Tanto el alcalde Federico Gutiérrez como el gobernador Andrés Julián Rendón han dedicado buena parte de sus gobiernos a oponerse a Gustavo Petro. La recta final de sus mandatos estará marcada por la afiliación al nuevo Gobierno nacional y por una muy posible participación burocrática que empezará a decantar el partidor para las elecciones regionales del 2027.
Foto: de izquierda a derecha, el representante electo Simón Molina; el expresidente Álvaro Uribe; el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón; el presidente electo, Abelardo De la Espriella; el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez; Jaime Uribe, coordinador de campaña de De la Espriella en Antioquia; Luis Guillermo Patiño, representante electo de Creemos.
Poco antes de las 5:30 de la tarde del domingo 21 de junio muchos barrios de Medellín empezaron a sonar a final de fútbol: vuvuzelas, caravanas, pitos de carros y motos, y gente que gritaba en la calle o desde las ventanas para celebrar que, por un estrecho margen, el preconteo de la segunda vuelta presidencial le dio la Presidencia de Colombia a Abelardo De la Espriella.
Con el 99,9 % de las mesas informadas, el ahora presidente electo —a falta del escrutinio que oficializa los resultados— llegó a 12.959.542 (49,66 %) votos frente a los 12.708.712 (48,70 %) de Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico. Esa diferencia de poco más de 250 mil votos y de menos del 1 % describe la elección más cerrada desde hace más de seis décadas. Es, además, la primera vez que un candidato se convierte en presidente con menos del 50 % de los votos desde que existe la segunda vuelta, que fue creada por la Constitución de 1991 y se estrenó en las elecciones del 94.
Pero al cerrar el foco en Antioquia, los resultados son muy distintos: Abelardo De la Espriella, con 2.185.834 votos (64,42 %) le ganó por 31 puntos porcentuales a Iván Cepeda, que obtuvo 1.133.681 votos (33,41 %). Esa diferencia, en un departamento que tiene el mayor potencial electoral del país después de Bogotá, explica la importancia que tuvo esta región del país en la elección presidencial.
Esa idea no es una novedad; la recogen muchos análisis e incluso consignas enfrentadas: en 2022, la campaña de Gustavo Petro acuñó el “si Antioquia cambia, Colombia cambia”. Y ahora, la de Abelardo De la Espriella hizo propia otra que comparten el gobernador Andrés Julián Rendón y el alcalde Federico Gutiérrez: “Si Antioquia resiste, Colombia se salva”.
Esa frase fue el estribillo que acompañó la construcción de ambos, alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia, como líderes de la oposición contra el gobierno Petro. Junto a ellos, buena parte de la clase política y empresarial antioqueña se alineó en esa postura: primero para hacerle frente al Gobierno y después para evitar que Cepeda fuera presidente.
Por eso, uno de los hechos políticos más importantes que deja para esta zona del país la elección de De la Espriella es el tránsito de la oposición al gobierno que empezará a recorrer el establecimiento antioqueño. Analizamos esa y otras cuatro claves que deja la segunda vuelta presidencial para el departamento.
Gutiérrez y Rendón ya no son jefes de la oposición
«Antioquia resistió y Colombia se salvó”, escribió a las 5:30 de la tarde del domingo el gobernador Andrés Julián Rendón para celebrar el resultado electoral. Fue la primera vez en la que conjugó en pasado esa consigna que usó en su campaña y durante los dos años largos que lleva de gobierno.
Ese rol de oposición quedó muy claro en una de las primeras declaraciones oficiales de Gutiérrez y Rendón al asumir sus cargos el 1 de enero de 2024. “Desde Antioquia nos pondremos de frente a un Petro que odia a los antioqueños (…) no nos castigue por representar la oposición política en Colombia, no castigue a Medellín y Antioquia por representar unos ideales diferentes a los suyos”, afirmó Gutiérrez ese día.
Desde entonces, la confrontación pasó a ser un elemento estructural en su discurso, con varios puntos de quiebre público como el de en marzo de 2024, cuando Rendón lanzó una «vaca» para recaudar fondos para vías 4G, iniciativa que Petro exigió detener en una disputa mediática que se extendió durante meses; o el de junio de 2025, cuando en un evento en La Alpujarra Petro compartió tarima con jefes de estructuras armadas, mezcló insinuaciones de corrupción contra la clase política antioqueña y acusaciones de influencias indebidas en la justicia; mientras Rendón y Gutiérrez lo señalaban de favorecer a bandas criminales por las conversaciones de su gobierno con voceros criminales en la cárcel de Itagüí.
Con ese escenario, la elección presidencial era prioridad para los mandatarios locales, ambos a la derecha en el espectro político. “El gobernador estaba en una situación difícil, porque debía mantener lealtad en público a la candidata de su partido, Paloma Valencia. Pero él mismo nos dijo hace mucho tiempo: lo importante aquí es que no haya continuidad de Petro”, nos contó una fuente cercana al gabinete departamental que pidió omitir su nombre.
Por el lado de la Alcaldía, la posición fue más frontal: a finales de enero de 2026, Creemos fue uno de los primeros grupos políticos en oficializar su apoyo a la campaña de De la Espriella, y desde la campaña al Congreso empezó a usar elementos publicitarios con una estética similar a la de la administración municipal, como colores similares e incluso el juego de palabras «Yo me identiFICO». Gutiérrez evadió responder directamente sobre su injerencia y, cuando fue cuestionado sobre el uso de su imagen, se escudó en que no podía hablar de política, desvió las preguntas y aseguró a través de su oficina de comunicaciones que su única instrucción había sido «actuar con absoluta transparencia» y dedicarse a gobernar.
Si bien ni Gutiérrez ni Rendón participaron en actos de campaña, pues la ley se los prohíbe expresamente, su presencia fue constante a través de aliados políticos y de pronunciamientos públicos. De la Espriella utilizó permanentemente la figura de Gutiérrez en sus actos públicos, afirmando que «Colombia tiene una deuda con Fico» y que la manera de saldarla era votar por sus candidatos al Congreso y luego por por él mismo; mientras tanto, figuras muy cercanas al alcalde, entre ellas su hermana, Juliana Gutiérrez, acompañaron varios actos de campaña en Medellín y otras regiones del país. .
Como contamos en marzo de este año, desde la institucionalidad local también se desplegó una agresiva y millonaria campaña digital que incluyó más de 12 páginas en Facebook e Instagram (con nombres como «El Tigre es Creemos» o «Fico y Abelardo son Creemos») que, en menos de un mes, gastaron más de $460 millones en pauta publicitaria para asociar la imagen del alcalde Gutiérrez con las listas de Creemos y la candidatura de De la Espriella.
(Vea también: La red digital y las listas de votantes que circulan en la Alcaldía de Medellín para impulsar la campaña de Creemos)
Tras conocerse los resultados del domingo, Gutiérrez y Rendón felicitaron a De la Espriella por su elección y declararon su disposición a trabajar juntos. “Desde Medellín estamos listos y dispuestos a trabajar con Abelardo como presidente (…) para seguir sacando a Colombia adelante desde las regiones”, dijo Gutiérrez. Rendón, además, aprovechó para enviar peticiones puntuales al nuevo gobierno en materia de seguridad, salud, energía y descentralización, y para posicionar aún más su discurso anti izquierda: “En esta tierra no pega el comunismo (…) Antioquia está lista para trabajar de manera coordinada con el Gobierno nacional: será más fácil sacar adelante a Colombia con el concurso de sus regiones”.
Más allá de la retórica de la descentralización, la consolidación de este bloque político entre el poder local y nacional también abre un debate de fondo sobre la democracia. Como explica Zaira Agudelo, coordinadora del pregrado en Ciencia Política de la Universidad de Antioquia, en los últimos tres años el apoyo a la democracia se ha reducido en América Latina y “viene aumentando esa línea que dice que a los ciudadanos les da lo mismo si hay una forma de gobierno autoritaria o democrática”, dijo. En ese sentido, los discursos de defensa de la institucionalidad que abanderaron los grupos políticos de Rendón y Gutiérrez, se pondrán a prueba en lo que les resta de mandato.
En medio de todo eso, la gestión de la Gobernación y la Alcaldía entra en su recta final. A finales de 2025, tanto Rendón como Gutiérrez reportaron avances de más del 50 % de ejecución en sus planes de desarrollo, pero con atrasos importantes en la ejecución de varios proyectos. Por el lado de la Alcaldía, los mayores rezagos estuvieron en iniciativas como el Laboratorio Global del Aprendizaje, los megacolegios, los jardines Infantiles, los parques barriales y equipamientos de seguridad (como el C5 y la Estación de Policía El Poblado), donde el avance constructivo es nulo o incipiente. También se reportaron retrasos en la asignación de subsidios de vivienda, estancamientos en programas productivos para mujeres rurales, retrasos en la formulación de políticas públicas (Juventud y Afrodescendiente) y demoras en la adopción del Plan de Ordenamiento Territorial (POT).
Por el lado de la Gobernación, los mayores rezagos se reportaron en el proyecto de infraestructuras deportivas que tiene 0% de ejecución, al igual que la escuela digital de artes y oficios. Además, se reportó el estancamiento de proyectos como el alumbrado público rural y retos como el de hacer frente al aumento de 144% en las barreras de acceso a la salud.
“Vamos a ver qué tanto se puede lograr. Sabemos que con De la Espriella hay una línea directa, pero sus propuestas puntuales para los temas en los que tenemos más retos, como salud y educación, no están muy avanzadas. Amanecerá y veremos”, dijo otra fuente cercana al gabinete de la Alcaldía que también nos pidió no mencionar su nombre.
El empresariado se vistió de rayas
24 horas antes de la segunda vuelta presidencial, Camacol Antioquia, el gremio que reúne a las empresas de la construcción, publicó en su cuenta de Instagram un video —hecho en su mayoría con inteligencia artificial— en el que declaró su respaldo a la candidatura de Abelardo De la Espriella.
No menciona su nombre, pero entre las imágenes fabricadas aparece un tarjetón marcado por el ahora presidente electo; un equipo de fútbol con camisetas de la selección Colombia estampadas con un tigre; y dos manos que chocan sus puños mientras cada una lleva en sus muñecas una manilla grande, también, con su respectivo tigre.
Antes de la primera vuelta, ese gremio ya había hecho pública su posición: “Ojo… cuando vaya a elegir camino, elija el de la derecha. Este 31 de mayo vote bien”, publicó en una pieza de Instagram a mediados de abril. Lo de Camacol ejemplifica una movida mucho más amplia de muchos gremios y empresarios antioqueños que decidieron jugarse de frente en esta elección.
(Vea también: La apuesta del empresariado antioqueño para las presidenciales está al fondo a la derecha)
Si bien parte de ese mismo empresariado ha sido financiador de campañas de tiempo atrás y por medio de diferentes estrategias ha promovido personas y proyectos políticos, no era usual el posicionamiento público a favor de candidaturas. Tampoco los mensajes que sin mencionar abiertamente nombres, exponen de forma cada vez menos soterrada sus posicionamientos ideológicos.
Por ejemplo, como publicamos en mayo, Fenalco Antioquia promovió lo que denominó el Plan Democracia, que además de algunos recursos comunicativos para redes y de acciones para promover el voto, incluyó el llamado a los empresarios para que asumiera una posición activa en el las elecciones: “Tu empresa también vota, no en las urnas, pero sí en las decisiones que toma el país. Porque cada decisión impacta directamente el empleo formal, el comercio y el crecimiento empresarial. Tus elecciones definen cómo tu empresa opera, compite y crece”, dice una carta que María José Bernal, directora de ese gremio en el departamento, envió a sus afiliados en febrero.
El mismo plan incluyó una oferta de espacios formativos para las empresas que, según Fenalco, ofrecía “criterios objetivos de análisis electoral”. Aunque ese gremio negó que estuviera promoviendo una campaña en específico, sus aliados en esas capacitaciones fueron Libertank —una organización libertaria de la que hizo parte Bernal— y el Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózoga. Ambas organizaciones jugadas a favor de los postulados De la Espriella.
Entretanto, Proantioquia, la fundación que reúne a buena parte de la élite empresarial del departamento, lo hizo a su manera. El pasado 18 de junio, a tres días de la segunda vuelta presidencial, publicó un video con un discurso que se centra en varias premisas que son muy usuales para esa organización: el respeto por la democracia, las instituciones, el orden constitucional y el voto libre.
Y aunque esos principios —su reconocimiento o desconocimiento— difícilmente puedan asociarse de forma absoluta con un sector político en particular, el elenco del video dice más que las palabras. Son seis personas que desfilan en orden frente a la cámara: el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán; el de Medellín, Federico Gutiérrez; el de Barranquilla, Alejandro Char; el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón; el constitucionalista Mauricio Gaona —opinador de cabecera de sectores de derecha—; y Juliana Velásquez, directora ejecutiva de Proantioquia.
“El respeto a nuestras instituciones empieza por quienes las representan. Esa es la base de nuestra tradición institucional y democrática, de nuestra vida en común y de nuestro futuro. Cuidarlas no es una opción, es una responsabilidad de todos”, dice Velásquez en la última intervención, que funciona como una especie de colofón.
El viernes 19 de junio le preguntamos a Velásquez si la elección de esas personas, todas en abierta oposición al gobierno Petro y muchas de ellas integrantes de agrupaciones políticas que adhirieron a la campaña de De la Espriella —el clan Char, Creemos y el Centro Democrático— representaba un respaldo de Proantioquia a esa candidatura. “Para nada —nos respondió—. Nosotros no somos una organización partidista, somos una fundación de carácter privado que no somos ni centro de pensamiento ni gremio, pero sí somos un actor público. Nosotros nunca vamos a salir a apoyar a ningún candidato y somos absolutamente institucionalistas. Es decir, con el que quede trabajaremos como lo hemos hecho los últimos 51 años”.
La izquierda creció más que la derecha
Envejeció mal la arenga de la senadora electa Carolina Corcho el 28 de marzo en el parque San Antonio. Allí le pidió a los simpatizantes que fueron a escuchar al candidato Iván Cepeda que le dieran más de un millón de votos para ganar en primera vuelta. El resultado del 31 de mayo (805.652 votos) estuvo lejos de la aspiración de Corcho y de las proyecciones internas de la campaña.
Pero en la segunda vuelta de este domingo sí llegaron a esa cifra: Cepeda logró 1.133.681 votos en el departamento. Antes de la jornada consultamos a una fuente del Pacto Histórico que conocía las cuentas internas de la campaña: “La votación puede llegar, máximo, a 1,2 millones de votos”, nos dijo. Agregó que el mínimo de esta proyección “realista” era un millón de votos, tras reconocer que en primera vuelta a la izquierda en Antioquia le fue “muy mal”.
(Lee también: “No vine a retractarme”: Cepeda se ratifica y el Pacto Histórico le apuesta al millón de votos en Antioquia)
Según esa misma fuente del Pacto, que dijo que estaban “muy preocupados” con los resultados y que pesaron los errores de primera vuelta, también pesó “el haber dejado la campaña para última hora”. Sin embargo, la izquierda antioqueña puede optar por ver el vaso medio lleno tras la derrota, pues creció más que la derecha entre la primera y la segunda vuelta.

Los datos del preconteo muestran que Iván Cepeda creció 328.029 votos entre el 31 de mayo y el 21 de junio en el departamento. Esto significa un aumento de 40,7 %. Es prácticamente el mismo crecimiento que tuvo en la capital. La diferencia en Medellín fue de 121.110 votos, es decir, 40,3 % más que en la primera vuelta.
Ese crecimiento incluso llega a duplicar, por lo menos porcentualmente, el que tuvo De la Espriella en Medellín y Antioquia. Para el caso del departamento, el ahora presidente electo obtuvo 462.428 votos adicionales, que representan un 26,8 % más. Mientras tanto, en la ciudad aumentó su votación en 21,1 %, al obtener 142.927 votos adicionales.
Así como las proyecciones de la izquierda acertaron esta vez, también lo hicieron las de la derecha. Mauricio Tobón, uno de los líderes de la campaña de De la Espriella, nos había dicho que su cálculo era sacar 2,1 millones de votos, como en efecto ocurrió; e Iván Cepeda un millón de votos, un poco menos de lo que en realidad sacó.
El centro se atomizó y Fajardo hizo un Fajardo
Aunque no es posible establecer con certeza en qué proporción y hacia dónde se movió el millón de votos que recibió Sergio Fajardo en la primera vuelta, lo que parece obvio es que ese electorado se dividió entre todas las opciones: De la Espriella, Cepeda, el voto en blanco e incluso la abstención.
En la noche del 31 de mayo, en sus primeras declaraciones luego de que se conocieron los resultados, Fajardo dijo que no se iba a resignar a mirar una confrontación: “Vamos a ser protagonistas de lo que falta en estas elecciones (…) este millón de votos vale mucho para nuestro país”.
Pero eso, que anticipaba una toma de postura a favor de alguna de las candidaturas que pasaron a segunda vuelta, se diluyó pronto. El 3 de junio el exalcalde de Medellín publicó lo que llamó el “Decálogo del millón de votos”, un documento en el que habló, entre otras cosas, de la necesidad de ponerle fin a “la polarización y el odio”, de que no sea promovida una asamblea constituyente, de garantizar y profundizar derechos, y de terminar la “paz total”.
El viernes 19 de junio, a dos días de la segunda vuelta, buscamos a Fajardo y le preguntamos si votaría por Cepeda o De la Espriella o si votaría en blanco. Nos respondió con un comunicado que publicó en sus redes minutos después.
Allí hizo su propia lectura sobre la campaña: dijo que Colombia llegaría a las urnas llena de “miedos y rabias”, que “peor imposible” y que no se sabe lo que pasará a partir de este lunes. Dijo que los votos no son de un líder sino de los electores, que está dispuesto a “tender puentes”, recordó su decálogo y convocó a las personas “sensatas” de cada campaña para impedir que el país dé “el paso que falta para la destrucción”.
Entonces, le insistimos: “¿Va a votar por alguno de los dos candidatos o cuál será su decisión para el domingo?”. “Ahí [en el comunicado] está mi posición”, nos dijo.
La postura de Fajardo, sin embargo, no representa a todo el espectro del centro político que, pese a los análisis que lo invisibilizan, se cotizó por cuenta de ese millón de votos, pero también por los que pusieron, en lados opuestos, Claudia López a nombre propio y Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial de la —muy a la derecha— Paloma Valencia.
“Contrario a la gente que indica que el centro no existe, yo creo que el centro existe y que es producto de las transformaciones de nuestro sistema de partidos”, dice Zaira Agudelo. Para explicarlo, retoma una idea muy extendida en la Ciencia Política y que sostiene, en síntesis, que en muchos países y en distintos momentos, algunos de los partidos políticos más fuertes se debilitaron para abrirle paso a “vehículos electorales de líderes personalistas”.
En Colombia, dice Agudelo, eso generó entre otros cambios el surgimiento de colectividades que agruparon a personas que venían de partidos tradicionales, de los movimientos étnicos, de las izquierdas y de un espectro muy amplio de liderazgos de diferentes tendencias. Y eso incluye la aparición de líderes y movimientos políticos de centro.
Sobre su rol del centro esta campaña, la coordinadora del programa en Ciencia Política de la UdeA divide su respuesta en dos momentos. “Hay un centro que es importante para promover discusiones que parecen anclarse en el espectro de la derecha o de la izquierda, pero que no están ahí del todo. Pusieron matices y grises importantes en la primera vuelta en aspectos como los derechos LGBTI, las mujeres o la constituyente. Pero en la segunda vuelta ese rol no podía limitarse a esa postura porque en la defensa de la democracia no bastan esos matices cuando nos enfrentamos a dos posturas: una agenda de derecha no democrática; y otra progresista que, aún y con fallos, casos de corrupción o ineficiencia lo que expresaba es la defensa de principios, valores y derechos de democracia sustantiva”.
La atomización del voto de centro lo exponen algunas figuras políticas antioqueñas que se reconocen en ese lugar del espectro. Por ejemplo, el representante a la Cámara Daniel Carvalho —que quiere ser candidato a la Alcaldía de Medellín—, anunció desde el 16 de junio su decisión de votar en blanco. Entre tanto, Camilo Calle, diputado de la Alianza Verde, nos anunció desde el sábado su voto por Iván Cepeda: “Mi voto será por Iván sin ningún lugar a dudas y me siento muy orgulloso de poder anunciarlo sin ningún tipo de temor. No me alcanzan los errores de Petro para irme a votar por una opción de ultraderecha que promete vulnerar derechos humanos”, nos respondió.
También buscamos al diputado Luis Peláez, de Dignidad y Compromiso, pero aunque conversamos con él nos aseguró que no se sentía con las condiciones de seguridad para anunciar su voto. Horas antes de esa comunicación, el exgerente del Idea Mauricio Tobón, muy cercano a Luis Pérez, y quien desde hace meses hacía campaña en Antioquia por De la Espriella, publicó un trino, con una foto de Peláez, en el que dijo que el diputado era el “responsable de la estrategia de infiltrar la izquierda en el empresariado antioqueño y buscar su posicionamiento de cara a las elecciones regionales del 2027”.
Tobón es, además, uno de los fundadores de Minuto 30, un medio de comunicación digital que, como contamos en esta historia de 2022, fue uno de los más beneficiados con recursos públicos para pauta publicitaria durante la alcaldía de Daniel Quintero.
Un dato final enmarca la ausencia de representación de un pequeño sector del electorado frente a las candidaturas de De la Espriella y Cepeda: el voto en blanco en Antioquia fue el 2,16 % (73.530 votos), levemente por encima del 1,63 % (426.848 votos) nacional.
Empieza la campaña del 27
Pese a las pocas proclamaciones oficiales de candidaturas a la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia que van hasta el momento, lo que empieza a configurarse tras la elección de Abelardo De la Espriella es un nuevo juego de poderes y contrapoderes en el departamento.
Como decíamos antes, el sector político que durante los últimos años representaron Andrés Julián Rendón y Federico Gutiérrez dejará de actuar desde la oposición para hacerlo ahora en alianza con el Gobierno nacional. Por tanto, los discursos de campaña de las candidaturas que surjan de esos sectores seguramente ya no tendrán como “caballito de batalla” la confrontación con la izquierda.
Pero hay otro factor que se debe considerar: las disputas internas por la representación de los partidos y movimientos que apoyaron a De la Espriella y, muy concretamente, por los avales. En eso será central lo que ocurra con Creemos que, pese a que puso dos representantes a la Cámara, se quemó con su lista al Senado, no tiene personería jurídica y tendría que inscribir sus candidaturas por firmas o en alianza con algún partido político.
Por el lado del Centro Democrático (CD), las fuerzas tendrán que reorganizarse, pues si bien muchos de sus militantes estuvieron desde hace meses jugados por De la Espriella y el oficialismo de ese partido aterrizó de inmediato en esa campaña tras la primera vuelta, la fallida candidatura de Paloma Valencia dejó múltiples consecuencias.
Una de ellas es que si bien el CD será un aliado fundamental del nuevo gobierno, varios partidos, movimientos y figuras políticas se perfilan por delante en la lista de prioridades de De la Espriella. De esa lista hacen parte, por ejemplo, Salvación Nacional, Creemos, o el clan Char, que apoyaron abiertamente esa campaña desde hace varios meses. Otra de esas consecuencias, muy conectada con lo anterior, tiene que ver con las fracturas que dejó la elección de Valencia como candidata.
Una de esas peleas internas en el uribismo toca de forma muy directa a Antioquia: el pasado 19 de junio, Paola Holguín renunció al CD y a su curul en el Senado. La exsenadora, que también fue precandidata presidencial por ese partido y pese a los acuerdos internos no hizo campaña por Valencia, dijo en una entrevista que su silencio durante la primera vuelta fue “una forma de lealtad y generosidad”, pero para la segunda estuvo muy activa en la campaña de De la Espriella. Su renuncia hace muy probable una aspiración suya por otra colectividad en las elecciones del próximo año.
Ese panorama también deja en un escenario muy incierto una eventual candidatura de Aníbal Gaviria. El exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia de origen liberal cerró en 2023 su periodo como gobernador ejerciendo también una oposición frontal contra el gobierno Petro. Fue séptimo entre nueve candidatos en la llamada “Gran Consulta por Colombia” que ganó Paloma Valencia y pese a las críticas que hizo sobre De la Espriella en campaña, terminó moderando su tono hacia el ahora presidente electo y en algunos círculos políticos se da como un hecho que busque un espacio en el oficialismo.
En la izquierda, entre tanto, la pregunta es sobre quiénes podrían capitalizar el millón 100 mil votos de Iván Cepeda en Antioquia. En esto será clave lo que ocurra con Daniel Quintero —que pese a su resistencia en un sector amplio del Pacto Histórico fue reencauchado por el presidente Petro en la Supersalud—. Pero también los movimientos de figuras como Carolina Corcho, Isabel Zuleta, Alejandro Toro, Hernán Muriel y toda la bancada antioqueña en el Congreso.
Otra figura que puede ser importante en ese sector político es León Fredy Muñoz, que el 11 de junio renunció al Senado y a la Alianza Verde. En círculos cercanos al exembajador en Nicaragua del gobierno Petro, que se quemó en su intención de repetir curul, ha empezado a circular la idea de que también sería candidato en el 27.
El centro, por su parte, llegará con la dificultad de hacerse a un lugar en medio de la confrontación entre derecha e izquierda. Pero además tendrá que cargar con el peso de que algunas de sus figuras más visibles votaron en blanco o se abstuvieron de apoyar a alguna de las dos candidaturas para segunda vuelta. Ese es el caso de Daniel Carvalho que, como decíamos antes, quiere ser candidato a la Alcaldía de Medellín. Aunque no es posible calcular una transferencia directa, la cifra del voto en blanco en Medellín (2,35 %) sí expone cuál es la pequeña fracción del electorado que votó de esa forma.




