Hermanos Miguel Quintero y Daniel Quintero

La historia de negocios y política que hizo crecer la alcancía de Miguel Quintero Calle

Por Juan David Ortiz Franco

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28 de julio de 2026

El hermano del exalcalde Daniel Quintero será imputado por la Fiscalía el próximo 25 de agosto por su presunta participación en una estructura corrupta para influenciar la contratación y saquear al Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Reconstruimos su historia en la política desde que recogía monedas para pagar la campaña que lo llevó al Concejo de Medellín y encontramos, entre otros detalles, que en la actualidad está clasificado en el Sisbén como “población vulnerable”.


Se llamaba Manolo. Eran, en realidad, muchos manolos; 10 mil, decía el entonces candidato Miguel Andrés Quintero Calle. Era 2011, Quintero tenía 36 años y aspiraba al Concejo de Medellín por el partido Verde. Los manolos —alcancías con forma de marrano pintadas de verde, como su partido— fueron su gran golpe de opinión.

Esa campaña, según Quintero, no estaba financiada por el empresariado ni por los políticos tradicionales sino por la ciudadanía que, a punta de monedas y uno que otro billete, pagaba los gastos. Sin embargo, en sus registros oficiales no figura la generosidad de la gente con sus alcancías: de acuerdo con su reporte de la época en Cuentas Claras, su campaña costó un poco menos de $12 millones y de esa plata casi la mitad salió del patrimonio del propio candidato; el resto, de recursos de su partido. No hay un solo registro de donaciones o aportes de particulares. En todo caso, en las elecciones locales del 30 de octubre de ese año Quintero logró poco menos de seis mil votos y una de las 21 curules en el Concejo.  

Han pasado casi 15 años desde esa elección. En este tiempo Miguel Quintero ha fluctuado entre la visibilidad y el bajo perfil. Fue un concejal muy ruidoso y luego un funcionario más o menos silencioso de la Gobernación de Luis Pérez (2016-2019). Pero durante la alcaldía de su hermano Daniel (2020-2024), ahora superintendente Nacional de Salud, su nombre, que parecía haber desaparecido de la escena política, empezó a mencionarse entre rumores sobre supuestas transacciones clientelistas. Luego, con mucha más fuerza, como parte de una gran estructura de corrupción. 

El próximo 25 de agosto, la Fiscalía le imputará los delitos de peculado por apropiación e interés indebido en la celebración de contratos por su supuesta participación en una red que operaba como un comité de contratación paralelo para influenciar decisiones y adueñarse de recursos públicos en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Sin embargo, su historia en los negocios de la política es más amplia y es una buena forma de entender las estrategias con la que su hermano irrumpió en la política regional y nacional.

El Quintero detrás de Quintero

En julio de 2012, seis meses después de que empezó el periodo 2012-2015, Concejo Visible, una organización que en ese momento le hacía veeduría a esa corporación, publicó un video en el que Miguel Quintero hacía un perfil de sí mismo: “Yo llegué a la actividad política por necesidad (…) fue por una situación económica que nosotros vivimos en nuestra familia al punto de llegar a aguantar hambre”. Ese nosotros, y esa historia de carencias como motivación han sido centrales desde entonces en la construcción de su propio personaje y también en el de su hermano. 

En el mismo perfil, reconstruyó la historia que luego, en su propia campaña a la Alcaldía, Daniel Quintero convirtió en consigna: “Mi hermano Daniel se iba caminando para la Universidad de Antioquia todos los días y lo único que tenía para comer era un bocado de agua en una canilla que abría en la universidad”. Y agregó algo más: “Es fundamental hablar de Daniel porque él es la persona que motiva todo este proyecto político”.

En ese momento Daniel Quintero estudiaba un MBA en Estados Unidos y estaba aún muy lejos de ser el personaje mediático en que se transformó tiempo después. Su única figuración política había sido como candidato al Concejo de Medellín por el partido Conservador en las elecciones de 2007, cuando se quemó con poco más de 2000 votos. 

“En esa campaña del 2007 y con el partido Conservador fue que Daniel se hizo cercano a un político que se llama Óscar Iván Palacio, y por eso fue que Juan David, que es hijo de Héctor Iván, terminó en la campaña de Miguel”, nos dijo una persona que conoce de cerca, desde entonces, la trayectoria política de los hermanos Quintero. Como la mayoría de las fuentes que aceptaron hablar con nosotros para esta historia, nos pidió mantener en reserva su nombre. 

Juan David Palacio (tercero de derecha a izquierda) y Francisco Javier Palacio (segundo de izquierda a derecha) durante la campaña de Miguel Quintero. Foto: redes de Miguel Quintero.

La telaraña de relaciones que menciona esa fuente tiene varios momentos y se conecta con la imputación de la Fiscalía contra Miguel Quintero: Óscar Iván Palacio es un antiguo dirigente conservador que fue muy cercano al expresidente Álvaro Uribe. Aunque en los últimos años se ha dedicado sobre todo a su actividad privada como abogado, su última figuración pública fue por cuenta de su fallida aspiración al Senado en las elecciones de marzo por la coalición que conformaron, entre otros partidos, Colombia Renaciente y la Alianza Verde. 

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Entre tanto, dos de sus hijos se dedicaron a hacer política y negocios con los Quintero. Uno de ellos, Francisco Javier Palacio Cardona, fue el gerente de la campaña de Miguel y luego aterrizó en varias posiciones en el Concejo. Más recientemente, durante la administración de Daniel Quintero, fue nombrado personero delegado para asuntos disciplinarios en la Personería de Medellín. 

Su hermano Juan David tuvo un recorrido similar después de la campaña. Su primer cargo con el respaldo político de los Quintero fue como Secretario General del Concejo. “Juan David fue la cuota que le tocó a Miguel en la repartija de cargos que se hace allá al principio de cada período. Fue lo que le tocó porque la pelea fuerte entre los concejales es por la mesa directiva; el de secretario es un puesto más de firmón y se lo dieron como premio de consolación”, nos dijo un exconcejal que coincidió con él en esa corporación. 

Ocho años después, Daniel Quintero fue quien postuló a Juan David Palacio ante la junta del Área Metropolitana del Valle de Aburrá para ser el director de esa entidad. Por sus actuaciones en ese cargo fue que a finales de enero de 2026 la Fiscalía lo imputó por su papel en la misma red de corrupción en la que acusa al hermano del exalcalde. 

Pero de vuelta a la etapa de Miguel Quintero como concejal, varias fuentes que consultamos —entre las que están tres exintegrantes de su equipo, dos exconcejales y otras personas que trabajaron en diferentes posiciones en esa corporación— coincidieron en que recuerdan a su unidad de apoyo como un equipo de amigos, la mayoría con muy poca formación y apenas consolidando un estilo para hacer política.

“Él estaba viviendo su primera experiencia profesional fuerte. Ni siquiera se había graduado cuando fue concejal, pero tenía muchas ganas de hacerlo bien. Y siguiendo la línea de lo que pedía Daniel, intentó ser muy mediático, muy showman. Trabajaba mucho, pero evidentemente no era el mejor ponderado aunque entendía bien la coyuntura y sabía que había que capitalizarla políticamente”, dice una persona que estuvo en ese equipo.

En efecto, Miguel Quintero se graduó como abogado de la Fundación Universitaria Luis Amigó en diciembre de 2013, al final de su segundo año como concejal. Y en su unidad de apoyo estuvieron, entre otros, Juan Pablo Ramírez y Esteban Restrepo, que también se graduaron de sus carreras en la misma universidad cuando ya trabajaban en el Concejo. Ambos se convirtieron luego en secretarios de despacho y en el primer círculo de poder y respaldo de Daniel Quintero en la Alcaldía.  

Pero de ese “estilo” en consolidación se destaca otro asunto que nos mencionaron dos fuentes que lo vivieron de forma directa: parte del equipo que era contratado con los recursos que dispone el Concejo de Medellín para el funcionamiento de las unidades de apoyo entregaba una fracción de sus salarios a Miguel Quintero

“Como jefe y como amigo era excelente. Una persona muy alegre. Conmigo la única cagada que tuvo fue la del salario. Cuando llegué, a mí me ofrecieron un sueldo y me lo cumplieron, pero realmente me hicieron el contrato por mucho más, me pagaban completo y Miguel iba a la casa por el resto de la plata en efectivo. En ese momento yo no lo entendía como corrupción”, dice una de esas fuentes. 

Esas personas y otra fuente que conoció de cerca el funcionamiento de ese equipo nos aseguraron que también era claro que había personas pagadas con recursos del Concejo como parte de esa unidad de apoyo, pero que nunca trabajaron para apoyar el rol de Miguel Quintero como concejal o por lo menos dividían sus funciones entre esa corporación y otras iniciativas privadas de los hermanos Quintero. “Había uno de ellos contratado a través del presupuesto del equipo de trabajo, pero trabajaba sobre todo para Piensa Verde. Hacía de todo: revisaba un proyecto de acuerdo, al otro día algo de la fundación y al otro día algo de Daniel. Pero además, siempre se dijo que la gente de Intrasoft estaba contratada por el equipo, pero con eso nunca pasó nada”, nos dijo una de esas fuentes.

Las dos organizaciones, la fundación Piensa Verde y la empresa Intrasoft, son muy importantes en la historia de los Quintero. La primera —ya desaparecida— tuvo como imagen a un marrano Manolo con un árbol que salía de su ranura y se dedicaba a impulsar iniciativas ambientales. Fue constituida a mediados de 2012 por Daniel Quintero, Pablo Cubides y Mariana Zabala, y logró alguna visibilidad por cuenta de su apoyo a una jornada mundial de siembra de árboles en diciembre de ese mismo año, que fue difundida por el propio Daniel Quintero, que se presentaba como su director.

Mientras tanto, Intrasoft es la empresa tecnológica con la que el exalcalde ha construido su relato de éxito económico y empresarial, y que se ha dedicado, entre otros servicios, al desarrollo de software y el envío masivo de mensajería digital. Aunque fue creada por Daniel Quintero, su hermano Miguel también fue su socio durante un tiempo, lo mismo que Cubides y Zabala, los mismos fundadores de Piensa Verde.

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Otra persona que trabajó en ese equipo dice que esos primeros meses fueron de “mucha rumba”, recuerda a Miguel como una persona cercana y amable con sus empleados, y “muy charlatán”. Separa en dos momentos su periodo como concejal: “Ese equipo al principio era el de los amigos de Tricentenario y de la universidad, pero después intentaron profesionalizarlo”. 

Pero en lo que coinciden todas las fuentes que estuvieron cerca de los Quintero en ese momento es en la influencia de Daniel. “Miguel era un subordinado, estaba por debajo de Daniel que era el que organizaba las estrategias, mientras Miguel actuaba como un operador político”, nos dijo el exconcejal Daniel Duque, que para ese momento, trabajaba en la unidad de apoyo de Yefferson Miranda, otro concejal del partido Verde con el que Quintero tuvo diferencias casi desde el primer momento de su paso por esa corporación. 

Una de las personas que trabajó con Miguel desde que asumió su curul nos dijo que era usual que, ante la duda en alguna decisión, el equipo acudiera a Daniel, incluso para dirimir desacuerdos con el propio concejal. “Cuando Daniel llegaba de Estado Unidos, eso era como si llegara el patrón. En esa oficina todo el mundo lo respetaba como jefe. Me acuerdo que era muy común que Miguel empezara una reunión con un: ‘Daniel dice…’ y todo el equipo se orientaba a hacer lo que Daniel dijera”.

Otra fuente que llegó pocos meses después a esa misma unidad de apoyo nos aseguró que Daniel Quintero también fue la persona que ideó el personaje que asumió Miguel durante buena parte de su periodo. “Daniel es más transaccional y Miguel es un bonachón. Es formal, carismático, intenta ser charro, es gordito y simpático, entonces Daniel pensó que era un buen producto”, nos dijo.

Si bien llegó al Concejo con el respaldo de la alianza que también llevó a Aníbal Gaviria a la Alcaldía y a Sergio Fajardo a la Gobernación —incluso ambos participaron en un evento de cierre de campaña en el que Miguel, Daniel y su equipo abrieron a martillazos algunas de sus alcancías— esas relaciones se rompieron pronto porque vieron una oportunidad política en asumir un rol de oposición. 

En 2011, pocos días antes de las elecciones, Aníbal Gaviria y Sergio Fajardo, entonces candidatos a la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia, acompañaron el cierre de campaña de Miguel Quintero. Su hermano Daniel también estuvo presente. Foto: redes de Miguel Quintero.  

“Miguel fue oposición a todo, al gobierno y dentro de su mismo partido. Pero era un payaso, era opositor porque sí, con intervenciones muy infantiles para generar indignación. Nada de rigurosidad, era simplemente un personaje muy performativo. Y ese performance de Miguel en campaña y luego en el Concejo se lo trasladó Daniel”, nos dijo otra persona que durante ese periodo siguió atentamente el funcionamiento del Concejo desde una veeduría ciudadana.

Ese, además, fue un periodo tenso por cuenta de varias iniciativas de la administración de Aníbal Gaviria que aprobó el Concejo de mayorías gobiernistas, pese a la movilización en contra de sectores de oposición. Entre ellas, algunas de las más importantes fueron la fusión de Une y Millicom, y un acuerdo que le daba facultades extraordinarias al alcalde para modificar la estructura del entonces municipio y crear el conglomerado público de la Alcaldía de Medellín.  

Miguel Quintero, entonces, se arrodilló ante sus compañeros concejales para suplicarles que no permitieran la venta de las acciones de Une. En otro debate que casi termina a los golpes le respondió con un “hágale que ahorita también lo atiendo” a otro concejal. Y sobre el final de su periodo profundizó la pelea con su propio partido, y en especial con el sector más cercano a Sergio Fajardo, cuando pidió ser avalado para aspirar a la Alcaldía. Finalmente, el fajardismo se impuso y el aval lo recibió Alonso Salazar.

En 2013, durante uno de los debates en el Concejo por el trámite de la fusión entre UNE y Millicom, Miguel Quintero se arrodilló ante los demás concejales para “suplicarles” que no permitieran la privatización de esa empresa. Foto: redes de Miguel Quintero. 

“Usó la fórmula de pido mucho para que me den poquito y por eso dijo que quería ser candidato a la Alcaldía, para buscar la cabeza de lista del Verde. Él ya venía de romper con Aníbal y de atacar a Fajardo, incluso le hizo un debate por los problemas de los colegios de calidad. Ellos vieron un potencial político muy fuerte para capitalizar ese tema y en el marco de eso nació lo del Partido del Tomate”, nos dijo otra fuente que estuvo en la unidad de apoyo de Miguel Quintero durante algunos meses, cuando ya terminaba su paso por el Concejo.

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El marrano se convirtió en tomate

En abril de 2013, un pequeño grupo de personas atacó con tomates y pintura una valla publicitaria ubicada en Medellín por el ex vicepresidente Francisco Santos, entonces precandidato presidencial del uribismo —hacía una comparación entre Pablo Escobar e Iván Márquez, que para ese momento era el jefe negociador de las Farc en el proceso de paz de La Habana—. Ese fue el primer episodio de un performance que se repitió durante varias semanas y con el que un grupo de activistas, liderado por Daniel Quintero, decía confrontar a la clase política tradicional. 

Aunque trataron de ponerle algún grado de misterio a la estrategia, en realidad esa fue la presentación en sociedad del Partido del Tomate. “Piensa Verde era el guion. Él [Daniel Quintero] siempre le vio potencial a la agenda ambiental y la fundación fue su vehículo para hacer precampaña, pero hizo cálculos y vio que no le daba para ser senador por el Liberal. Y entonces se inspiró en el partido de Beppe Grillo”, recuerda una persona que acompañó ese proceso y que también trabajó en el equipo de Miguel Quintero en el Concejo. 

Esa fuente se refiere al Movimiento 5 Estrellas, una agrupación política italiana que surgió en 2009 y que puede entenderse como uno de los antecedentes más claros de los movimientos políticos que surgieron de expresiones de protesta como la del 15-M en España y la Primavera Árabe. Tenían entre otros rasgos comunes, además del rechazo a los partidos tradicionales y a la corrupción, el uso de internet como plataforma de movilización y para generar golpes mediáticos. 

Aunque convocó a jóvenes en muchas regiones del país para lanzarles tomates a las fotos de los políticos mainstream de ese momento, ese partido —que nunca logró el estatus de partido— no pasó de los golpes mediáticos: el movimiento impulsado por Daniel Quintero recogió muchas más de las 50 mil firmas que necesitaba para inscribir una lista al Congreso en las elecciones de 2014, pero en medio de debates jurídicos y peleas con el CNE terminó renunciando a participar de las elecciones

“Fue un problema de cálculo y un error jurídico porque ellos inscribieron una lista provisional de candidatos, y luego no los dejaron modificarla para que Daniel fuera cabeza de lista. Entonces, aunque tenía la plata, decidió no pagar la póliza de seriedad”, dice la misma fuente que conoció de cerca la formación y la desaparición del Partido del Tomate. 

Y entonces Daniel Quintero, que cargaba ya con sus antecedentes en el partido Conservador, con el impulso que le había dado a su hermano Miguel para ser concejal por el Verde, con el paso fugaz por una fundación ambientalista que él mismo creó y con su intento de liderar una versión tropical de los indignados, aterrizó en el partido Liberal. 

“Miguel ya estaba en su tercer año como concejal y Daniel ya se había hecho muy visible con lo del Tomate. Muchos partidos lo buscaban para invitarlo a ser candidato y él, que ya era cercano a Simón Gaviria, terminó de candidato a la Cámara por Bogotá en la lista del Liberal”, recuerda esa misma fuente. Aunque se quemó, Daniel Quintero terminó nombrado en varias posiciones de poder en el segundo gobierno de Juan Manuel Santos y desde allí empezó a proyectar su candidatura a la Alcaldía de Medellín. 

Miguel, entretanto, terminó su periodo en el Concejo, parte de su equipo se fue a Bogotá a trabajar con su hermano Daniel y poco después, en 2016, fue nombrado director de Monitoreo, Evaluación y Banco de Proyectos en la Gobernación de Antioquia de Luis Pérez Gutiérrez. Estuvo en ese cargo hasta octubre de 2018, un año antes de las elecciones que llevaron a su hermano a la Alcaldía de Medellín. 

El puente con la política tradicional

En noviembre de 2019, Daniel Quintero convocó a medios de comunicación para anunciar cómo estaría conformado el comité que nombró para apoyar el empalme de su gobierno, recién elegido, con el del alcalde saliente, Federico Gutiérrez. Ese anuncio dejó una foto en la que junto a Quintero posaban, entre otras personas, Azucena Restrepo, presidenta de Proantioquia; Lina Vélez, directora ejecutiva de la Cámara de Comercio de Medellín; y Juan Luis Mejía, exrector de Eafit. 

Ese comité hacía improbable lo que pasó después: la ruptura de Quintero con un sector amplio del empresariado, con Eafit, con muchos medios de comunicación y, en general, con muchos de los actores que ejemplifican y defienden el “círculo virtuoso” de relaciones entre lo público y lo privado en Medellín. Pero en esa foto también estaba Miguel Quintero, a un costado, de jean y una camiseta polo por fuera del pantalón. 

Miguel participó en la campaña de su hermano, pero su rol no fue protagónico. Era claro que estaba, pero como en la foto, lo hizo a un costado y con su estilo. “Estuvo en la sombra, aparecía en algunos eventos, pero su tarea era hacer un puente con la política tradicional y sobre todo conseguir recursos. Si era una reunión para hablar de plata, Miguel iba”, nos dijo una persona que estuvo muy involucrada en esa campaña.

Esa misma fuente conoció a Miguel Quintero desde su paso por el Concejo y dice que lo recuerda “más marrullero que inteligente”, con capacidad para moverse “en cualquier agua política”, y que quizá por esa razón su hermano le delegó la tarea de relacionarse con políticos que contradecían las consignas de su campaña. “De eso no nos dimos cuenta muchas personas que se suponía estábamos en un lugar importante en la campaña. Y no lo sabíamos porque eso no funcionaba para la idea de que era un candidato alejado de la política tradicional. Él era el que recibía plata, buscaba concejales y hacía la relación política”, agrega. 

Ya con su hermano como alcalde, Miguel mantuvo un bajo perfil, por lo menos en público. Luego del empalme, y sobre todo en los primeros meses de gobierno, su nombre no figuró a pesar de la pelea entre Daniel Quintero y buena parte del establecimiento antioqueño que comenzó con la demanda a los contratistas de Hidroituango y después se intensificó. No obstante, en privado y para muchos funcionarios y contratistas de la Alcaldía de Medellín sí estaba clara su influencia, por ejemplo, en el Inder, la EDU, Metroparques y el Área Metropolitana

“Casi desde el principio se sabía que Miguel mandaba en el Área Metropolitana y en otras entidades. En el Área ponen a Juan David [Palacio], que es un tipo correcto, ordenado, inteligente… pero todo tenía que pasar por Miguel y Juan David hacía lo que ellos dijeran”, nos dijo una fuente que en ese momento era cercana a los Quintero y trabajó en varias dependencias, incluída el Área Metropolitana del Valle de Aburrá. 

Lo que pasó después está contado en la reconstrucción que varios medios han hecho sobre el proceso que avanza en la justicia: para la Fiscalía, Miguel Quintero y varios exfuncionarios del Área Metropolitana, entre las que figuran el director Palacio; Álvaro Villada, subdirector Administrativo y Financiero; y Diana Montoya, subdirectora Ambiental, participaron de un mecanismo corrupto que direccionaba contratos, cobraba comisiones y desviaba recursos.

Parte de las pruebas que figuran en ese proceso las reveló Noticias Caracol en octubre del año pasado. Son las conversaciones de un chat llamado “Amigos” en el que participan Miguel Quintero, Álvaro Villada y Sebastián Ortega, hijo de William Ortega, un viejo cacique político de Bello. Allí, de acuerdo con la Fiscalía, Quintero actuó como articulador de contratos irregulares entre 2020 y 2022 —los dos primeros años de la administración de su hermano— entre el Área Metropolitana y los bomberos de Itagüí. Las coimas, que según ese organismo se pagaron por esos contratos, superan los $3.000 millones. 

En el mismo chat envían hojas de vida y discuten la contratación de personal, incluso hablan de la necesidad de crear un “comité de contratación paralelo con abogados contratistas”. Es también en esos mensajes que Miguel envía un video en el que recorre un apartamento de 500 metros cuadrados en El Poblado que fue incautado a la mafia y que, para ese momento, en 2020, estaba en poder de la Sociedad de Activos Especiales. Les dice a sus amigos que “se lo entregaron”, que solo debe pagar la administración y los servicios, y que podría ser el espacio de sus reuniones. “Mejor dicho, ese apartamento ya es mío, pongámoslo así de esa manera”, dice. 

Luego compartió en el mismo chat una foto en ese apartamento junto a Jorge Liévano, entonces director de Metroparques, también imputado por corrupción, y destituido e inhabilitado por la Procuraduría. “Esperando las amiguitas en el jacuzzi”, les dice Quintero a sus amigos. 

A esa filtración de Noticias Caracol, que es la que ha mostrado las pruebas más sólidas sobre el funcionamiento de esa supuesta red de corrupción, le antecedieron y le han seguido otras. El 27 de julio el alcalde Federico Gutiérrez aseguró que el direccionamiento irregular de contratos durante la administración anterior habría superado un billón de pesos. Y en septiembre de 2025, aunque en medio de conjeturas y sin detalles sobre el contexto, El Colombiano reveló dos fotografías de Miguel Quintero en las que presume con un Rólex y un Ferrari. “Sería apenas una muestra del poder económico que acumuló durante la alcaldía de su hermano”, dice el informe. 

En su defensa, Daniel Quintero dijo que el reloj es chiviado, que la foto del carro es de 2019, antes de que él fuera alcalde, y que se la tomó por “un vicio de montañero que tenía de tomarse fotos cada vez que le mostraban un carro bonito”. 

Hoy, de acuerdo con los registros oficiales de la Superintendencia de Notariado, Miguel Quintero tiene a su nombre una finca en Girardota, un apartamento en El Poblado y un lote en Rionegro. No son las propiedades de un magnate que anda en Ferrari, pero están aún más lejos de ser el patrimonio —declarado—  de alguien en condición de vulnerabilidad. 

Eso es importante porque según registros oficiales que conoció El Armadillo, en mayo de 2025 el Sisbén clasificó a Quintero en el grupo C10, eso significa que formalmente, para el Estado colombiano, Miguel el exconcejal, el exfuncionario, el operador político, el procesado por corrupción que decía ser el dueño de un penthouse de la mafia hace parte de la población vulnerable “en riesgo de caer en pobreza”. 


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