Elena, por una zanja que iba hasta donde actualmente está un tanque de EPM. “Se hacía un charquito ahí en un tanquecito que había y cada uno ponía una manguera para llevar el agua a su casa”, recuerda ella. Para ese momento, según cuenta, solo había cerca de seis familias, pero con el tiempo la zona se fue poblando. Según un censo comunitario de 2021, en junio de ese año había 493 viviendas  y poco menos de 1.900 habitantes.

“Nosotros construimos barrio donde era una zona rural de protección ambiental, pero lo hicimos por ignorancia, porque en ese entonces, cuando yo llegué por aquí, no había ningún ente de la Alcaldía que dijera que no podíamos construir un barrio en una zona rural”, afirma doña Blanca. 

El Faro se encuentra muy cerca del Pan de Azúcar, uno de los siete cerros tutelares que son protegidos por el Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Además, está por fuera del perímetro urbano que establece el Plan de Ordenamiento Territorial. Y esa ubicación ha sido una barrera para el acceso de su gente a derechos esenciales. También, una razón para organizarse.  

Los primeros pobladores crearon una mesa de trabajo con el fin de recolectar fondos para el mejoramiento de las vías y la mejora del acueducto comunitario que, según el censo de 2021, seguía abasteciendo de agua al 65% de los habitantes. Entre rifas, bingos bailables, venta de comida y bazares se recolectó el dinero.

José Gabriel González, presidente de la Junta de Acción Comunal, cuenta que ese acueducto comunitario tiene más de 50 años. Existe mucho antes de que El Faro llevara ese nombre. “Otros barrios que antes eran también asentamientos informales y que hoy en día ya están reconocidos por Planeación, se beneficiaron del agua que baja de La Castro”, relata. 

En 2009, la comuna 8 priorizó recursos de Presupuesto Participativo para construir un nuevo mapa que “permitiera a la comunidad autodefinirse considerando sus dinámicas sociales y culturales”, según explica el Plan de Desarrollo Local. Allí se ampliaba el borde urbano para incluir sectores de Golondrinas, Altos de la Torre, El Pacífico, Sol de Oriente, Villa Turbay y Santa Lucía.

Después, en 2011, empezó un proyecto para llevar agua potable a los barrios Golondrinas, Llanaditas, El Pacífico y Altos de la Torre. La iniciativa excluyó a los habitantes de la parte alta de estos sectores que, en respuesta, empezaron a reconocerse como un barrio independiente. Desde entonces El Faro es El Faro

Luego, lo que terminó de unirles como comunidad fue la lucha ante el posible desalojo por la construcción de un tanque de EPM que daría agua a un sector de El Faro y al resto de los barrios ya reconocidos en la zona urbana. Al final, lograron que EPM negociara un terreno vacío para la construcción de la obra. 

El tanque quedó instalado unas cuadras arriba de la casa de doña Blanca. “Cuando recién pusieron ese sombrero, porque yo lo llamo el sombrero de El Faro, la mayoría de la gente dijo que éramos unos vendidos porque le habíamos dado el agua a EPM”, cuenta entre risas. 

En realidad, el agua que se almacena en ese tanque es bombeada desde el circuito que se encuentra en el barrio Llanaditas y nada tiene que ver con la quebrada La Castro, de donde toma el agua el acueducto comunitario. Según el censo de 2021, apenas un 26% de la población de El Faro está conectada al acueducto de EPM. Las personas que no están conectadas a ninguno de los dos acueductos se abastecen de otras fuentes de agua. 

Entre tanto, la JAC creó un Comité del Agua que se encarga de la administración, mantenimiento del acueducto comunitario y la sensibilización sobre su uso.  Quienes hacen parte del Comité son Alba Diosa, tesorera; y doña Blanca Serna, fontanera. Además, mejoraron el cercamiento de uno de los tanques principales, para evitar la contaminación del agua ocasionada por basuras o animales. Para el mantenimiento de las redes y de los tanques, cada familia debe pagar 5.000 pesos mensuales, aunque muchas veces no todos pagan, según cuenta doña Blanca.

Para ir a la bocatoma donde se capta el agua de la quebrada La Castro, nos demoramos aproximadamente una hora caminando desde la casa de doña Blanca. Subimos por unos rieles que llevan a la vereda Altos de la Mora por donde se ven fincas a lado y lado, una cancha de paintball y varias casas en construcción. Por allí pasan carros y motos que ponen en riesgo el tubo madre de seis pulgadas que transporta el agua desde la quebrada y que, en ciertos tramos, está expuesto en la carretera.

Luego, llegamos a un sendero lleno de árboles en el que todavía se logra ver la zanja que hace años abastecía el tanque comunitario donde ahora está el de EPM. Finalmente, estamos en la bocatoma. Le ofrezco a doña Blanca agua que traigo de mi casa, pero ella prefiere tomar directamente de la quebrada.

En ese sitio hay un pozo donde se capta el agua. Luego pasa por el tubo madre que la lleva a un primer tanque que, con la ayuda de un costal, recoge materiales grandes como piedras, ramas y hojas. Después, pasa al tanque desarenador que se encarga de retener la arena, el lodo o la arcilla, para continuar su trayecto por el tubo y llegar a otro tanque que está cerca de donde empiezan los rieles. Allí  están las válvulas para repartir el agua al barrio. Doña Blanca trata de lavar los tanques por lo menos una vez a la semana y cada quince días cambia el costal del primero. 

“Hace como 26 años a nosotros nos tiraron un muerto en el charco, no sé el motivo, pero nos tocó tomarnos un muerto y sí veíamos que bajaban como pelos y piel”, recuerda doña Blanca. Ella dice que ahora, con las mejoras que han hecho en el acueducto, utiliza el agua para tomar, cocinar, bañarse y hacer aseo, tal cual llega. 

“Yo solo ponía a hervir el agua para darle los medicamentos a mi mamá cuando estaba viva y para el tanque de oxígeno que ella usaba, de resto, nosotros la utilizamos así”, me cuenta. Sin embargo, los sábados desde muy temprano deben recoger agua para el fin de semana, debido a que muchas personas suben a la bocatoma a ‘tirar charco’ y bañar a sus mascotas. 

Una alternativa cuando se convive con el riesgo

“La gestión comunitaria del agua va muy asociada a la gestión del riesgo, reconociendo las características geológicas de la montaña y los procesos de urbanización que han sido informales”, cuenta José Gabriel, el presidente de la JAC. La estructura del suelo, la inestabilidad y la poca cobertura de vegetación, junto con la lluvia y las fugas de agua del acueducto comunitario han sido detonantes de movimientos en masa, avenidas torrenciales e inundaciones en El Faro.

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En 2019, la Universidad Nacional de Colombia junto con la Universidad de Edimburgo se articularon al Departamento de Trabajo Social de la Universidad de Antioquia para presentarse a una convocatoria de investigación sobre gestión del riesgo en el contexto del cambio climático. Esto, luego de que la UdeA, bajo la coordinación de la docente e investigadora Ani Lady Zapata, había ejecutado en 2018 el proyecto Aguas y Comunidades en las comuna 3 y 8 de Medellín, enfocado en  alternativas de gestión del agua. 

Hablaron con la gente del barrio y de ese diálogo surgió una idea: “Pensamos en usar las aguas lluvias, teniendo en cuenta que este es un factor de riesgo muy alto en Medellín, como una forma diferente de acceso al agua y a su aprovechamiento con miras a la reducción del riesgo”, comenta la profesora. Así fueron seleccionados tres sistemas diferentes de captación y potabilización de aguas lluvias para los barrios Bello Oriente, San José de la Cima y El Faro. 

El de El Faro, que es el primero de varios que llegarían al barrio, se instaló en marzo de 2023 en la sede de la Junta de Acción Comunal y fue socializado en agosto con los habitantes del sector. Allí, las aguas lluvias son recolectadas por una canoa y luego direccionadas a un tanque interceptor de unos 50 litros que recoge la primera parte del agua que limpia el techo. Después de que el tanque interceptor está lleno, el agua continúa hacia cinco canecas de almacenamiento que están conectadas entre sí y que tienen una capacidad de 120 litros. 

“Muchos dicen que no sirve porque solamente es para cuando llueve, pero si yo me recojo 500 litros de agua ahí, son 500 litros menos que van a estar rodando en las calles y menos riesgo va a tener la ciudad”, comenta doña Blanca.

En octubre de 2022, EPM empezó el diseño y la ejecución de redes no convencionales de acueducto y alcantarillado para el abastecimiento comunitario en el programa Conexiones por la Vida, el cual deberá ser finalizado en 548 días. Hasta el cierre de esta historia, EPM no le había respondido a El Armadillo cuántas personas de El Faro serían beneficiadas y cuántas quedarían sin el servicio. Sin embargo, Alba Diosa, tesorera del Comité del Agua, dijo que el proyecto solo cubriría a las viviendas que están unos metros abajo de la sede de la JAC. Es decir que familias como la de doña Blanca seguirán conviviendo con el riesgo, pero sin agua potable. 

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