Abelardo De la Espriella dobló la votación de Iván Cepeda y sextuplicó la de Paloma Valencia. Los resultados de la primera vuelta presidencial en el departamento muestran a una derecha que se trasladó de forma masiva y a una izquierda que quedó por debajo de sus expectativas más modestas.
El fenómeno de Abelardo De la Espriella se hizo medir —ahora sí en serio— y su resultado coincidió con la expectativa de sus arengas y de sus encuestas. El candidato costeño ganó la primera vuelta y, aunque se verá con Iván Cepeda en segunda, tiene por delante el camino que parece más claro para quedarse con la Presidencia de Colombia el próximo 21 de junio. Lo que pasó en Antioquia sirve como espejo de su ascenso y también del fracaso de las demás candidaturas.
Vamos primero a los datos nacionales: con el 100 % de las mesas informadas luego del preconteo, De la Espriella obtuvo el 43,74 % de los votos (10,3 millones); Cepeda, el 40,90 % (9,6 millones); Paloma Valencia, el 6,92 % (1,6 millones) y Sergio Fajardo, el 4,26 % (1 millón de votos). Todas las demás campañas quedaron por debajo del 1 %.
Antioquia muestra una relación muy distinta: De la Espriella arrasó con el 54,36 % (1,7 millones), Cepeda fue segundo con el 25,41 % (805 mil), Valencia fue tercera con el 9,28 % (294 mil) y Fajardo fue cuarto con el 7,09 % (225 mil). La interpretación más rápida de estas cifras muestra que el voto en la cuna del uribismo fue más uribista que Uribe.
Estos datos, revisados en contraste con la primera vuelta presidencial de 2022, exponen más continuidades que diferencias: la participación creció, aunque no de manera anormal frente al incremento del censo electoral. Pasó de 2,87 a 3,17 millones de votantes. Entre tanto, y reconociendo los muchos matices entre las candidaturas, es posible afirmar que la matriz ideológica en el departamento se mantuvo casi inalterada. Mientras la suma de Federico Gutiérrez (48 %) y Rodolfo Hernández (18 %) en 2022 alcanzó el 66 % de los votos (1.1 millones), la de De la Espriella (54 %) y Valencia (9 %) en estas elecciones es cercana al 63% (2 millones). Finalmente, mientras Petro alcanzó hace cuatro años el 23,7 %, Cepeda creció de manera apenas leve, con el 25 %.
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Los datos indican entonces que el resultado de De la Espriella en Antioquia duplicó —y un poco más— el de Cepeda, pero además fue casi seis veces el de Paloma Valencia. Y de allí se desprenden por lo menos dos elementos centrales: por una parte, como lo veremos más adelante, que el Pacto Histórico no logró su meta de poner un millón de votos en Antioquia, lo que se basaba en las proyecciones de esa colectividad antes de las elecciones legislativas en las que logró 392 mil votos a Senado y 394 mil a Cámara.
Por otra parte, que el voto de derecha transitó masivamente y abandonó al oficialismo del Centro Democrático porque, como nos lo dijeron varios votantes en distintos momentos de la campaña, consideran que los valores del uribismo están mejor recogidos en la candidatura de Abelardo de la Espriella. Esa, la alternativa de De la Espriella que en todas las encuestas se perfilaba como la ficha más segura de ese sector político para la segunda vuelta, terminó por sepultar la consigna del “voto útil” que se basaba en la idea de que Paloma Valencia tendría más opciones contra Cepeda.
Ese movimiento lo ratificamos en tres momentos durante las últimas semanas. Primero, en las posiciones de un sector del empresariado más tradicional que, pese a su afinidad con el uribismo y a que en un principio respaldó a Valencia, empezaba a acercarse a De la Espriella, tal y como nos contaron varias fuentes a mediados de mayo.
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Segundo, en el cierre de campaña de De la Espriella en La Macarena el pasado 24 de mayo. Allí se reunieron miles de personas que, sin mucho margen de duda, podrían reconocerse como uribistas, pero que para entonces ya habían trasladado sus votos y su respaldo público hacia el candidato de ultraderecha.
Y el tercer momento fue este domingo durante el cubrimiento que hicimos en puestos de votación del nororiente, el sur y el occidente de Medellín. “En mi familia somos nueve, todos uribistas y ya nos volteamos todos a votar por De la Espriella”, nos dijo una mujer que votaba en una escuela de Belén Fátima y que actuaba como testigo electoral de esa candidatura.
Eso, que puede parecer anecdótico, tiene como contexto una desbandada de figuras muy representativas del Centro Democrático o que, en todo caso, hacen parte del círculo más cercano a Uribe. En ese grupo está, por ejemplo, el exgobernador condenado por parapolítica Luis Alfredo Ramos que desde hace varias semanas hace campaña abiertamente por De la Espriella.
También la senadora Paola Holguín que le explicó a Semana poco antes de las elecciones su decisión de no apoyar públicamente a Paloma Valencia y aseguró que su silencio había sido una forma de lealtad. El domingo muy temprano apareció en un video en el que, si bien no dijo por quién iba a votar, llevaba una camiseta de la selección Colombia, el distintivo que la campaña de De la Espriella les recomendó a sus seguidores.

De ese contexto también hace parte la influencia de Creemos, el movimiento político del alcalde Federico Gutiérrez, que desde enero anunció su respaldo a De la Espriella. Esa decisión le representó algunas fricciones con el Centro Democrático, partido junto al que, además de la afinidad ideológica, hace coalición de gobierno en el Concejo de Medellín y la Asamblea de Antioquia.
Si bien sus resultados en las legislativas de marzo —puso dos representantes, pero se quemó su lista a Senado— estuvieron por debajo de sus propias expectativas, los recursos de la administración distrital y de varias alcaldías del departamento, la figuración pública de Gutiérrez posicionado como uno de los más visibles opositores a Gustavo Petro y sus bancadas en la Asamblea y varios concejos son también parte de la explicación sobre la votación de De la Espriella en Antioquia.
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Los antecedentes, sin embargo, pueden rastrearse mucho antes, cuando apenas se discutía el mecanismo para la elección del candidato del uribismo: en noviembre de 2025 en medio de la pelea que terminó con la expulsión de Miguel Uribe Londoño del Centro Democrático, el senador y representante electo Andrés Guerra y el concejal Andrés “Gury” Rodríguez, nos dijeron que era un hecho que De la Espriella ya contaba en su campaña con un sector importante de las bases de ese partido en Antioquia. El domingo en la tarde buscamos a Guerra de nuevo para preguntarle por su interpretación de los resultados: “Paso, campeón —respondió—. Que hablen Paloma y Uribe, es lo adecuado”.
Urabá y Bajo Cauca, los bastiones de la izquierda en Antioquia
La pelea por Antioquia no es gratuita: con 3,2 millones de votos esta es la región que tuvo mayor participación electoral en el país después de Bogotá. Para Abelardo De la Espriella fue, además, fue su mayor plataforma: con 1,7 millones de votos superó los que obtuvo en en la capital del país donde sacó un millón y medio.
En 110 de los 125 municipios de Antioquia, De la Espriella se llevó la mayoría de los votos. Los municipios que más le sumaron fueron Medellín (676 mil), Bello (116 mil), Envigado (106 mil), Itagüí (90 mil) y Rionegro (58 mil). Pero si se revisa el resultado por porcentaje, hubo tres municipios en los que el candidato de ultraderecha fue mayoría aplastante: en Granada se llevó el 77 % de los votos, en Santuario el 73 % y en Salgar el 70 %.
Iván Cepeda sumó 805 mil votos, la votación más alta de la izquierda en unas elecciones presidenciales en Antioquia. Esa cifra muestra un aumento del 24 % frente a lo obtenido por Gustavo Petro en la primera vuelta de 2022. Los municipios que más le sumaron al caudal electoral de la izquierda fueron Medellín con 300 mil votos, seguido de Bello con 63 mil, Itagüí con 39 mil, Apartadó con 32 mil y Turbo con 26 mil.
En 15 municipios, Cepeda fue el candidato más votado: Apartadó, Carepa, Chigorodó, Turbo, Murindó, Mutatá, y Vigía del Fuerte, en Urabá; Cáceres, Caucasia, El Bagre,Tarazá y Zaragoza en el Bajo Cauca; y Remedios, Segovia y Puerto Nare, en el Nordeste y Magdalena Medio.
Si se compara porcentualmente (cantidad de votos versus personas que salieron a votar), hay un patrón a favor de la candidatura de Cepeda en Urabá, con picos como el de Murindó, donde el 92% de los electores votaron por Cepeda; seguido de Vigía del Fuerte (75 %), Turbo (59 %) y Apartadó (58 %).
Solo en tres municipios Cepeda no logró superar la votación de Petro en 2022: Envigado, donde perdió 1.500 votos (5,9 %), seguido de Sabaneta con 325 votos menos (2,7 %) y Briceño con 95 menos (17,9 %).
Este último municipio estuvo en el foco de las autoridades y la prensa en medio de la campaña, luego del asesinato del periodista Mateo Pérez. En su momento, el gobernador Andrés Julián Rendón señaló que los grupos armados estaban coaccionando a los campesinos para que votaran por la izquierda. Pero los datos no le dan la razón: allí De la Espriella se llevó el 56 % del caudal electoral (1.022 votos), frente al 24 % de Cepeda (437). El resultado no es muy distinto a lo registrado hace cuatro años, cuando Rodolfo Hernández sacó 1.309 votos y Petro, 532.
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Una izquierda que ganó y perdió al mismo tiempo
“¡Antioquia rompió el molde!”, trinó el domingo Danilo Castrillón, enlace para Antioquia de la campaña de Iván Cepeda a la Presidencia. Pero la votación de la izquierda fue inferior a la esperada. El 28 de marzo, cuando el candidato asistió por segunda vez a un acto de plaza pública en Medellín, la senadora electa Carolina Corcho tomó el micrófono para pedirles a sus seguidores que Antioquia le pusiera un millón de votos a Cepeda en primera vuelta.
Como contamos en ese momento, el Pacto Histórico hacía cuentas entre un escenario conservador de 898 mil votos y otro muy optimista de hasta un millón cien mil votos. El 100 % del preconteo le da al candidato Cepeda 805.652 votos en Antioquia, por debajo de ambos escenarios. Otro dirigente a quien consultamos este domingo hizo una lectura muy distinta a la de Castrillón: “Pésimos [los resultados]. Nos fue muy mal”, nos dijo.
Lo que pasó este 31 de mayo tiene a buena parte de la izquierda antioqueña entre una lectura pública que se muestra optimista y otra que, angustiada, ve la necesidad de tomar correctivos. La primera es la que ve pequeños triunfos: Castrillón resalta, por ejemplo, 124 mil votos más que los que tuvo Gustavo Petro en la primera vuelta del 2022, así como los 27 municipios donde sacaron más votos que en la segunda de hace cuatro años. “Eso nos permite decir que por lo menos en Antioquia se cumplió la tarea”, nos dijo; agregó que “el único problema” de la campaña está en los resultados de Bogotá.
La otra lectura, más autocrítica, ve necesario recomponer el camino: “El resultado es la consecuencia de una muy mala dirección de campaña tanto en lo nacional como en Antioquia”, según el otro dirigente. Para él, las comunicaciones fueron particularmente carentes de estrategia. Por su parte, Carlos Mario Patiño, abogado y militante del Pacto, nos dijo que la emoción de la noche de los resultados fue “muy parecida a la noche del plebiscito” del 2016, pero que, por fortuna, en esta ocasión hay segunda vuelta.
Para el concejal José Luis Marín, conocido como Aquino, la situación del 2022 lucía más difícil cuando se sumaban los votos de Federico Gutiérrez y Rodolfo Hernández. La diferencia es que en esta ocasión Abelardo De la Espriella “drenó” los del uribismo, lo que permite que hoy tenga una sensación de victoria y sea la campaña que celebra: “Pero si uno mira en Antioquia y en Colombia, Cepeda saca un millón de votos más que Petro hace cuatro años”.
Luisa Fernanda Giraldo, excandidata a la Cámara por el Pacto dijo, mientras todavía salían avances de la Registraduría, que “es claro que para este tipo de procesos las maquinarias salen a jugar” y que ve venir 15 días “de una pelea ardua, de una lucha constante”. Pero para el otro líder que nos pidió reserva de su nombre, el escenario es “muy difícil”: “Tiene que ser que hagan una barrida muy grande en la campaña y pongan a gente capaz”.
Fajardo perdió, pero ganó un poco
El candidato Sergio Fajardo madrugó a votar al INEM José Felix de Restrepo, en El Poblado, y desde allí compartió unas declaraciones optimistas, pese a que varias de las encuestas más recientes lo ubicaban por debajo del 3 % en intención de voto: “Esta es la campaña de la alegría. Tuvimos una avalancha digital, una ola digital extraordinaria, y la estamos luchando hasta el último minuto (…) esto es como en el fútbol: alargue, descuento, el último penal y como el PSG, aquí va Fajardo”.
Los resultados, ocho horas después, mostraron que Fajardo tuvo un repunte, con especial énfasis en Antioquia. El millón de votos que logró en todo el país le alcanzó para la reposición de votos y para ser cuarto en la carrera presidencial pero, a diferencia del PSG, no ganó el campeonato ni va a jugar la final.
En Antioquia, la región donde Fajardo fue alcalde y gobernador, consiguió 225 mil votos que equivalen al 22 % de su votación nacional. En Medellín sumó 105 mil votos, le ganó a Paloma Valencia y fue el tercero más votado por detrás de quienes competirán el 21 de junio.
Además de Medellín, los otros municipios antioqueños que más ayudaron al resultado electoral de Fajardo, y a superar el umbral, fueron Bello (18.325), Envigado (14.177), Itagüí (13.637) y Rionegro (7.243). En todos superó, y hasta duplicó, su 4 % de votación en el país.
Una vez se conocieron los resultados, Fajardo atendió a la prensa y en medio de las arengas victoriosas de su equipo dio las gracias a los electores que lo acompañaron en su tercer intento, fallido, por llegar al menos a una segunda vuelta presidencial: “Este millón de votos es importante para definir la suerte de nuestro país y la voz de nosotros se va a escuchar porque es el futuro de Colombia el que está en nuestras manos (…) no nos vamos a resignar a mirar una confrontación, si no que vamos a ser protagonistas de lo que falta en estas elecciones”.
Le preguntamos al congresista antioqueño Daniel Carvalho, quien hizo campaña por Fajardo, por su interpretación de los resultados: “Debo decir que le fue mejor de lo que muchos esperaban y de lo que las encuestas decían. Me parece que es un millón de votos dignos, ganados con honestidad y con transparencia. Sergio, pese a los errores políticos que se le puedan endilgar, ha sido un hombre honesto, respetuoso y muy coherente”.
Para Carvalho, sin embargo, ese millón de votos no son transferibles a otra campaña: “No sé qué decisión vaya a tomar [Fajardo], pero es imposible pensar que esos votos son endosables. Ante un escenario de tal radicalización, la gente va a tomar su propia decisión independiente de lo que diga el candidato por el cual votó en primera vuelta”.




