El “mico” legislativo que se volvió un comodín de medios y políticos

Por El Armadillo

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8 de mayo de 2024

Aunque el concepto nació en el Congreso para nombrar cambios clandestinos y de última hora, su uso se extendió para alertar asuntos problemáticos o para criticar artículos de los proyectos de ley. Así se puede sortear el uso de este primate en la terminología animalesca de la política colombiana.


Dicen los primatólogos que, después de Brasil y Perú, Colombia es el tercer país de América Latina con más especies de primates. Son 38 conocidas y gran parte de ellas están amenazadas por la deforestación.

Pero en Colombia hay otra especie de simio que no está en las guías de biología y que se popularizó desde hace décadas: el mico legal o legislativo. Tiene la particularidad de que creció (y mutó) lejos de los bosques nativos, en el singular ecosistema del Congreso de la República.

Cuenta el senador Humberto de La Calle que los primeros vestigios de micos en el Congreso datan de los años sesenta. Uno de los especialistas de la época en “deslizar el animalito” era el exsenador liberal Norberto Morales Ballesteros para intentar pasar sobre la hora el alza de los sueldos parlamentarios.

“Originalmente el mico era como una figurita que aparecía súbitamente en el transcurso de la discusión de una ley, generalmente en horas de la madrugada, cuando todo el mundo estaba desprevenido. Cambiaba pequeñeces o incluso algunas cosas de trascendencia. Si uno pudiera visualizar la idea, era un pequeño miquito que se deslizaba en los renglones del proyecto de ley”, recuerda De la Calle.

Esa misma noción del concepto original de mico la comparte Beatriz Helena Gil, coordinadora del programa Congreso Visible de la Universidad de los Andes: “Desde hace mucho tiempo en el Congreso y en los medios de comunicación se utiliza la expresión para indicar que metieron algún asunto o modificaron un artículo con temáticas diferentes a las que venía el proyecto de ley. Eso sí es un mico: cuando insertan temáticas que no tienen que ver con la discusión”.

Gil explica, además, que es apenas normal que un proyecto de ley se modifique en su trámite por el Congreso. “Es una negociación pero no en términos transaccionales de qué me das, sino que se está acordando cómo va a quedar un texto entre muchas posturas, puntos de vista e ideologías diferentes”. Por eso, en el trámite de cualquier proyecto, el texto cambia respecto a la versión original. “No todo artículo nuevo que un congresista presente es un mico”, advierte la coordinadora de Congreso Visible.

Mutación peligrosa

Aunque el mico legislativo nació con esas características puntuales que ya explicaron De la Calle y Gil, su uso se extendió, quizás por lo efectista que resulta, entre políticos y medios de comunicación. En vez de señalar la intención de colgar artículos que no tienen que ver con el tema central de un proyecto, ahora también se usa como un lugar común para señalar aquello que se considera problemático o cuestionable.

Lo explica mejor Humberto de la Calle: “Ese miquito ha perdido esa característica casi risueña y viene ganando una acepción distinta. Ahora cada que un congresista está en desacuerdo con una norma dice que es un mico, sin que lo sea. Muchas veces hay posturas que pueden ser criticables, pero que surgen espontáneamente en una discusión racional. Mico ahora no es ese pequeño animalito que se desliza, sino un argumento contra una postura que alguien no comparte”.

Por ejemplo, este artículo de El Colombiano del 8 de febrero de 2023 hace un análisis sobre la propuesta original del Plan Nacional de Desarrollo del presidente Gustavo Petro y habla de micos aunque ese proyecto aún no empezaba su trámite en el Congreso.

Esos micos también han ido creciendo en tamaño entre titulares de prensa y alertas de congresistas y otras subespecies de burócratas. Pasó de ser mico a orangután, gorila y hasta King Kong, el personaje ficticio de los años 30 inmortalizado en el cine gringo.

Más allá del tamaño del mico, Beatriz Gil, de Congreso Visible, señala que a su juicio lo importante para conservar el sentido original del término es que si hay cambio en el proyecto original “se refiera a temas que no han sido previamente discutidos, que no tengan que ver con la temática de la iniciativa en cuestión y que tergiversen la intención inicial del legislador”.

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