Profesor Jaime Rafael Nieto, UdeA

Del “desdén” de Petro al intento de censura de Fico: hablamos con el autor del libro no leído más comentado del país

Por El Armadillo

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23 de abril de 2026

El alcalde Federico Gutiérrez ordenó cancelar la presentación, en la Biblioteca Pública Piloto, del libro resultado de una investigación sobre el M-19 que estuvo más de 30 años guardada en el archivo del profesor y sociólogo Jaime Rafael Nieto López. En esta entrevista el autor dice que le presentó el libro a Gustavo Petro cuando era congresista, pero que este reaccionó con desinterés.

Por Mateo Isaza Giraldo y Juan David López Morales
Foto: Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la UdeA.


—¿Cuántas entrevistas lleva hoy?
—Yo creo que más de 30.

A las 4:00 p.m., Jaime Rafael Nieto López, profesor jubilado de la Universidad de Antioquia, atendía por teléfono, en una jardinera de la plazoleta Barrientos de esa universidad, la penúltima entrevista del día. Media hora después nos dijo que todavía le quedaba energía, pero que fuéramos por un café. Desde la noche del martes 21 de abril su celular no para de sonar. Durante esta conversación recibió tres llamadas más, todas de conocidos. A una le dijo que estaba dando la última entrevista del día.

La tarde del día anterior, a pocos minutos de iniciar el conversatorio de presentación en la Biblioteca Pública Piloto, el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez ordenó cancelar el evento. “En Medellín nunca tendrá espacio la apología al terrorismo”, dijo respecto al libro de Nieto: El M-19: de la guerra a la política. Según Gutiérrez, el lanzamiento tenía un carácter político. Y Nieto considera que sí, pero no porque fuera proselitista, sino porque llevarlo a cabo contra la orden de Gutiérrez fue “un acto de resistencia”.

Tiene 67 años y, ahora como profesor de cátedra, dicta Análisis de coyuntura en el pregrado de Sociología de la UdeA. Es sociólogo, magíster en Ciencia Política y doctor en Pensamiento político, democracia y ciudadanía . Su tesis de esa maestría fue la investigación que ahora, más de 30 años después, se convirtió en el que por estos días puede ser el libro no leído más famoso de Colombia gracias al alcalde, que tampoco lo ha leído.

Con una camisa gris a cuadros, un blazer azul oscuro, jean azul, zapatos negros y gafas de marco grueso, Nieto habla de las militancias de su juventud, que pasaron de lo clandestino a lo abierto, de su ruptura temprana con la opción armada y de su posterior carrera académica. Por momentos toma tono de catedrático, pero se ríe con frecuencia. Se define como trotskista y dice que por el M-19 siente una “simpatía crítica”. Además, dice que el presidente Petro debería ser más radical.

El Armadillo (EA): ¿Cuáles son sus temas de investigación? 

Jaime Rafael Nieto (JRN): Acción colectiva, resistencia, conflicto armado y movimientos políticos.

EA: ¿Tiene más libros además de este?

JRN: Sí, yo he publicado de mi autoría tres o cuatro libros y en coautoría por ahí otros cuatro libros.

EA: Además de su carrera académica, ¿ha militado en movimientos políticos?

JRN: Sí, yo he sido de izquierda. Tuve desde los 16 años simpatía por el viejo PCC-ML [Partido Comunista de Colombia – Marxista Leninista, movimiento clandestino del que nació el EPL]. Teníamos la expectativa de cargar un fusil siguiendo el ejemplo del Ché Guevara y del comandante Mao Tse Tung, pero ya en el 75, como a los 17 o 18 años, se rompe el viejo PCC-ML, hay una facción que se llama Ruptura que hace una crítica radical a la lucha armada y una apuesta por el socialismo. De Ruptura salimos a fundar el Partido Socialista Revolucionario (PSR) con Socorro Ramírez y Ricardo Sánchez. Recuerden que Socorro Ramírez fue la primera candidata presidencial de izquierda, ya había estado María Eugenia Rojas de Moreno, pero de izquierda socialista fue Socorro Ramírez. A diferencia del PCC-ML, que era más maoísta, el PSR era trotskista. Por allá en el año 85, en esa época difícil en que los paramilitares y el ejército le disparaban a lo que se moviera, se disuelve el PSR, pero algunos seguimos inspirados en el pensamiento de León Trotsky.

EA: ¿Y qué pasa de ahí en adelante?

JRN: Ya me dedico a la academia. Trabajo con Foro Nacional por Colombia, con el Instituto Popular de Capacitación, con la Escuela Nacional Sindical, me vuelvo profesor de cátedra de aquí de la UdeA, de la ESAP, de Unaula, el “profesor Coonatra” que llaman (se ríe). Yo también pasé por esa etapa, hasta que en 1997 me vinculé a la UdeA. 

EA: En su militancia no aparece el M-19…

JRN: No, yo no he sido del M-19. De hecho fui crítico del M-19; padecimos la confusión que padeció toda la izquierda: que no sabíamos qué era el M-19, lo veíamos como muy radical, muy antisistema, pero mandaba señales muy confusas, como esa alianza con la Anapo; confusas como actos terroristas, mataron al líder sindical José Raquel Mercado. La izquierda nunca supo caracterizar al M-19, lo tenían ahí con simpatía, pero también con desconfianza porque algunos decían que era de la CIA. Para cuando irrumpe el M-19 ya estamos en ruptura con la guerra como vía para la acción política. Ni modo de echar para atrás.

EA: ¿No le da temor que su historia de militancia en esa época sirva de argumento para que el alcalde descalifique su libro y su trabajo?

JRN: No, es que a estas alturas yo a qué figuración política puedo aspirar, o sea, ¿qué puedo esconder yo o disimular? Y como yo tengo argumentos para confrontar en un uno u otro terreno, no creo. Si él me dice: “Hey, pero tú vienes del EPL”, claro, ¿y es que los liberales no vienen de las guerras de Santander y Bolívar?, ¿no vienen de los comuneros? O sea, en este país que se ha hecho a punta de bala y de violencia, todos de una u otra manera venimos de esa matriz constitutiva de lo político y nadie puede tirar la primera piedra en contra de nadie.

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EA: ¿En qué momento hizo la maestría? 

JRN: Yo me gradué en 1995.

EA: Nos decía que el M-19 era una incógnita para la izquierda. ¿Eso tuvo que ver en qué decidiera hacer su tesis de la maestría de eso? 

JRN: No, no, no, en absoluto. 

EA: ¿Cómo llega entonces al interés por el M-19?

JRN: Cuando mi hermano Eduardo y yo estábamos en el camino de presentar la tesis de pregrado para graduarnos [estudiaron juntos] definimos un programa de investigación sobre las terceras fuerzas políticas en Colombia. Nos llamaba la atención que lo que circulaba en la literatura académica, de manera hegemónica, eran estudios sobre los partidos tradicionales. Y entre ellos también el Partido Comunista, que ya se había convertido en un partido tradicional, ¿cierto? 

Me acuerdo que una vez la revista Magazín Dominical de El Espectador publicó un número temático sobre las terceras fuerzas. Y nos llamó mucho la atención un artículo de Orlando Fals Borda sobre las terceras fuerzas, pero nos atrajo el artículo a pesar de que tenía el enfoque equivocado. Y lo empezamos a discutir. Logramos lo que antes llamábamos un marco teórico sobre terceras fuerzas y nos concentramos en tres experiencias: el republicanismo de Carlos E. Restrepo, el unirismo de Gaitán en los años 30 y la Anapo. Ahí está esa tesis en la biblioteca [señala al edificio a sus espaldas]. Al jefe [del programa] no le gustó, nos hizo bullying, la verdad. Es verdad, nos botó la tesis. 

EA: ¿Y por qué no le gustó? 

JRN: Yo creo que había una suerte de piquiña, una disputa, porque veníamos de militar en Ruptura; él se retiró, entonces él tenía ahí como una cosa con nosotros. Le cogió animadversión al proyecto. 

EA: ¿No es esta entonces su primera publicación polémica? 

JRN: No, no, yo he sido polémico toda la vida. De hecho mi inteligencia se ha desarrollado gracias a la polémica. Yo quieto no soy capaz de producir una sola idea. Siempre he estado en la polémica, en la discusión. 

[Retoma] Entonces, lo que yo veo a comienzos de los años 90 es la experiencia del M-19 ante mis ojos. 

EA: Claro, acaba de pasar el proceso constituyente…

JRN: Claro, lo veo ante mis ojos y digo: “Juemadre, esto no es la gente que está robando panela en los barrios y regalándola a los pobres, haciendo populismo urbano, a lo Robin Hood social. Esto es una cosa de mucho peso”. Y es una tercera fuerza política que se ha convertido en segunda fuerza en la Asamblea Constituyente, después del partido Liberal. Eso me captura del M-19, su virtual conversión en tercera fuerza política, que era mi tema de investigación. Ahí formulo el proyecto y me voy encontrando con un punto que es neurálgico y que a mí me apasiona cuando lo abordo teóricamente y es: ¿qué es lo característico del M-19 como tercera fuerza política? 

Para decirlo resumidamente, es que es el primer actor armado y la primera tercera fuerza política de los últimos 40 o 50 años que supo conjugar la guerra con la política. ¿Y qué es conjugar la guerra con la política en la experiencia del M-19? Porque guerra y política la han tenido varios, el Partido Comunista, las Farc. ¿Qué es lo característico? Hay algo que no podemos perder de vista y es que el M-19 es un movimiento revolucionario cortoplacista. No es de guerra popular prolongada, de esperar resultados en 20 o 30 años. No. Decían: “No vinimos a ser guerrilla para toda la vida. Aquí vinimos a cambiar este país”. Guerra y política significa producir acciones de fuerza, hacer guerra para producir resultados políticos y así instalarse y dinamizar la coyuntura política; y, dinamizando y articulando la coyuntura política, legitimar la guerra. Fíjense que es un movimiento de doble vía: la guerra como vía para hacer política y la política como mecanismo de legitimación de la guerra. Ningún otro movimiento de tercera fuerza lo había hecho.

EA: Entonces usted en la maestría decidió hacer la tesis sobre el M-19 que además venía de tener ese lugar protagónico en la Constituyente. ¿Cómo es que esa tesis de maestría de inicios de los 90 llega a ser publicada en el 2026? 

JRN: Yo en un comienzo tuve el interés de que la publicara el Instituto [de Estudios Políticos], pero no sé, no le pararon bolas. Incluso en 2009 fui a la oficina de Gustavo Petro, en ese tiempo él era creo que representante a la Cámara [era senador]. Yo se la había mandado porque un compañero del Polo Democrático se había interesado. Nos entrevistamos con Petro, y pues Petro me saludó, me felicitó por la tesis, pero la actitud de él fue realmente muy desdeñosa, como de cierto desinterés. Ahora que conozco su libro [Una vida, muchas vidas], logré entender por qué su desdén. Es porque él no aparece mencionado por ningún lado. Y yo lo digo en el epílogo de este libro: Petro no tuvo ningún rol. Él dice que era el que le hablaba al oído a Pizarro y que Pizarro entendió de política gracias a él, pero en mis documentos, fuentes y entrevistas este señor nunca sale. Petro lo que construye en su libro es un actor que era como una rueda suelta de la dinámica más general del M-19. O sea, un Petro que hacía política pública legal en su pueblo, Zipaquirá, en clave obviamente del M-19, pero como un actor más público.

EA: De alguna manera, ya que el alcalde pone esta conversación en términos de historias reescritas, ¿Petro ha querido reescribir su lugar en la historia del M-19?

JRN: Le voy a mandar un ensayo mío, de 19 páginas, que ya lo publicó Desde Abajo en su portal, que se llama: Petro no es de izquierda: réplicas y contraréplicas. 

EA: O sea que este libro tiene una particularidad y es que Petro lo leyó y no le hizo mucha gracia y a Federico Gutiérrez, sin leerlo, tampoco…

JRN: Es que una investigación académica que sea apologética no es investigación académica. ¿Cuál es el sentido de la academia? Cuestionar, criticar, preguntar, incomodar al poder. 

EA: Nadie se animaba a publicar entonces, ¿qué pasa después?

JRN: Después se lo muestro a otros amigos del M-19 aquí en Medellín que yo sé que tienen acceso a María José Pizarro y no sé a quién más, porque entonces se les dio a todos ellos por publicar sus memorias y yo decía que por qué no me publicaban mi texto. Ninguno se interesó, nadie, pero yo sabía que ahí lo tenía. Yo soy analista de coyuntura y como tengo mis ojos puestos en la dinámica política y social, viendo la campaña presidencial de 2022 en la que gana Petro, en la que va convocando multitudes, en esas multitudes veo por allá discretamente aparecer banderas del M-19. Uno por su objeto de estudio desarrolla un cierto afecto, ¿cierto? Yo no soy del M-19, es más, soy crítico del M-19, pero le tengo afecto. Y después, en los debates televisivos y en la revista Semana, esta señora Vicky Dávila y todos arremetiendo, diciéndole a Petro que era guerrillero, que reconozca que es del M-19, terrorista, que respondiera por lo del Palacio. Ahí dije: “Uy, este es el momento de publicar este libro, porque es importante que un público más amplio conozca la experiencia real del M-19, cuáles fueron sus aportes, sus errores, etcétera”.

EA: ¿Cómo hace su investigación y cuáles son sus fuentes?

Hombre, esta investigación se hizo “con las uñas”, O sea, quiero decir, con lo que había en ese momento. No había libros sobre el M-19. Había entrevistas a comandantes del M-19, publicadas por Patricia Lara (Siembra vientos y cosecharás tempestades). Noches de humo, de Olga Behar; de Arturo Alape; de Patricia Ariza… Pero eran entrevistas, todo muy fragmentado. Jaime Bateman le dio una entrevista a Germán Castro Caycedo también. Esas eran las fuentes, y las otras eran fuentes documentales: la revista Semana, otras revistas, archivos de prensa, documentos mimeografiados de la organización que circulaban por ahí y a los que yo tuve acceso. Y dos entrevistas personales, de comandantes, pero de cuadros medios. 

EA: ¿Y este trabajo [hoy publicado] tuvo actualización?

JRN: Nada. No lo vi necesario. Yo miro el material y no me explico cómo escribía yo tan bien hace 30 años. No le cambié una sola coma, simplemente corté la parte dedicada demasiado a la Alianza Democrática-M19 [el partido que surgió de la desmovilización de esa guerrilla], para centrarme en el M-19. 

EA: ¿Ni siquiera le pareció necesario con el hecho de que Petro sea presidente? 

JRN: Lo único que hice fue el epílogo, que se fue enriqueciendo. Son nueve paginitas finales: “Del M-19 a Petro presidente”. Es lo único nuevo. Entonces se lo mandé a la asociación [de profesores de la UdeA, Asoprudea], porque cuando yo fui presidente de Asoprudea edité muchos libros de colegas. Pero, con tan mala suerte para mí, que no hay fondos para editarlo. Entonces me editan en digital con muchos horrores ortotipográficos. Quedé aburrido con esa edición. Y yo tenía contactos con Desde abajo, que ya me habían publicado este libro [señala en la solapa de su nuevo libro la portada de Resistencias: capturas y fugas del poder] en 2008. 

EA: ¿Entonces fue entre el año pasado y este año? 

JRN: Sí, toda la corrección fue en enero, febrero. Más de 30 años después. Y yo estoy muy contento con el libro, la verdad, aunque hay todavía alguno que otro error ortotipográfico por ahí. 

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EA: ¿En qué momento se entera de que el alcalde mandó a cancelar el lanzamiento? 

JRN: Hombre, faltando 10 o 5 minuticos, que me llama mi hija, la que estuvo al frente de toda la organización del evento. “Ve, es que me dice el director que el evento está cancelado”. Y yo digo, “¿es verdad?” “Sí. Viene una orden del distrito, de la Alcaldía de Medellín, que el evento queda cancelado”. “¿Cancelado? ¿Y por qué? ¿Y por qué me dice solo esto cuando la gente ya está ahí?”. “No, que por ley de garantías”. Y yo no soy abogado, pero en mi condición de ciudadano sé que la ley de garantías opera para que el Estado o las entidades oficiales no hagan ningún tipo de contratación, pero nunca para prohibir un evento político, público, académico. Además, para este evento no había pagos de ningún tipo. “¿Cómo se traduce eso?”, y me dicen: “No, no, es por proselitismo político”. Yo le dije: “¿Usted está diciendo que el evento que yo he preparado, que este libro es para hacer proselitismo?”. A mí personalmente me dejó muy sorprendido. Incluso por algunos segundos entré en mutismo: “¿Cómo puede estar pasando esto?”. Me parecía inaudito.

Entonces hablamos con el público: “Ustedes ya no son externos al evento, sino que son parte constitutiva. Por consiguiente, cualquier decisión sobre el evento les concierne también a ustedes. Tenemos tres opciones frente a esta decisión arbitraria del alcalde. Tres respuestas posibles: Una, que cancelemos el evento y nos vamos todos tranquilos para nuestras casas. No ha pasado nada. Dos, aprovechar los contactos, como aquí hay colegas, profesores, a ver si alguien puede conseguirnos por aquí cerca un local, un café, unas escalinatas a donde podamos desplazarnos. O tres, seguir en el evento”. Un breve intercambio y por unanimidad nos quedamos. 

Algunos argumentaron de mil maneras una tesis que me llamó mucho la atención, que es la de la resistencia. “Profe, esta es la Biblioteca Pública Piloto, una institución emblemática de Medellín por donde han pasado cantidad de intelectuales que han dejado sus libros. Y aquí han leído cantidad de generaciones. Es un espacio público por excelencia para la academia y la cultura. Su libro no lo hemos leído todavía, pero no tenemos la menor duda de que es un libro académico. ¿Y qué mejor espacio para deliberar sobre lo que usted nos va a presentar de su libro? Para eso es la Biblioteca Pública Piloto”. A mí me pareció un acto, ahí sí, político, pero no proselitista. Un evento político en el sentido amplio que lo concebimos los politólogos. No en el sentido restringido convencional que se concibe en Colombia como un acto político proselitista partidista. Era un acto político en el sentido de que la ciudadanía se apropia de un espacio público y lo hace respetar y valer como tal.

Fragmento del flyer que compartió el alcalde Gutiérrez con la orden de cancelar el lanzamiento.

EA: El alcalde ha planteado la conversación en términos de lados de la historia. Dijo: “Yo sé de qué lado de la historia estoy”. ¿Cómo lee usted esa posición?

JRN: Primero, es legítimo que cada cual se ubique del lado de la historia que mejor le parezca. Hay unos que se ubican del lado de la historia en un sentido progresivo.

Hay otros que se ubican del lado de la historia en un sentido regresivo, reaccionario. Lo importante es que independientemente del lado de la historia en el que estemos siempre respetemos el lado de la historia que otros quieran tener. Porque la historia no es monolítica, la historia la hacen los actores sociales y políticos en su momento, en disputa por la conducción de la sociedad.

EA: De hecho el concejal Andrés Tobón habló de una “batalla cultural”, de una lucha contra una supuesta narrativa de resignificación de la historia del M-19. ¿Cree que existe esa lucha de alguna manera? 

JRN: Debería existir. De hecho, mi propuesta es una resignificación del M-19. En el evento hubo uno de los ponentes muy de las entrañas del M-19. Su intervención yo la leí muy apologética al M-19. De hecho, yo le tuve que replicar porque yo era el autor del libro. Yo tampoco quería que el evento apareciera como haciendo apología porque le estaríamos dando la razón al alcalde.

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EA: ¿Es una resignificación en qué sentido? 

JNR: Bueno, una resignificación en el sentido de que hay un actor que no se está desarrollando de manera teleológica, que nace, crece, se desarrolla, se reproduce y ya. Que es la visión romántica, apologética de un M-19 sin fisuras. En cambio, yo estoy proponiendo una resignificación que permita ver las contradicciones del M-19 consigo mismo, con sus imaginarios, con sus formas de lucha, con las posibilidades de acción que pudo utilizar y no utilizó, con las inconsistencias entre métodos de lucha por un lado y resultados por otro. Y también su resignificación desde el punto de vista político estratégico porque yo no he dejado de ser trotskista, ¿cierto? Y para mí el M-19, con todo el respeto que me merece, es un movimiento político de carácter reformista. No busca transformar el sistema del capitalismo en el cual estamos viviendo, sino antes potenciarlo más, desarrollarlo más, como lo dice Gustavo Petro: “Necesitamos más capitalismo, un capitalismo más productivo”. En cambio yo diría: suficiente con el capitalismo. Pensemos en una sociedad alternativa donde desarrollemos también las fuerzas productivas sin destruir la naturaleza, pero bajo relaciones sociales no capitalistas, sino comunitarias, solidarias. Emancipatorias. Si usted la quiere llamar socialista, bueno, llámela socialista. Lo importante es que esté basado en una sociedad autogestionada, autoproducida.

EA: ¿Qué valoración tiene usted del gobierno de Gustavo Petro? 

JRN: Muy crítica. Yo escribí un artículo que incluso por ahí en un chat alguien dijo “Ah, pero este profesor Nieto hace un mes escribió este artículo”, pues, en tono polémico. Me lo publicó el portal de la universidad, pero terrible, ¿no? Ahora estoy descubriendo que editar es censurar. “Tranquilo profe, nosotros se lo editamos”, y se lo editamos es que le van metiendo la mano. Yo incluso le repliqué al chico y le dije: “Vea, ¿usted todavía tiene tiempo de hacerme un favor? Bórreme de la autoría de ese artículo y firmelo usted”. Donde estaba la palabra “revolución”, la quitó. O sea, quería mandar la imagen de que “revolución” no debía estar en lenguaje universitario. Eso fue lo más chocante. Se llama Un desahogo por el cambio. Esa es la primera crítica, aparte del epílogo que también es crítico. Yo lo que le digo en la figura de los perros bravos a Petro es: “Hermano, deje de ladrar tanto. Deje de estarles ladrando a las instituciones del Estado que no lo dejan hacer nada”. Es verdad que no lo dejan hacer nada, pero ya es hora de que muerda y rompa al menos una vértebra. O sea, vaya más allá de estar echándose discursos en las plazas públicas contra el presidente del Banco de la República, contra el presidente del Congreso. Eso está bien. Que se haga. Pero hay que radicalizar eso. Hay que llevar a romperle una vértebra al sistema. 

EA: ¿Qué significa romperle una vértebra al sistema, por ejemplo? 

JRN: Cualquier cosa. Yo soy troscoanarquista. Cualquier cosa. Conmocionar al sistema. Producir efectos políticos, pero dramáticos. ¿Qué sé yo? Tomarse el Congreso. Pero no tomárselo por una vez. Generar una huelga general de masas. Desde arriba y desde abajo. 

EA: ¿Eso no sería romper la institucionalidad? 

JRN: Claro. Porque es que el país ya no cabe en la institucionalidad. Ni siquiera en la institucionalidad que imagina Petro. Yo soy un crítico de Petro. Tengo mi simpatía crítica, porque frente a la derecha, que arremete contra él, es preferible porque, aunque no haga nada, abre espacios de acción política. Y es mejor un espacio político abierto que cerrado.

EA: Para el alcalde, Petro es demasiado radical. Para usted, en cambio, ¿Petro sería muy poco radical?

JRN: Muy poco radical. Debería ser más radical. 

EA: Ahorita hablaba de la necesidad de tomar un lugar respecto a la historia a propósito de lo que decía el alcalde. ¿Cuál es su lugar frente al M-19 y al relato de víctimas y victimarios? 

JRN: Mi lugar es una valoración positiva de la experiencia del M-19. Pero una valoración positiva crítica. La crítica es muy importante, porque si no termina en apología y eso no es bueno ni como ciudadano, ni como académico. Mira: sin el M-19 no se hubiera empezado a hablar en este país de violación de los derechos humanos; sin el M-19 no se hubiera empezado a hablar en este país de paz, desde entonces todos los gobiernos en la disputa electoral hablan del tema de la guerra y la paz; sin el M-19 no hay Constitución; pero a un costo político y humano a veces desmedido como el Palacio de Justicia y el asesinato individualizado de ciertas personas que, aunque fueran del establecimiento, no tiene ningún tipo de justificación.

EA: ¿Para usted reconocer esas conquistas políticas no niega reconocer a las víctimas del M-19?

JRN: Claro, pero más todavía. Es que para mí el lado de la historia no está solo en referencia al M-19. Es estar del lado de la UP, de los movimientos sociales, estudiantiles, campesinos, obreros, indígenas, que han dado su cuota de sacrificio, de lucha, de dolor. O sea, yo no restrinjo el lado de la historia a un actor. Ahí está incluido el M-19. Mi lado de la historia es el de los procesos emancipatorios.

EA: ¿Se imaginó que este libro, guardado más de 30 años, se volviera un fenómeno en menos de 24 horas?

JRN: No me lo esperaba. He pasado del anonimato al estrellato de una manera súbita. Es más, yo iba a ese evento creyendo que era otro evento gris de lanzamiento de un libro, importante, muy bonito. ¿Cómo no lo voy a querer si es mi hijo? Pero yo no esperaba nada extraordinario. Que terminábamos, unos amigos me iban a invitar a un café y a darme las felicitaciones. A las 9:00 de la noche iba a estar en mi casa durmiendo, pero desde anoche no hago sino dar entrevistas. Pero no creas, también se siente uno sobrecogido por la inseguridad, porque yo no tengo ningún aparato detrás de mí, ni armado ni desarmado, yo no soy militante de ningún partido, de ninguna organización. Detrás de mí está lo que pueda decir en mi computador, con los libros, a mis amigos, a mis familiares. Pero a mí alguien que haya escuchado al alcalde decir lo que dijo, “este señor es apologista al terrorismo”, me puede dar cacería yendo para mi casa en mi carro. ¿Cómo me voy a defender yo? Queda uno inerme.

EA: ¿Tiene temor de alguna manera?

JRN: No tengo temor, pero después de todo ese escenario es bastante posible aquí en Medellín. Yo soy realista, no romantizo tampoco la cosa. Casos se han visto. No falta el loquito por ahí que se cree el salvador de este mundo. Entonces hay que andar con cuidado. Por eso me parece peligrosa esa declaración de ese señor. Muy peligrosa.

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