El nuevo viejo modelo que pretende dar un giro a El Colombiano

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Luz Maria Sierra reemplazó a Martha Ortiz en la dirección de El Colombiano

Uno de los diarios regionales más importantes de Colombia acaba de reemplazar a su directora y tiene también nuevo presidente. Los dos directivos llegan después de varias movidas empresariales y una reducción de utilidades que pone en cuestión su enfoque editorial y su modelo de negocio*.


La cita fue a las 10:00 de la mañana. Ese martes 24 de agosto de 2021, por primera vez desde que empezó la pandemia y todo el equipo empezó a trabajar desde sus casas, la redacción de El Colombiano se encontró en pleno en las instalaciones del periódico en Envigado. La nueva directora, Luz María Sierra, se subió en la plataforma de las transmisiones de video y, unos centímetros por encima de su equipo, anunció varios cambios. El más importante: retomar el esquema de secciones temáticas que en 2020 eliminó Martha Ortiz Gómez, la directora que estuvo al frente del periódico durante 12 años y dejó ese cargo a principios de agosto.  

“Es el cierre de una etapa que fue traumática. Ese fue un modelo que se implementó en diciembre del año pasado y el 95 % de los periodistas estábamos de acuerdo en que no funcionaba. Teníamos que escribir de todo. De deportes, de música, de conflicto, lo que se atravesara”, le contó a El Armadillo uno de los reporteros que estuvo en la reunión. 

Sierra es comunicadora social-periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana y asumió en propiedad el 9 de agosto. Llegó a El Colombiano luego de ser, desde enero de 2018, panelista de Mañanas Blu, la principal franja informativa de Blu Radio, dirigida por Néstor Morales. Antes fue profesora universitaria, editora general de revista Semana y jefe de redacción de El Tiempo. También trabajó junto a Enrique Peñalosa como estratega de comunicaciones de su última campaña y después fue su asesora en la Alcaldía de Bogotá donde tuvo, en 14 meses, dos contratos que fueron cuestionados y que sumaron poco más de $446 millones para una asignación mensual de casi $32 millones. 

Sus antecedentes en lo público —y su cercanía al poder— se remontan a la década de los 90 cuando fue jefe de gabinete de la canciller María Emma Mejía en el gobierno de Ernesto Samper, luego fue coordinadora programática de la campaña a la Alcaldía de la capital que la misma Mejía perdió con Antanas Mockus en el año 2000. Su más reciente paso por el sector público fue en la Contraloría, también con dos contratos de asesoría de comunicaciones, entre 2017 y 2018 —en paralelo con su trabajo en Blu Radio—, durante el periodo de Edgardo Maya Villazón. 

Negocio de familia


El Colombiano SAS pertenece a siete personas jurídicas que representan a cada uno de los hermanos Gómez Martínez —hijos de Fernando Gómez Martínez— o a sus herederos (ver gráfico). Durante más de ocho décadas y poco después de la fundación del periódico en 1912, esa familia compartió la marca con los herederos de Julio C. Hernández. La división tradicional de los roles en la compañía ubicó a los Gómez Martínez al frente de los temas editoriales y a los Hernández a cargo de la administración del negocio.

Sin embargo, la relación histórica entre ambas familias empezó a deteriorarse desde mediados de los años 90 y, según recuerdan varios antiguos empleados del periódico, las diferencias tuvieron motivaciones políticas. Una fuente le dijo a El Armadillo que uno de los primeros momentos de distanciamiento que recuerda fue en las elecciones regionales para el periodo 95-97. Mientras el candidato de los Gómez Martínez para la Gobernación de Antioquia era el político conservador Alfonso Núñez Lapeira, los Hernández apoyaron la aspiración del liberal Álvaro Uribe Vélez.

“Doña Ana decía que El Colombiano era conservador y que su candidato era Núñez Lapeira. Ellos [los Gómez Martínez] no tenían afectos con Uribe. Se volteó la historia cuando ya era candidato a la Presidencia”, dice un periodista jubilado del diario. 

La persona a la que se refiere esa fuente es Ana Mercedes Gómez Martínez, quien dirigió el periódico entre 1991 y 2012. Llegó a ese cargo en reemplazo de su hermano Juan, quien estuvo al frente desde 1984 y la relevó brevemente en 2012 antes del nombramiento en propiedad como directora de su sobrina Martha Ortiz. De la Dirección de El Colombiano, Ana Mercedes saltó a la política electoral y fue elegida senadora en una lista cerrada, encabezada por Uribe, que presentó el Centro Democrático. Renunció a su curul siete meses después. 

No obstante, entre la “vieja guardia” de los periodistas antioqueños sobrevive el recuerdo de Ana Mercedes Gómez como una impulsora de temas de paz. Incluso, fue durante su dirección que se creó la Unidad de Paz y Derechos Humanos que facilitó la comprensión de la situación de violencia que padeció el departamento durante los 90, principalmente en Urabá, por cuenta de la disputa entre paramilitares, guerrillas y Fuerza Pública. 

Ahora bien, las diferencias entre las dos familias tuvieron episodios de máxima tensión. “Recuerdo que hubo un momento en que Ana Mercedes y Luis Miguel de  Bedout Hernández [quien estaba a cargo de la parte administrativa] ni siquiera se saludaban”, dice otro periodista. 

La solución fue salomónica: en la junta, tradicionalmente ocupada por miembros de ambas familias, nombraron por partes iguales a empresarios que representaran los intereses de los dueños, pero supieran sortear las diferencias. Una de ellas, aunque parezca paradójico, fue justamente la llegada y la continuidad de Martha Ortiz en la Dirección. Su relación con sus tíos Juan y Ana Mercedes era distante e incluso, según varias fuentes consultadas por El Armadillo, fueron los Hernández quienes incidieron en varios momentos en que ella se mantuviera en el cargo. 

Así fue hasta agosto de 2019, cuando los Gómez Martínez quedaron como únicos propietarios del periódico al hacerse con la mitad de las acciones que pertenecía a la familia Hernández. La consecuencia más visible fue la salida de Luis Miguel de Bedout —quien hoy preside la junta directiva de Vorágine— y fue durante 25 años presidente del Grupo Editorial El Colombiano que incluye, en la actualidad, también a las marcas Q’hubo y Gente. 

En el contexto de esa transición en noviembre de 2019 Martha Ortiz anunció, por primera vez, que dejaba la Dirección. Su despedida, una tarde de viernes, incluyó una orquesta tropical y un video de varios empleados compartiendo sus experiencias con la saliente directora; también, una nota, el 8 de noviembre, que destacó su “legado de innovación” y calificó su paso por el diario como “una revolución”. Al día siguiente, otra nota, esta a doble página, incluyó voces de varios dirigentes empresariales exaltando su papel. “La líder que dirigió El Colombiano, con un ejercicio impecable del periodismo, en estos tiempos difíciles”, decía la entradilla. 

Sin embargo, su retiro fue por apenas unas semanas: el 3 de diciembre, en un comunicado interno, El Colombiano les notificó a sus empleados que Ortiz retomaría su cargo con el propósito de acompañar “una etapa de transición” que incluyó, además, la renovación de la junta directiva y la llegada de Pablo Gómez Mora —hijo de Juan Gómez Martínez y primo hermano de la directora reencauchada— a la Gerencia del periódico. 

Martha Ortiz y Juan Gómez, exdirectores de El Colombiano
Martha Ortiz Gómez y Juan Gómez Martínez, exdirectores de El Colombiano. Foto: @MOrtizeditor

La junta, que se mantiene desde ese momento, es en esencia un panel de empresarios: está integrada por Juan Luis Aristizábal, presidente de la constructora Conconcreto; el “gurú” del marketing Ricardo Leyva, CEO de la agencia Latir; la experta en finanzas Alba Luz Hoyos, gerente de la banca de inversiones Estrategia en Acción; Alejandro Mesa, presidente de Iluma Alliance, que reúne a varias empresas enfocadas en nutrición animal; y Juan Luis Mejía, exrector de Eafit. 

El regreso de Ortiz fue también el origen del modelo que acaba de revertir Luz María Sierra. Y en ello fue central la editora general del periódico, Margarita Barrero. Ella, comunicadora social y periodista de la Universidad de la Sabana, llegó a El Colombiano en 2015 como macroeditora digital después de pasar por El Tiempo y Semana. Estuvo en ese cargo hasta 2016 cuando renunció para dirigir la estrategia digital de la Presidencia de la República durante la campaña del sí en el plebiscito por la paz y regresó a El Colombiano en 2017 como editora general, cargo del que salió en 2021 tras el relevo en la Dirección.

“Margarita editaba y metía mano en temas locales en los que claramente no tenía contexto. Preguntaba cosas absurdas como la vez que le pidió a un periodista explicar en una nota de qué vivía la gente en Sabaneta y cuál era su principal actividad económica. Tenía recorrido en medios, pero no era periodista. Poco la leímos en tantos años”, comenta un reportero del periódico. 

Barrero también impuso su criterio en relación con temas y enfoques. Según varios periodistas, en muchas ocasiones exigió a las secciones no incluir temas “negativos” con el argumento de equilibrar los contenidos pese a que era evidente su relevancia noticiosa. Además, según una exempleada del periódico, tenía “un sesgo claro con algunos temas. Había un compañero que hacía crónica con indígenas o personas de escasos recursos y ella decía que esos temas ‘de pobre’ no debían salir tan seguido. Decía que el público era de El Poblado y de Envigado y que a esa gente no le interesaban ese tipo de temas”.  

Otra fuente asegura que el cambio en la estructura de la redacción fue “su embeleco”. Partió de los vientos de crisis que las directivas del periódico empezaron a ventilar a finales de 2019, en paralelo con el cambio en la composición accionaria, y que derivó en reducciones de beneficios laborales que, durante décadas, habían posicionado a El Colombiano entre periodistas de todo el país como uno de los medios de comunicación con mejores condiciones para sus empleados. 

Esas medidas fueron anunciadas a principios de 2020 por el gerente, Pablo Gómez Mora. El 31 de enero de ese año, antes de la pandemia, los periodistas recibieron la noticia de que el periódico reduciría la prima de vacaciones y limitaría a sábados y domingos la suscripción de cortesía que recibían en sus casas. Luego, en abril, el periódico envió otro comunicado interno en el que justificó en la pandemia la eliminación de otros beneficios extralegales como una prima de antigüedad, un aguinaldo y auxilios oftalmológicos. En principio, el alcance de esa medida sería solo por un año, pero hasta el cierre de esta historia algunos de esos beneficios seguían congelados. En aproximadamente un año, entre finales de 2019 y los últimos meses de 2020, cerca de 40 personas entre periodistas, diseñadores y fotógrafos salieron de la redacción, la mayoría, por renuncias voluntarias.  

Los cambios en la redacción fueron, entonces, también parte de esos movimientos paralelos entre lo editorial y lo organizacional. “Ellas [Martha Ortiz y Margarita Barrero] a partir de 2019 empiezan a hablar de la crisis. Ahí es cuando entran a jugar un papel protagónico los resultados económicos y dijeron que había que transformar el negocio para garantizar la estabilidad financiera. Para eso contrataron una consultoría carísima”, recuerda una periodista.  

Esa consultoría fue con la firma Upside Radical Consulting, especializada en transformaciones organizacionales. De allí el esquema implementado a finales de 2020, con toda la redacción trabajando desde casa, que desarticuló las secciones y dividió la redacción en dos bloques que llamaron “mundos”. Así, editores y periodistas pasaron a cubrir de forma casi aleatoria temas diferentes a sus especialidades y, en todo caso, algunos periodistas fueron asignados al día a día y las breaking news, y otros a temas más profundos y detallados. Ese cambio de modelo también implicó la desaparición de la sección de Paz y Derechos Humanos y de la unidad de Investigación, la implementación de un muro de pago para algunos contenidos, y un registro de datos obligatorio para acceder a las publicaciones en web. 

Pero el argumento de crisis que esgrimió el periódico en 2020 para la reducción de beneficios a sus empleados y las transformaciones editoriales requiere un análisis pausado: es cierto que El Colombiano enfrentaba una reducción en sus utilidades, con una descolgada importante a partir de 2015, aunque tuvo un aumento considerable de ganancias en 2018. Esto último, apalancado por la venta de la marca Enmedio, dedicada a la comunicación digital; de sus acciones en Editorial El Globo, propietaria del diario La República —que gerenciaba Juan Carlos Hernández de la Cuesta, heredero de la familia Hernández—; y de su participación en Inversiones Edimedia.

No obstante, hasta 2019 el periódico dejó utilidades, en contraste con la situación de numerosos medios de comunicación impresos de todo el mundo que vieron en jaque su negocio en los últimos años. Las pérdidas para el diario regional aparecieron apenas en 2020, según verificó El Armadillo en los estados financieros de la empresa. Incluso, pidió al Gobierno $1.496 millones como auxilio ante los efectos de la pandemia.

A todo esto se suma que los cambios directivos llegaron justo después de una oferta que se conoció en julio para la venta del periódico, por $7.000 millones, y que estaba firmada por varios empresarios que dijeron actuar a nombre de la Fundación por Medellín. La cara visible de la propuesta, que no fue aceptada, es Manuel Villa Mejía, quien fue secretario privado de Federico Gutiérrez en la Alcaldía de Medellín y, de acuerdo con La Silla Vacía, “es particularmente cercano” a Ana Mercedes Gómez Martínez. 

Esa cercanía se explica porque Villa —que le dijo a La Silla que su aspiración es ser alcalde, pero desistiría para dedicarse a El Colombiano—, es hijo de Juan Ramón Villa Gómez, quien heredó su participación en el periódico de su madre Esther Gómez Martínez, hermana de Juan y Ana Mercedes Gómez Martínez, fallecida en 2016. La conexión de Villa con El Colombiano, además de la oferta de compra, tiene otro antecedente: su nombre sonó con fuerza para la Dirección del periódico al terminar la alcaldía de Federico Gutiérrez, que coincidió con la fugaz salida de Martha Ortiz a finales de 2019.   

Otro aspecto que rodea los cambios en El Colombiano tiene que ver con el lote que ocupa el periódico en Envigado. Se trata de un predio de 17 mil metros cuadrados en un lugar con un evidente potencial urbanístico que no entró en el negocio entre los Hernández y los Gómez Martínez. De hecho, en julio de 2019, apenas un mes antes de que se anunciara que los Gómez quedaban como únicos dueños de la marca, El Colombiano constituyó una fiducia mercantil con Alianza Fiduciaria S.A., por más de $35.000 millones, para la administración de ese lote de cara a un eventual proyecto inmobiliario. 

Incluso, al informar a la redacción sobre el negocio que dejaba a los Gómez Martínez con la totalidad de las acciones, los directivos de ese momento aseguraron que los nuevos propietarios pagarían arrendamiento por el uso de las instalaciones y que, en todo caso, el plazo para que el periódico se traslade de ese predio va hasta agosto de 2022. En los últimos días, sin embargo, se habla extraoficialmente en El Colombiano de una negociación para aplazar esa fecha, pues implica encontrar un lugar para ubicar la rotativa alemana adquirida en 2011, poco antes de la celebración del centenario de ese medio.

En Antioquia no se dice “periódico”, se dice “colombiano”


La llegada de Luz María Sierra a la Dirección del diario estuvo antecedida, apenas unos días, por el nombramiento de Ignacio Gaitán Villegas como presidente de El Colombiano. Gaitán, quien viene de gerenciar iNNpulsa, la agencia de emprendimiento e innovación del Gobierno Nacional, es abogado de la universidad Sergio Arboleda y tiene una larga trayectoria como profesor universitario en las áreas de administración y negocios.  

Aunque menos perceptibles que el de la redacción, en estas semanas se han implementado otros cambios. Por ejemplo, desde el 24 de agosto, el mismo día de la reunión en que se presentó la nueva directora, los lectores de la edición impresa encuentran los contenidos del Área Metro —enfocados en temas de Medellín y Antioquia— a partir de la página cuatro del periódico, después de la portada y “el tema del día”; una posición de mucha más relevancia que aquella que tuvieron durante años, después de las páginas de información nacional. 

Luz María Sierra le dijo a El Armadillo que esa es una decisión editorial para “afianzar la información local y regional, pero sin perder una perspectiva del país y del mundo”. También, que los directivos no le pusieron metas distintas a hacer “buen periodismo”. Y a la pregunta sobre en qué se sustentó el cambio de estructura en la redacción y si considera que el implementado por Martha Ortiz no funcionaba, dijo que “son decisiones internas del periódico que no es del caso exponer en público».

Ignacio Gaitán y Luz María Sierra se reunieron el 17 de agosto con varios alcaldes del Valle de Aburrá y, al día siguiente, con Luis Fernando Suárez, gobernador (e) de Antioquia. En esta foto aparecen con José Fernando Escobar, alcalde de Itagüí. Foto: @adrianahenaop

Lo cierto es que hay un nuevo viejo modelo en un medio de comunicación que cumplirá 110 años en 2022 y que, en poco más de una década, pasó del formato “sábana” al tabloide, priorizó contenidos gráficos, replanteó su estrategia web, su presencia en redes y creó el Ecolab —un laboratorio de innovación dentro del mismo periódico—. 

Todas esas apuestas de Martha Ortiz las destacó una nota del primero de agosto que exalta a la directora saliente, habla de un “cambio de paradigma” y usa una palabra idéntica a la que apareció en una de las notas de su amague de salida en 2019: su paso por ese diario fue una “revolución”. 

Ocho días después otra publicación presentó a Sierra y a Gaitán. El titular es elocuente: “Hoy comienza una nueva era en el Grupo El Colombiano”. Al detenerse en el presidente, que tendrá a cargo la responsabilidad de hacer —o seguir haciendo— rentable el negocio, la nota dice que llega “con la idea de conservar la tradición desde el cambio”. “Tradición” y “cambio” en una misma oración. La paradoja de El Colombiano.

*Notas aclaratorias: 

  1. Vanesa Restrepo, Mateo Isaza y Juan David Ortiz, tres de los cinco cofundadores de El Armadillo, fueron periodistas de El Colombiano durante la dirección de Martha Ortiz Gómez. 
  1. En junio de 2021 la Corte Constitucional falló a favor de Vanesa una acción de tutela que interpuso contra el periódico al concluir que vulneró sus derechos, “puesto que no le brindó una ruta de atención, acompañamiento y apoyo claro y eficaz, con enfoque diferencial y de género” ante una denuncia por violencia sexual por parte de uno de sus compañeros, caso que ella puso en conocimiento de las directivas del periódico. Entre otras medidas, la Corte ordenó a El Colombiano “adoptar un protocolo en el que se prevean rutas claras y efectivas de prevención, atención y acompañamiento en casos de violencia contra la mujer”.